La CEG fracasa en su intento de soldar la fractura y abrir una nueva etapa

La reforma de los estatutos, clave para nombrar presidente, no prospera por las abstenciones de A Coruña y Lugo


Santiago de Compostela

La Confederación de Empresarios de Galicia (CEG) protagonizó ayer el enésimo episodio de su división interna. La reforma de los estatutos, pensada para dotar de un mayor margen de maniobra al futuro presidente y para otorgar mayor representación a las organizaciones sectoriales, no prosperó en la votación celebrada en la asamblea extraordinaria. Y no lo hizo porque no recabó el 75 % de los votos favorables, que es el respaldo necesario.

Las provincias de Ourense, y de Pontevedra, unidas a las sectoriales para apoyar los cambios, sumaron 86 votos, pero las 68 abstenciones de A Coruña y Lugo fueron determinantes para decantar la balanza. Lo ocurrido ayer ensombrece el futuro de una organización que lleva sin presidente desde enero del 2018, un caso inédito en el panorama de las patronales españolas.

Las confederaciones de A Coruña y de Lugo, lideradas por Antonio Fontenla y Jaime López, estaban en contra de limitar las delegaciones de voto a dos (como pretendían las sectoriales y Ourense y Pontevedra) y de que las sectoriales contasen con tantos miembros en la junta como el resto de las provincias, es decir, con uno, porque se trata, a su entender, de una aspiración que no se corresponde con el número real de empresas que tienen detrás.

De nuevo, en el fondo, un conflicto en el que está en juego el control por el poder, y cuánto están dispuestas a ceder las partes.

Consumado el fracaso, es decir, la posibilidad de que la patronal abriera una nueva etapa, los esfuerzos se dirigieron a ganar la batalla del relato, y las dos partes ofrecieron sus respectivas versiones para explicar lo ocurrido.

«Nosotros hemos estado abiertos a seguir negociando en todo momento; estábamos dispuestos a aprobar el 60 % de los artículos, pero no hubo acuerdo, porque se nos dijo que o todo o nada», explicó Antonio Fontenla, presidente de los empresarios de A Coruña, quien sostuvo que la mejora de la representación sectoriales no puede suponer otorgarles una presencia que no se corresponda con el número de empresas, una posición compartida por Lugo. Ambas provincias sí estaban de acuerdo en reformar los estatutos para limitar los mandatos y permitir al futuro presidente nombrar un equipo propio. Las confederaciones de Pontevedra y Ourense, por su parte, comparecieron con representantes de la sectoriales para reclamar un mayor peso de estas organizaciones en la patronal. «Se trata de que la CEG entre en el siglo XXI y no esté en el XVIII», expresó con malestar el presidente de Cegasal, José Antonio Vázquez Freire.

Riesgo de una ruptura

El presidente de los empresarios de Pontevedra, Jorge Cebreiros, lanzó un aviso que da alas otra vez al fantasma de la ruptura. Sobre todo porque esta provincia ya llegó a abandonar su participación en los órganos de dirección de la CEG. «Si me dicen que detrás de esa abstención subyace que no quieren que estén las sectoriales este no es mi modelo de Confederación», dijo el líder de los empresarios pontevedreses, quien advirtió de que esta provincia «se replanteará soluciones y propuestas».

Más comedido fue el portavoz de los empresarios de Ourense, José Manuel Díaz, que insistió en que la CEG debe seguir existiendo, aunque dejó claro que, tras lo ocurrido ayer, su provincia tendrá que debatir si le interesa o no seguir integrada en la patronal. El fracaso en la reforma de los estatutos dibuja un horizonte de incertidumbre y aleja la posibilidad de consensuar un presidente.

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