Los deberes logísticos de Galicia

A diferencia de España, que a lo largo de los últimos años ha ganado competitividad en este ámbito, la comunidad tiene varios retos pendientes, muy vinculados a la conectividad marítima de los puertos y a la apuesta decidida por una disciplina vital para el desarrollo económico de cualquier territorio. Abordarlos ha de convertirse en una prioridad de cara al futuro inmediato.


Catedrático de Economía Aplicada de la UdC

La logística está vinculada con los medios de transporte que gestionan los tráficos de los productos en los espacios internacionales. Se preocupa de la organización de los flujos y de la información en lo tocante a las relaciones comerciales. Dicho de otro modo, hace referencia a las funciones que se ocupan de planificar, implementar y controlar el flujo eficiente y eficaz de servicios, información y bienes entre el punto de origen y el de consumo. La gestión de la logística es, por tanto, una parte de la gestión de las cadenas de suministro que abarca el aprovisionamiento, la planificación, la programación de los productos, el empaquetamiento, el montaje y el servicio al cliente.

Una definición académica adoptaría la siguiente forma: «Disciplina de carácter eminentemente técnica que engloba e integra la planificación, la gestión, el seguimiento, el control y la mejora continua del flujo de materias primas, componentes y productos terminados desde los proveedores de la empresa hasta el cliente, al que se vende sus productos». De ahí que la logística sea una herramienta de management que permite dirigir los cambios tanto estructurales como culturales de las empresas, incrementando la competitividad y la rentabilidad; a la vez que permite a las empresas ofrecer al cliente un elevado nivel de calidad tanto del producto como del servicio, al coste más bajo posible.

En este sentido, la logística es una actividad que combina orientaciones productivas como acciones de márketing. Y permite a las empresas actuar con éxito en tres ejes fundamentales y relacionados entre sí: mejorar el servicio a los clientes tanto internos como externos en orden a conseguir la mayor satisfacción, optimizar las relaciones con los proveedores y mejorar de manera permanente la mayor calidad posible a todos los procesos de aprovisionamiento, producción, distribución, mantenimiento y servicios postventa de las empresas.

El Banco Mundial hizo públicos, recientemente, los resultados que miden el desempeño logístico de los países. Destacan dos aspectos del mismo. El primero hace referencia al incremento de la brecha logística entre los países más y menos desarrollados. Este rasgo pone de manifiesto la posible quiebra de los flujos de comercio mundial, acentuando su volatilidad. Si no se pudiera corregir tal desequilibrio, habría un amplio desajuste del comercio, paralizando una mayor integración de los flujos y agigantando una nueva polarización de la competitividad y de los espacios geográficos, aumentando la marginación de algunos países. Estas circunstancias podrían sesgar el fomento y la eficiencia de las cadenas logísticas globales. El segundo aspecto es que Europa mantiene la primera posición en el Índice de Desempeño Logístico, mostrando grandes avances en lo que se refiere a la calidad de las infraestructuras; al alto nivel de la competencia logística; a los resultados en materia aduanera y en lo que atañe a los envíos internacionales.

Es de destacar la ganancia de competitividad de España. Nuestro país mejora ocho puestos en el ránking mundial logístico a lo largo del periodo 2010/2018, para situarse en el puesto 17 de un total de 160 países. ¿Qué significa esta ganancia? Una mejora ostensible para nuestro comercio exterior y el afianzamiento internacional de nuestro país. Los estados próximos al nuestro también han apostado por mejorar y aumentar su potencial competitivo. Ocho países europeos se sitúan entre los diez primeros del mundo. Alemania mantiene el primer puesto; al que le siguen Suecia (2º); Bélgica (3º); Austria (4º); Países Bajos (6º); Dinamarca (8º); Reino Unido (9º) y Finlandia (10º); existiendo una segunda corona, formada por Suiza (13º), Francia (16º), España (17º) e Italia (19º).

Asimismo, España mejora en cinco de los seis rasgos que integran el mencionado Índice de Desempeño Logístico. Nuestro país avanza en lo que se refiere a los rasgos inherentes a los ámbitos de las aduanas (mejora cinco puestos); en las infraestructuras (seis lugares); en los envíos internacionales (aumento de 32 puestos); en la calidad de los servicios logísticos (seis puestos) y en lo que atañe a las entregas a tiempo (mejora una plaza). En sentido contrario, solo se empeora en el seguimiento de los envíos, o sea, el trucking/tracing, en el que retrocedemos tres lugares en el ránking mundial. Tales mejoras hacen ver que los esfuerzos tanto gubernamentales como los procedentes de la iniciativa privada han dado resultados positivos. Con ello, se facilita situar a las empresas españolas en un buen posicionamiento internacional, dentro de las cadenas de suministro globales y asegurando fluidez en lo tocante a los flujos de materiales, de recursos y de información.

Intensidad logística

Complementariamente a esta información está la correlación existente entre ese índice y el correspondiente a la conectividad marítima, que elabora anualmente la Unctad. En el caso de España es relevante, pues nuestra intensidad logística está ligada al mundo marítimo (con una cuota del 49 %). Atendiendo a dicha ratio de conectividad marítima, España también ha mejorado muy ostensiblemente su puntuación desde el 2006, ganando alrededor de 14 puntos en el mencionado índice y mejorando cinco puestos en el ránking mundial. En la actualidad se sitúa en el décimo puesto, detrás de China, Singapur y República de Corea, que lo encabezan. España es el quinto país europeo, tras Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Bélgica, pero por delante de Francia, Italia o Portugal.

Los estudios en España tanto a nivel logístico como sobre conectividad marítima están muy desarrollados. Hay abundantes trabajos y nuestros expertos están reconocidos internacionalmente. No obstante, nos falta por implementar algunas estrategias autonómicas que permitan impulsar los movimientos de mercancías dentro de los hinterlands; y, sobre todo, fomentar determinados servicios específicos, tales como el almacenamiento, la inspección, los despachos aduaneros y fitosanitarios, los pesajes y los procesos de consolidación/desconsolidación de cargas, entre otros.

Conectividad de los puertos

Viene a cuento esta advertencia porque Galicia no está entre las primeras posiciones españolas cuando evaluamos la superficie y la intensidad logística. Y tampoco cuando nos fijamos en los índices de conectividad marítima de los puertos gallegos. El último informe de la Unctad sobre el tema indica que el puerto de Vigo se sitúa en el puesto 287 del mundo en lo tocante a conectividad; en tanto que los de Marín, Ferrol y Vilagarcía se encuentran en la franja de los más bajos del planeta; y la Autoridad Portuaria de A Coruña ha renunciado, muy recientemente, a la apuesta logística, toda vez que ha abandonado los servicios de contenedores y la presencia de servicios regulares ofertados. Pone de manifiesto, por tanto, el escaso margen operativo de los entornos portuarios y, por ende, el posicionamiento de las empresas de los hinterlands asociados.

No cabe duda, en consecuencia, que es preciso llevar a cabo y poner a disposición de los usuarios actuales y potenciales nuevos procedimientos administrativos; definir con exactitud a los usuarios básicos; y diseñar un sistema de información y documentación acorde con los tiempos actuales. La logística se ha convertido en uno de los grandes objetivos estratégicos de los gobiernos y una herramienta básica para el futuro de las empresas. Para Galicia continúa siendo una asignatura pendiente y una apuesta de futuro.

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