El niño refugiado que siguió el balón

Sidahmed Sidati Maelainin nació en los campos de refugiados de Tinduf, llegó a España hace 17 años y ahora disfruta en Galicia en Tercera

Niño refugiado, adulto futbolista Nació en los campos de refugiados de Tinduf, llegó a España hace 17 años y ahora disfruta en Galicia en Tercera

Los miles de niños de los campamentos de refugiados de Tinduf, al suroeste de Argelia, son felices solo con un balón. Con las piedras o los palos que encuentran montan las porterías en medio del desierto, en medio de la nada. Los equipos de las diferentes barriadas se enfrentan entre sí en torneos espontáneos. Allí se crió Sidahmed Sidati Maelainin (Tinduf, 27 años), conocido como Silas desde pequeño. Sus abuelos, con sus padres cuando eran niños, escaparon en 1976 de Dajla, la antigua Villa Cisneros, a raíz de la ocupación del ejercito marroquí. Huyeron hasta Argelia, donde nacieron Silas y sus tres hermanas. «Toda mi infancia la recuerdo con mucho cariño. De pequeño vives en una burbuja en la que no te das cuenta absolutamente de nada», rememora. Cuando tenía 10 años, en uno de los veranos que pasó en España a través del programa Vacaciones en Paz, una familia de Torrelavega decidió que se quedara, para tener una vida mejor y, sobre todo, unos estudios. Más adelante llegarían sus progenitores y sus hermanas, con los que se instaló en el País Vasco. «Ya llevo 17 años», cuenta el jugador que esta temporada se ha convertido en extremo derecho del Somozas.

La trayectoria futbolística de Silas dio inicio en la Gimnástica de Torrelavega, pasó al Indartsu juvenil cuando sus padres llegaron a Bilbao, y continuó en el Laudio, el Sestao, el Real Unión y el Leioa, donde estaba cuando recibió la llamada de Míchel Alonso, técnico del Somozas. Es, por lo tanto, la primera vez que se aleja tanto de casa. «Por ahora está siendo una experiencia bastante buena. El Somozas es un club muy familiar, en el que uno está muy a gusto, porque te dan todas las facilidades del mundo para que puedas desempeñar tu trabajo», valora. Para su llegada también tuvo que ver el fichaje de dos excompañeros suyos del Leioa, Fran Sota y Aitor Aldalur, por el Racing de Ferrol. De hecho, viven en Narón muy cerca los unos de los otros.

Él y Mustafá, también nacido en Tinduf y delantero del Mérida en Tercera esta campaña, son los únicos saharauis de las categorías altas del fútbol español. «Al fútbol le estoy agradecido por ayudarme a amoldarme a un país diferente, en el que no conocía a nadie y en el que al principio estaba sin mi familia. En ese sentido, el deporte fue una vía de escape para llevar más fácil el estar a miles de kilómetros de casa», reflexiona Silas que, eso sí, deja claro que su prioridad «siempre ha sido la de tener unos estudios». El jugador se graduó en el 2015 en ADE, y tiene dos años de Farmacia, una carrera que le gustaría terminar más adelante «Se me fue dando bien, tuve la suerte que le faltó a muchos de mis amigos y me siento un privilegiado por ello», subraya.

«Queremos tener libertad»

El extremo del Somozas visita los campamentos de refugiados de Tinduf todos los veranos. Allí siguen viviendo familiares y amigos suyos, con la sensación de que la resolución del conflicto «sigue igual de estancada» que cuando él se vino a España hace 17 años. «Es el tercer mundo, están abandonados de la mano de Dios. Solo podría decir que la alimentación básica, la higiene o la sanidad han mejorado un poco, pero todo continúa siendo muy precario en comparación con esto», explica, y transmite un mensaje en nombre de sus compatriotas: «Queremos volver a nuestro país para que la gente que está ahora en medio de la nada pueda salir, tener aspiraciones, ver a los familiares que no ha visto nunca. Decirlo hoy en día suena algo fuerte, pero queremos tener libertad, poder ser libres en nuestro territorio».

Mientras tanto, Silas sigue demostrando sus dotes en el fútbol español. Con el Somozas ha jugado en todos los partidos de la liga de Tercera este año. Por ello, está deseando que sus padres y sus hermanas puedan venir a verlo. «Me apetece que conozcan esto, aunque de Bilbao a As Somozas no se van a mudar», bromea con una sonrisa para concluir.

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