Supervivientes en la era digital: sastres, videoclubs y sombrererías

Ofrecen una atención personalizada, producto de calidad y una baza imbatible: paredes que destilan romanticismo. Aunque no lo creas, muchos de estos servicios todavía tienen un hueco en nuestras vidas 2.O


redacción / la voz

En pleno siglo XXI y con el comercio on-line pisando fuerte, hay negocios que, por increíble que parezca, siguen funcionando y hasta haciéndose fuertes frente a la jungla del sector terciario. Alquilar películas en el videoclub del barrio, comprar bacalao en el ultramarinos de la esquina, o llevar una tela a la modista para hacer un vestido todavía es posible.

Ultramarinos El Mundo

Este negocio por cuyo bacalao suspiraron varias generaciones (su otro plato fuerte es la chacinería) abrió sus puertas en 1939 en el Caramanchón (actual plaza de Pontevedra). En 1955 cambió a su sede actual, la avenida de Finisterre de A Coruña. Antonio Álvarez recogió el testigo de su padre: «La configuración del local, con techos altos y estanterías de madera, es una joya», dice su propietario, que vino al mundo aquí, «cuando todavía era bar, tienda, y se hacían quinielas». Hombres y jóvenes se han sumado a la clientela. «No es más caro que el supermercado», asegura Antonio. «¿Que si funciona? En breve abriré otro local», dice.

Fidalgo Tejidos y Modistas

¿Alguien sigue comprando una tela para que le hagan un vestido o un pantalón? Pues sí. Aunque con truco. «Hemos ido transformando el negocio según han ido cambiando las necesidades de la gente», explica María Sánchez, la propietaria de este establecimiento coruñés que arrancó su andadura en 1987. «Antes era la fórmula para ahorrar. Ahora los clientes que vienen quieren algo exclusivo. Con cada uno podemos pasar tres horas». Aunque hay pedidos de calle, apuestan sobre todo por fiesta y ceremonia, moda nupcial incluida. La crisis ha bajado las ventas, pero van «tirando»: «En temporada alta tenemos que pedir refuerzos».

Videoclub System Video

En agosto cumple 30 años de existencia. Un aniversario que invita a ser nostálgico: «La época dorada fue hace dos décadas», asegura José da Lama, un romántico del oficio. «Llegamos a despachar ocho mil películas al mes, con las que podíamos facturar veinte mil euros. Ahora, unas dos mil». Las plataformas han hecho mucho daño. Y en el pasado, la crisis y la piratería. En A Coruña quedarán «tres o cuatro como este». Con más de 3.000 títulos en exposición -almacén aparte-, cobra dos euros. «Te la llevas un viernes y la devuelves el lunes». ¿Los clientes? De 40 para arriba: «Los jóvenes tienen bastante con las redes sociales».

Sombrerería Iglesias

Llevan cubriendo cabezas desde 1912. El establecimiento no ha cambiado, ni la familia que lo regenta. Al frente de Sombrerería Iglesias, en pleno casco viejo compostelano, está ahora Andrés. Cogió las riendas en el 2002. Antes recomendaron ala ancha o corta su abuelo, su tío y su madre. «Nos distingue la experiencia y el asesoramiento. Aquí te decimos cuál te queda mejor, si es apto para lluvia o cómo se debe cuidar. No tan frío». Reconoce que las compras por Internet hacen daño y que este tipo de negocio acusa la falta de relevo generacional: «Soy enfermero y compagino como puedo ambas ocupaciones». Y sí, entre la clientela hay jóvenes.

Acebo Crochet

Cambió la hostelería por el ganchillo para poder conciliar. Desde hace dos años y medio, Yolanda Lema Méndez regenta esta tienda de lanas en el barrio coruñés de Os Castros: «Yo ya era clienta y cuando se traspasó, pensé que era una buena oportunidad». Entre sus clientes hay desde niños en edad escolar hasta su compradora más veterana, una vecina de 101 años. Y hombres, aunque pocos. «Tenemos a chicos de 40 a los que les relaja hacer un cuello o una bufanda». Yolanda se adaptó a los nuevos tiempos introduciendo un taller. Da clases de mañana y tarde. «Para el que no sabe ni coger la aguja, para resolver dudas o, simplemente, pasar el rato».

Varela Roibas Sastrería

Se ha pasado 48 de sus 73 años tiñendo de elegancia paseos y reuniones: «Ahora ya pienso en la jubilación». Es la encarnación del concepto superviviente: «Cuando alguien me para por la calle para preguntarme por un sastre, me recomiendo a mí mismo. ¡Es que no conozco a otro!», asegura Luis Varela Roibas, con negocio al pie de la muralla de Lugo, ciudad en la que llegó a contar, en los años setenta, hasta más de una veintena de sastrerías. Hay clientes fieles que siguen haciendo pedidos cuarenta años después, pero también ha resurgido con fuerza el fenómeno entre los jóvenes. «Vienen con una revista o una foto que han visto en Internet».

   

Filatelia Álvarez 

Tras ser durante muchos años empleado, y al jubilarse el antiguo propietario, en el 2016 Víctor Manuel Márquez pasó a ser su propio jefe en la Filatelia Álvarez, de Ourense. «Me gustaba esto y decidí arriesgarme a continuar con el negocio, a pesar de los tiempos difíciles que corren». Internet es el caballo de batalla, pero los de siempre cuentan con una ventaja: «Las casas grandes pueden tener más oferta. Sin embargo, aquí el material se puede ver, además del trato personal que se brinda y la garantía de la mejor calidad del producto». ¿Qué se vende más? «Los sellos están ahora más parados -dice-, pero las monedas tienen salida».

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