Aira: «No imagino mi vida sin fútbol»

Hace un año dio el salto internacional. Primero a Croacia y ahora en Francia, con el Sochaux


Redacción

Once de la mañana de un domingo cualquiera. Jose Manuel Aira (Ponferrada, 1976) ordena todo antes de marcharse de casa. Toca ir a ver fútbol. ¿Alemania, Francia o Suiza? ¿Qué será? Es la ventaja de estar en Sochaux. «Tengo a poco más de una hora partidos en directo de tres buenas ligas». Se toma quince minutos de respiro para atender una llamada de La Voz. Toca una entrevista diferente, alejada del partido a partido.

-¿Qué es el fútbol para Aira?

- Mi vida y mi pasión.

-¿Solo?

-Lo es todo. Llevo muchísimos años dedicándome a esto y no imagino mi vida sin fútbol.

-¿Qué queda de Josines? Aquel chaval que jugaba en los infantiles del Fuentesnuevas.

-Queda la pasión y la ilusión con la que se escapaba con una pelota a la pista más cercana o que jugaba contra una pared, cada vez que no tenía que hacer deberes o ayudar en las labores de casa.

-Fue el balón quien le sacó de casa con 17 años. ¿Cómo fue aquel momento en que lo ficha el Dépor?

-Fue duro, a la vez que ilusionante. Tenía muchas ganas de dar ese paso, pero a la vez fue muy complicado porque tienes que dejar atrás tu casa, tu hermano, tus abuelos... Tienes que apartarte de ese núcleo familiar en el que te has criado. Fueron unos primeros meses muy difíciles, pero lo hizo más llevadero la ilusión de pelear por un futuro imaginado desde pequeñito y la ayuda de todos los compañeros que estábamos en la residencia.

-Debutó en Primera, contra el Barça, de titular y en la despedida de Bebeto. ¿Se acuerda?

-Fue una fecha especial, está claro. A nivel de clasificación, el partido no tenía demasiada relevancia, pero para mí fue el más importante de mi vida. Fue un día muy especial, el último de un ídolo como Bebeto, y lo fue desde la mañana que nos concentramos hasta la cena con los compañeros de después del partido.

-¿Qué le dijo Toshack? ¿Qué recuerdos le quedan del galés?

-Lo recuerdo con mucho cariño. Ahora me acuerdo mucho de él porque mi francés, o mi inglés el año pasado en Croacia, se asemejan mucho a su español [sonríe]. Estoy viviendo lo que él podía vivir con el idioma. Y nada, aquel día todas las palabras que me dijo fueron cariñosas y de tranquilidad.

-En el Dépor no había muchas oportunidades para los canteranos. Su segundo y último partido fue años después, en Valladolid, y con Corral.

-Sí, era difícil entrar porque, como indicaba su apelativo, era un superequipo. Para cada puesto había 3 o 4 jugadores y casi todos eran internacionales. Para la cantera era difícil hasta el poder ir a entrenar.

-Se fue en 1999 y pasó por diferentes equipos hasta que en el 2011 Isidro Silveira le dio la pizarra.

-Había cumplido 35 años y estaba en mis últimos de futbolista. Había hecho una pretemporada buena y me sentía bien. Estábamos en Tercera. Un jueves por la mañana, festivo, perdimos con el Vilalbés en casa. Esa tarde recuerdo que estaba en casa reflexionando sobre el partido, sonó el teléfono, era el presi, estuvimos hablando un rato largo y me dijo que al día siguiente quería sentarse conmigo para plantearme que cogiese el equipo. Nos reunimos y le dije que sí. No lo pensé mucho. Quizás si lo llego a pensar bien le hubiese dicho que no. Solo le pedí un día, porque quería hablar con el entrenador, con Stili. No quería que pensase que yo tenía intenciones para entrenar en aquel momento.

-¿Cómo fue el cambio de chip?

-No fue fácil. Pasé de ser amigo y compañero a, de repente, ser el que guie sus destinos. A ponerlos o no hacerlo, a dejarlos sin convocar... Con muchos llevaba cuatro años de vestuario, muchos días juntos viajando a todos lados... Pero lo que me propuse desde el primer día fue ser siempre sincero con ellos, decir siempre lo que pensaba cara a cara. Ellos también me ayudaron muchísimo. Siempre les estaré agradecido porque entendieron muy bien el cambio.

-¿Cómo lleva la incertidumbre de no saber dónde estará dentro de tres meses?

-Desde el principio, con naturalidad. No hay otra. Luis César Sampedro, un exentrenador mío, y amigo mío, dijo una vez una frase que lo refleja tal cual: «La vida del entrenador es semana a semana». Es así. Un técnico no se puede plantear dónde estará el año siguiente. El objetivo debe ser solo una semana. Y luego otra. Y después otra...

-¿Y la familia? Supongo que lo llevará peor...

-Sí, es quien paga esa dedicación. El fútbol te da muchas cosas que otras profesiones no te lo permitirían, pero la distancia, las horas que hechas y demás... La familia lo paga.


«Me gusta tenerlo todo controlado, a veces demasiado».

Aira se considera tan gallego como berciano, reconoce ser tan sincero como cabezón y un entrenador metódico y amante del control.

-¿Gallego o berciano?

-Soy parte de ambos. El Bierzo me ha visto nacer, crecer, pero Galicia me ha visto desarrollarme profesionalmente. A las dos les debo mucho.

-¿Se es más feliz como entrenador o como jugador?

-Ser futbolista es la mejor profesión que hay en la vida. Pero soy muy feliz también como entrenador y lo disfruto.

-¿Se considera metódico?

-Sí. Me gusta el orden, tener un método, unas ideas... Y me gusta mucho aprender y estar constantemente viendo a otros compañeros de profesión cómo trabajan, sea en la que categoría que sea, ganen o pierdan. Me gusta el proceso de intentar mejorar, de descubrir, de hacer cosas diferentes al resto. Pero por encima de todo me gusta tenerlo todo ordenado y muy controlado. A veces demasiado, creo.

-Una virtud suya de la que está orgulloso...

-La sinceridad con la que transmito las cosas. Y además me considero tranquilo, paciente y trabajador.

-Algo suyo que deteste.

-Soy muy cabezón.

-Un técnico que admire.

-Me quedaría con la imaginación y la inteligencia para hacer cosas diferentes de Guardiola y con la capacidad de trabajo de Emery.

-Un jugador.

-Messi, por sus virtudes futbolísticas.

-Un lugar que recomiende visitar.

-Colmar, un pueblecito precioso que hay aquí en Francia.

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