A martillazos con el vestuario del árbitro en el Laracha - Negreira

El trio arbitral se quedó encerrado en el vestuario y hubo que recurrir a la fuerza para poder reanudar el partido.

A martillazos con el vestuario del árbitro en el Laracha - Negreira El trio arbitral se quedó encerrado durante el intermedio.

Una mañana soleada y de fútbol en A Laracha con el juego sonriendo al equipo local en un duelo importante para el devenir de la zona baja de la tabla. La tensión clasificatoria estaba ahí. Si el Negreira vencía, igualaba a puntos a los locales en la tabla y ponía en un puño la lucha por el descenso. Si el Laracha se imponía tomaba aire en su camino hacia la zona tranquila. Tras los primeros 45 minutos todo eran sonrisas para los de casa, 1-0 al descanso que alejaban a los rojiverdes de la zona caliente.

El habitual bullir de la cantina como prolegómeno del segundo acto. Saltó el Negreira al campo, consciente de que tocaba remontar pero el Laracha se retrasaba. Tampoco estaba de cuerpo presente el colegiado ni sus asistentes. La afición no lo sabía pero la acción se había trasladado a las entrañas del Municipal.

Alertados por las voces del trencilla y sus linieres, los jugadores locales asistían a una operación de rescate improvisada frente al vestuario del árbitro. Se habían quedado encerrados y no podían salir para asistir a los segundos 45 minutos. Tocaba buscar soluciones ante la ausencia de cerrajeros de guardia y las soluciones de urgencia suelen incluir un martillo en la ecuación. 

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Se resistía la dichosa cerradura y hubo que sumar un punto más de intensidad y se recurrió al cincel que manejado por Tonecho Garda, delegado del Laracha, acabó por terminar con la resistencia de una puerta que convirtió el descanso del encuentro en un episodio no apto para claustrofóbicos. Se saldó el incidente sin tener que lamentar víctimas ni daños materiales más allá de la malograda cerradura. La segunda parte, en la que el Laracha doblaría su ventaja para acabar venciendo por dos goles a cero, se retrasó diez minutos. «Nunca me había pasado algo así», comentó uno de los linieres. La próxima vez que tengan que llamar a un cerrajero y les pase la factura, recuerden que la suya no es una profesión fácil.

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