Así se gastan el dinero los ricos gallegos

En la comunidad hay 7.860, 152 más que en el último recuento de la Agencia Tributaria. Atesoran un patrimonio mínimo de 700.000 euros y 300.000 en viviendas. ¿En qué invierten sus ahorros?


redacción / la voz

Los hay pudientes, ricos y superricos. En Galicia son 7.860 los contribuyentes que cuentan con fortunas superiores a 700.000 euros (el mínimo exento), sin incluir la vivienda habitual (hasta 300.000 euros). Son los que tienen que tributar por el casi siempre controvertido impuesto sobre el patrimonio. Es la última foto que ha puesto sobre la mesa la Agencia Tributaria. Datos del 2017. Apenas si representan el 0,3 % de la población total de la comunidad autónoma y los 41.261 millones de euros que declaran aportan a la cesta de la Hacienda pública autonómica en torno a unos 70 millones de euros anuales.

Su número se ha incrementado en 152 solo en un año. Aumentan también en el resto del país. Y aunque Galicia no se caracteriza por tener muchos millonarios -una posición que le corresponde a Cataluña- sí es la que, junto con Madrid, alberga las mayores fortunas del país.

Pero, ¿en qué se gastan los ricos gallegos su dinero? ¿En qué lo invierten? ¿Se comportan de manera diferente a como lo hacen las otras fortunas del país? De acuerdo con los datos que proporciona Hacienda, lo primero que se puede concluir es que aquello de que los inversores gallegos son conservadores se cumple también en el caso de los ricos.

Tienen predilección por lo que en el -no siempre fácil para el común de los mortales- lenguaje financiero se conoce como capital mobiliario. Que no es otra cosa que acciones de empresas -cotizadas y no cotizadas-, depósitos y cuentas bancarias, deuda pública, fondos... En ese capítulo tienen invertidos los ricos gallegos casi el 87 % de su patrimonio. Que es tanto como casi 12 puntos más que el millonario medio español. Después, el ladrillo. El sector inmobiliario, entienden los más pudientes, es un puerto seguro en el que resguardarse.

Si en España, apenas un 20 % de los 669.062 millones de patrimonio que declaran los poco más de 202.400 contribuyentes más privilegiados está invertido en bienes inmuebles, en Galicia ese porcentaje está por debajo del 10 %.

Y, ¿qué hay de los famosos y extravagantes caprichos de los multimillonarios como aquel nuevo rico chino que se gastó 8.760 euros en un chupito de Maccallan? Poco.

Poco arte

Aunque tienen todo al alcance de sus manos, esquivan el lujo y la exclusividad como vehículos de inversión. Compran objetos de arte y antigüedades, joyas, pieles, vehículos de alta gama, barcos y aviones. Pero sin dilapidar. La media de los grandes patrimonios españoles destina a este capítulo solo un 0,2 % de su dinero. Los mismo que los gallegos.

La cifra de los contribuyentes más acaudalados del país no ha dejado de crecer en el último decenio. Tampoco la recaudación (1.100 millones de euros en el 2017). Es más, de acuerdo con los datos de Hacienda, el número de superricos, es decir, aquellos que declaran bienes y derechos por encima de los 30 millones de euros, se ha triplicado en ese período, al albur, entre otras cosas, de las amnistías fiscales. Aún así, no se han alcanzado los niveles previos a la crisis. La razón: «Quizás es que no ha habido oportunidad de que emerjan nuevas fortunas, o que también hay gente con capacidad que hace inversiones en el extranjero», argumenta el economista experto en tributos Roberto Pereira.

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M.Beramendi

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El impuesto de patrimonio es un tributo estatal que está cedido a las comunidades autónomas. Están obligados a presentarlo aquellos contribuyentes cuya base imponible sea superior a 700.000 euros, para lo que se tiene en cuenta el valor del conjunto de sus bienes o derechos y se excluye el valor de la vivienda habitual, hasta un máximo de 300.000 euros. Se trata de un tributo antiguo, creado por vez primera en una ley de 1991. El principal cambio se produjo en el 2008, cuando gobernaba el presidente Zapatero. Pocos meses antes de las elecciones generales de ese año, el socialista anunció su supresión. Entonces todavía no había estallado la crisis, y los niveles de recaudación se encontraban en máximos. Pero fue un presidente de izquierdas y progresista el que liberó de tributar a los grandes patrimonios del país.

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