Un futbolista muy capacitado

Manuel García Rosendo capitanea al juvenil del Santa Teresita ourensano utilizando una prótesis que reemplaza a su brazo izquierdo


ourense / la voz

Manuel García Rosendo (Ourense, 1999) fue uno de esos niños que se crio en el populoso barrio de O Vinteún, en su ciudad natal, correteando detrás de un balón hasta entrar en el radio de acción de un modesto club, el Santa Teresita. La peculiaridad de su historia es que su brazo izquierdo era sustituido por una prótesis ortopédica.

«Nací sin él, fue un problema en el período de gestación y no se desarrolló como era debido. Para mí es algo natural, porque he crecido así, pero a los nueve años tenía muchas ganas de jugar en un equipo y me decidí a probar», relata el propio Rosendo, apelativo por el que se le conoce en la entidad donde siempre ha militado y cuyo presidente, Carlos Docampo Quintas, recuerda sus primeros pasos: «De pequeñito le costaba más mostrar la prótesis, pero ahora no tiene problema alguno. Es un excelente compañero y cuando sacó el título de monitor también empezó a entrenar a otros niños del club».

Y es que las andanzas de Manuel son las de un joven que sabe vencer cualquier obstáculo y tiene claro que luchar por sus ilusiones vale la pena: «Soy un poco vago para estudiar, pero sé que debo esforzarme y lo hago. Estudio Bachillerato y espero seguir vinculado al deporte todo el tiempo que pueda y también ser entrenador. No siento ninguna limitación para jugar al fútbol y me gustaría ser profesor de Educación Física o ganarme la vida con alguna profesión relativa a este campo».

Así llegó a capitanear a los juveniles del Santa Teresita, con los que accedió a la Liga Gallega, mientras tenía tiempo de debutar con la primera plantilla, en la categoría de plata provincial: «Ahora intentamos volver a entrar en una fase de ascenso con los juveniles y, en el sénior, hacer piña, aunque también estamos tratando de asentarnos en los primeros puestos».

En el seno de la escuadra afincada en el campo de Eiroás, Rosendo es todo un personaje, después de escalar por sus distintos equipos y convertirse en un ejemplo para otras generaciones: «Estoy dirigiendo a los niños de 8 años y la verdad es que puedo considerarme como un hombre de equipo, sí siento mucho los colores. Aquí siempre me han tratado bien y estoy muy a gusto».

En plena competición tampoco hay inconvenientes para Manuel, que debe remontarse a su época de benjamín para encontrar solo pequeñas anécdotas: «Algún árbitro ponía problemas por la prótesis y mi madre llegó a hablar con ellos para insistir en que no podían prohibirme que jugara, pero con el paso del tiempo todo se normalizó y tampoco he tenido ninguna complicación con los rivales». Una aseveración que refuerzan desde el club, señalando que muchos de ellos ni siquiera notan la peculiaridad en el brazo del juvenil.

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