La época dorada de las gaseosas resiste en el recuerdo de la Costa da Morte

HISTORIA EMPRESARIAL | Las carbónicas fueron un sector de gran relevancia para la industria de la zona

s. g.
Carballo / La Voz

Uno de los sectores industriales más destacados en la Costa da Morte durante el siglo pasado fue el de la gaseosa. Muchas familias de la zona desarrollaron pequeños negocios dedicados a la fabricación de esta bebida, con la que luego comerciaban en sus localidades y en los pueblos próximos. De especial relevancia fue el caso de Carballo, donde hubo cinco empresas dedicadas a producir, embotellar y distribuir este producto. A principios del siglo veinte, Calixto Navaza fundó La Xeitosa, una de esas sociedades precursoras en la fabricación de carbónicas. El negocio estaba ubicado en la localidad carballesa, concretamente en A Casilla.

Tras el fallecimiento de Navaza, su mujer decidió arrendarle la fábrica a Andrés González Botas. En el lugar en el que anteriormente se encontraba La Xeitosa, su nuevo propietario decidió poner en marcha Refrescos Diana, donde no solo se fabricaba la tradicional gaseosa blanca, sino también de varios sabores, entre ellos naranja, piña y limón.

En 1966, Andrés González Botas vendió la empresa a su sobrino, Luis Botas. Este cambió la localización del negocio a las inmediaciones del polígono Iindustrial de Bértoa, y decidió darle un nuevo nombre. Nació así Gaseosas Maruxa. «En aquella época, la gaseosa era la única bebida refrescante que había. Los refrescos que se consumen actualmente antes eran un lujo para días especiales, pero de forma diaria se consumía gaseosa», explica Matilde Anido, cónyuge de Luis Botas. «Nosotros enviábamos las bebidas a las casas, y era muy raro que alguna familia no comprase cajas de gaseosa. Era una costumbre de la zona. Llegamos a tener cuatro camiones trabajando en el reparto», recuerda en relación al éxito de la bebida en la zona.

Competencia sana

Además, Matilde Anido hace hincapié en que la competencia entre las diferentes empresas «se llevaba muy bien. Había mercado suficiente para todos los productores y todos ellos eran vecinos, incluso amigos en la mayor parte de los casos, por lo que no solía haber problemas entre ellos y se ayudaban cuando los negocios tenían algún problema».

El último propietario de Gaseosas Maruxa fue el hijo de Luis Botas y Matilde Anido, Luis, quien afirma: «Ya cogí la decadencia de la fábrica, la época dorada la vivió mi padre». Esta fue la última de las fábricas de carbónicas carballesas en cerrar sus puertas, hace ya veinte años.

Otra de las familias dedicadas a este negocio fue la de Cándido Rodríguez Fernández, quien instaló la fábrica de su sociedad, Meus Amores, en la Gran Vía de Carballo. Allí trabajaron él y sus nueve hijos, cambiando el nombre de la empresa a Espumosos Lidia. La titularidad del negocio pasó posteriormente a su hijo Luis, quien pronto pasó a ser conocido en la localidad como Luis de Cándido.

Eliseo Longueira Suárez creó, también en Carballo, la sociedad La Bergantiñana, ubicada en la Rúa do Muíño. Las riendas de esta fábrica pasaron luego a manos de su hijo, Jesús Longueira García, quien fue el último propietario del negocio familiar.

La llegada de los refrescos hizo caer las ventas

A pesar de la relevancia que llegó a alcanzar la producción de carbónicas, ninguna de estas fábricas familiares se mantiene abierta. «Cando as botellas de gasosa que se vendían eran as de cristal, cada familia compraba aquela que máis lle gustaba polo seu sabor, pero a chegada das botellas de plástico supuxo que as grandes empresas de refrescos comezasen a regalar as súas propias gasosas en promoción coas botellas das outras bebidas, o que levou á caída da industria local», explica Eduardo Pensado, antiguo distribuidor de Gaseosas Maruxa. «As empresas familiares da zona non podían competir contra a gasosa regalada polas grandes compañías de bebidas, polo que as súas vendas foron diminuíndo ata que se viron obrigadas a cerrar. A chegada destes refrescos foi o que provocou a desaparición da industria local da gasosa».

No solo en Carballo hubo empresas del sector. En Neaño (Cabana), Domingo Antonio Barreira instaló Gaseosas Barreira. Esta distribuía carbónicas, además, en las vecinas localidades de Vimianzo, Ponteceso, Corme y Baio. Este reparto se hacía en un carro guiado por un caballo. El negocio pasó posteriormente a manos de Antonio Barreira, hijo del fundador. De gran relevancia para la industria local fueron también la fábrica de Gaseosas de Malpica, fundada en Seaia por José Villar Varela, Gaseosas Neptuno, en Ponteceso, y en los años 50 y 60, Gaseosas Piñeiro, en A Silva.

«A industria da gasosa era moi familiar. Ese era o lado romántico do negocio: en cada vila facíanse as botellas de gasosa en pequenas fábricas familiares e desde alí levábanse ás casas. Era todo moito máis próximo», explica Juan Carlos Villar Angeriz, coleccionista de botellas de carbónicas e investigador de la historia de estas fábricas. «No verán vendíanse moitas máis caixas, porque era unha bebida refrescante, e polas festas tamén se incrementaban moito as vendas. Ademais, era habitual que se mesturase a gasosa co viño caseiro (xeralmente de sabor amargo), e isto axudou a popularizala», añade.

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