Changui, el cazagoles que da el salto al palco

El mítico delantero  se enfrenta al reto de rescatar al club que le abrió las puertas  del fútbol profesional


Conocedor de todos los enigmas del área, Marcos Yáñez, Changui, (Boiro, 1977) afronta su mayor reto hasta la fecha. El mítico delantero, con más de 300 goles en su cuenta, da el salto del césped al palco para convertirse en el presidente del Boiro. Lo hace en el peor momento de los 50 años de historia del club, después de que se asomase al precipicio de la desaparición y tras recibir un herencia en forma de deuda que dificulta cualquier movimiento.

«Eu din o paso, pero só non vou poder salvar o equipo. Preciso da axuda de todos os socios», confiesa, sabedor que solo se camina más rápido, pero que acompañado siempre se llega más lejos. Elegido presidente bajo el asombro y los vítores de los asociados, quiere resucitar al equipo que lo vio nacer como futbolista.

Fue en Boiro, en Barraña, donde Changui, que comenzó su andadura en el deporte rey como defensa central, perfeccionó su olfato innato para el gol. Ese talento, que lo llevó a debutar en Primera División con el Compostela y a dar el salto al Deportivo, deberá aplicarlo ahora en los despachos. Conocedor de los entresijos del césped y perro viejo en los vestuarios, el boirense tendrá que moverse entre bambalinas como lo hacía en ese espacio que siempre encontraba entre los defensas y la línea de gol.

Futbolista local

Defensor a ultranza de los jugadores de la casa, fue una de las voces más críticas en los últimos años con la gestión del antiguo presidente del Boiro, David Places, a pesar del ascenso a Segunda División B. Para él ejerció como director deportivo y jugador durante la temporada 2010-2011. La relación terminó completamente rota. Las afrentas entre ambos fueron sonoras y el punta incluso llegó a dedicarle un tanto en Barraña con la camiseta del Ribadumia.

Su proyecto, afirma, siempre ha sido el mismo: «Nesta comarca hai xogadores e técnicos moi bos e deben de ter un equipo onde poidan demostralo. Queremos que o Boiro sexa ese lugar». La segunda pata del plan será unificar el fútbol base del municipio y convertirlo en referente. Aunque ya ha dado pasos en ese camino, no lo tendrá sencillo, en un mundo en el que prima la patria chica, deberá ejercer del Quijote que pelea contra los molinos.

¿Sobre el césped?

A sus 41 años, y después de conseguir el ascenso a Preferente con el Puebla, no fueron pocos los que le preguntaron que cuándo colgaría las botas. Ni ahora lo tiene claro. «Intentarei axudar ao equipo onde sexa preciso. Agora será máis complicado porque terei outras facetas, pero se o adestrador considera que teño que estar no céspede, terémolo que falar».

Que su pasión por el balón es la de un adolescente quedó demostrada el año 2016, cuando sufrió un extraño proceso vírico que lo dejó en coma. Su vida pendió de un hilo, aunque el fútbol, junto a su mujer e hija, su mayor regalo en esta vida, fue uno de los motores que le ayudó a recuperar la forma y la ilusión.

Los que compartieron vestuario con él siempre destacan su indescifrable conexión con el gol, ese instinto innato que le permite sentir ese subidón que esconde el balón cada vez que besa la red. Este trotamundos del fútbol, que escucha la canción Run to the hills de Iron Maiden antes de cada partido, salta al césped para jugar el encuentro más complicado. Salvar al Boiro.

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