Multan a dos aficionados que se pegaron en un partido de cadetes

Cada uno tuvo que abonar 1.500 euros por su conducta en un Arenteiro-Barbadás

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Se les fue la mano y se enzarzaron en una pelea. Dos espectadores de un partido de fútbol de la categoría cadete, que se celebró el pasado primero de mayo en el campo de A Uceira, de O Carballiño, no solo perdieron los papeles en aquella ocasión, sino que, además, cada uno de ellos se ha quedado sin 1.500 euros. La sanción que les comunicó la Subdelegación del Gobierno de Ourense era de 3.000 euros, pero los dos protagonistas del altercado prefirieron pasar página, pagar y olvidar lo ocurrido. El procedimiento administrativo está cerrado y resentidas han quedado las cuentas personales de «un aficionado» del Arenteiro y otro del Barbadás, como en su día los habían identificado las fuerzas de seguridad, pues también había intervenido personal de la Policía Local de O Carballiño.

El partido se celebraba a mediodía. Era martes, pero era festivo. Se disputaba la ida de una de las semifinales de la Copa Diputación en la categoría de cadetes. El árbitro había decidido detener el encuentro cuando faltaban poco más de diez minutos para que se cumplieran los noventa. Se percató de que dos adultos estaban insultándose en la grada. Mandó parar. Aclaró que lo hizo para evitar que los menores que se encontraban en el recinto fueran testigos de tan poco edificante espectáculo. Y, de paso, tranquilizar los ánimos de los espectadores, al percibir que había mucha gente «alterada». En el minuto 81 volvió a detener el partido, pues, como aparece detallado en la denuncia cursada entonces por la Guardia Civil, quienes antes discutían ya habían llegado a las manos. De la pelea fueron testigos los jugadores y también los adultos, mayoritariamente padres o familiares, que presenciaban el partido. Requirió el árbitro a los agentes para que pusieran fin a la pelea, que se acabó, en efecto, ante la presencia de los guardias. Ninguno de los implicados hizo amago de continuar. La pelea tampoco dejó huellas que precisaran de atención médica y posterior valoración por los forenses. Uno de los implicados tenía «unos rascazos» en los nudillos de su mano derecha. Poca cosa.

Identificado el árbitro como testigo, los agentes tomaron la filiación de los dos «aficionados». Dieron cuenta a la Subdelegación del Gobierno, por infracción a la ley de seguridad ciudadana en el apartado que castiga la perturbación ciudadana en actos públicos, espectáculos deportivos/culturales, solemnidades y oficios religiosos, cuando haya numerosas personas y no tenga carácter de infracción de carácter penal. Había alrededor de medio centenar de personas, incluyendo menores de edad, y se produjo una «gran alteración del público».

Comunicada a los implicados una propuesta de sanción de 3.000 euros para cada uno, los alborotadores encajaron con resignación. Ni Delegación del Gobierno ni juzgado. Caso cerrado.

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