El gallego Diego Torres, de la tercera categoría helena, describe un clima de tolerancia a la violencia que llega a las divisiones más modestas, con pistolas y amenazas

«En Grecia he visto armas en un vestuario»

El futbolista monfortino, de 25 años, lleva varias temporadas en Grecia
El futbolista monfortino, de 25 años, lleva varias temporadas en Grecia

Redacción

Con la liga parada tras el incidente provocado por el presidente del PAOK, en Grecia no se habla de otra cosa. Sin embargo, el nivel de asombro entre los profesionales del fútbol heleno está lejos del que se pudiera presuponer. «La gente que no está dentro no lo entiende. Ve a Savvidis saltar al campo con la pistola y alucinan. A mí no me sorprende». Al otro lado del teléfono, el monfortino Diego Torres, futbolista del Amaliadas Panopoulou, líder de la denominada categoría C, equivalente a la Segunda B en España. Su carrera en Grecia va camino de cumplir cuatro años.

«Savvidis no es el único que porta armas. Lo ves incluso en categorías más bajas. Gente que trabaja de esa forma, rodeada permanentemente de guardaespaldas con pistola. Amenazan a otros equipos que pueden no estar jugándose nada. Yo he visto armas dentro de un vestuario y, por lo que he comentado con otros compañeros, no soy el único». Torres lo vivió durante su experiencia en el Iraklis.

Este monfortino de 25 años no cree que lo visto en el estadio paradójicamente llamado Tumba traiga mayores consecuencias. «El miedo que tienen es que les echen de las competiciones europeas. Sinceramente, creo que al presidente del PAOK lo sancionarán y le meterán una multa pero lo arreglarán por detrás. Darán una versión en los medios pero pactarán otra cosa. Es muy difícil hacerle daño a gente tan poderosa como Savvidis, que tiene vínculos con Putin».

Torres fichó con 15 años por el Pontevedra. Del Lérez, se lo llevó el Celta. Su siguiente estación fue el Montañeros y, de ahí, vuelta a tierras de Lemos. Hasta que un agente le cambió el paso. «Fue un francés, de origen africano y que fue delantero del PAOK el que me trajo a Grecia. Me ofreció jugar en un equipo de Segunda División, con contrato profesional y, de un día para otro me vine». Ese equipo era el Kallithea.

«Aquí es muy diferente el nivel de agresividad de algunos aficionados y hasta dónde son capaces de llegar. En España los conflictos los generan grupos de ultras que quedan fuera de los estadios para pegarse pero están alejados de los futbolistas. Aquí es más peligroso, saltan a los campos, agreden a los jugadores y están más cerca de ellos. Están viendo con normalidad cosas que en otras partes de Europa no lo son». Y la violencia no es el único problema serio que arrastra el fútbol heleno. «Hay muchísima desorganización, muy poca seriedad y la inmensa mayoría de clubes fueron devorados por la crisis económica. Son un grupo pequeño de poderosos los que controlan todo. Hay mucha corrupción. Se compran árbitros, se compra gente de la Federación... Si te sales de la Primera División, el 70% de los equipos no paga los contratos. A lo mejor, de diez meses, te pagan cinco. Y cada vez va a peor. De los equipos de Segunda, solo los dos o tres de arriba pagan regularmente. Los que están abajo, no han pagado una nómina en toda la temporada. Dentro de unos años, si esto no cambia, aquí va a existir solo la Primera y el resto será todo fútbol amateur», reflexiona.

El dinero negro

Del Kallithea, su primer club en Grecia, dio el salto al Aiolikos. Se marchó a mitad de temporada por los impagos. «Haces, por ejemplo, un contrato profesional de 2.000 euros y te ponen un salario mínimo, que es el que mandan a la Federación, de 600. Los otros 1.400 te los pagan en negro. Se mueve muchísimo dinero de esa forma. Y hay muchos clubes que te pagan una parte al firmar y luego el resto ya no la ves». Antes del Amaliadas, su actual club, militó en el Iraklis, el Ialysos Rhodes y el Nestos. Por medio, un breve paréntesis de regreso a Galicia para jugar con el Ordes en Tercera. Dice que se planteará salir de Grecia en verano, pero sigue en el extranjero por motivos económico. «En España, en las categorías a las que puedo aspirar, el nivel es más alto y los sueldos más bajos», lamenta.

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