El minifundio lastra el despegue del sector del vino en Galicia

Casi dos tercios de las parcelas gallegas tienen menos de 0,5 hectáreas, lejos de la media española y europea


Santiago / La Voz

El sector vitivinícola gallego ayuda a crear valor en el rural, a fijar población. Y su ascenso obedece, en gran medida, a la agrupación en cooperativas y a los avances en innovación e internacionalización. Engloba a unas 150 empresas, muchas de ellas micropymes, con una facturación conjunta de 220 millones y unas ventas que han crecido por encima del 60 % en los últimos diez años. Es una actividad en auge, pero al igual que otras del sector primario, con unos resultados por debajo de su potencialidad. Lo mismo sucede con la madera. Y la primera causa, pero no la única, se encuentra en el origen: la fragmentación de la propiedad de la tierra. Un reciente informe publicado por el Foro Económico de Galicia (FEG), y elaborado por los economistas José Francisco Armesto y Patricio Sánchez, aborda precisamente los enormes retos a los que se enfrenta esta actividad.

tamaño

Microparcelas y dispersión. Los datos del Ministerio de Agricultura revelan que casi dos tercios de las parcelas gallegas tienen menos de media hectárea (un total de 20.171), por lo que no pueden acceder al reparto de permisos para nuevas plantaciones, tal y como se establece en el RD 772 /2017, en el que se fija la horquilla entre 0,5 y 1,07 hectáreas. La superficie media por explotación en Galicia está en 0,14 hectáreas, muy lejos del promedio español, situado en 1,8. Todo esto se traduce en un desequilibrio significativo a la hora de comparar magnitudes en relación con España. La comunidad gallega representa el 3,5 % de la superficie dedicada a viñedos en el estado, pero en cambio tiene 200.000 parcelas, el 40 % del total. Una realidad que evidencia la necesidad de incentivar más las concentraciones parcelarias y la agrupación de fincas privadas. «O minifundio non só condiciona a competitividade e a expansión económica do sector, senón tamén a resposta a novos retos ambientais, como a sustentabilidade, a protección da biodiversidade ou a adaptación ao cambio climático», subraya el profesor Patricio Sánchez.

Profesionalización

Bodegas y cosecheros. El sector del vino se ha considerado desde siempre una actividad de bajo nivel tecnológico, pero la realidad de las comarcas evidencia que, en los últimos años, no ha dejado de innovar, tanto en productos como en procesos. Sin embargo, en aras de favorecer el desarrollo del sector, los expertos plantean tres retos: favorecer la incorporación de gente joven a la actividad, impulsar herramientas tecnológicas que mejoren la calidad del vino y, sobre todo, avanzar en la comercialización, especialmente en lo que se refiere al proceso de penetración en los mercados exteriores. Después de Estados Unidos, el Reino Unido es el segundo destino de las exportaciones gallegas de vino.

sinergias

Turismo y gastronomía. La industria vitivinícola tiene una clara relación con el turismo y la gastronomía. Y en la comunidad gallega hay en ese capítulo un campo enorme de negocio que está todavía por explotar. El llamado enoturismo permite conocer el patrimonio y la historia de la zona, además de visitar bodegas y viñedos y el entorno natural. El trabajo del FEG pone el foco en que, para potenciar esta actividad, no solo hace falta reformar las bodegas y adaptarlas, sino mejorar la formación de los profesionales del propio sector del vino en parcelas relacionadas con el turismo y otras actividades. «Isto precisa dun apoio decidido por parte das institucións públicas e das propias denominacións de orixe, para desenvolver unha oferta turística competitiva e incluílas nas propias campañas de promoción», apunta la investigación de Sánchez y Armesto. 

el futuro

Calidad y marca país. Las cinco denominaciones de origen (Monterrei, Rías Baixas, Ribeira Sacra, Ribeiro y Valdeorras) agrupan una superficie de 9.230 hectáreas, tienen a 15.250 viticultores y 456 bodegas, y comercializan casi medio millón de hectolitros. Desde el punto de vista de la calidad y la diferenciación, su contribución ha sido estratégica para Galicia, pero tienen ante sí algunos retos: mantener el equilibrio entre la cultura vitivinícola tradicional y las exigencias innovadoras; aumentar el número de explotaciones y el porcentaje de viñedo; mejorar el reparto de valor entre los distintos eslabones de la cadena y, por último, plantear la posibilidad de que el conjunto del sector, es decir, de las denominaciones, salga al exterior bajo una misma marca país, que vincule al producto con Galicia. Un territorio vinculado a la calidad de los productos, lo que contribuiría a mejorar la cotización de los vinos gallegos a nivel mundial. Algo relevante cuando cada vez hay una mayor parte de la producción que va fuera.

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