El crac gallego que el Barça no cuidó

Es el único Balón de Oro español hasta el momento, pero muchos jóvenes aficionados desconocen que existió otro Luis Suárez: el crac gallego que en la década de los 60 el club blaugrana no supo cuidar


Vicente Leirachá recuerda cómo Luis Suárez entró en el Deportivo: «A los 14 o 15 años, el chico jugaba al balón que lo quemaba. Era algo digno de ver, tan flaco y menudito y cómo llevaba la pelota sin mirarla, con la cabeza alta, estudiando la posición de los compañeros». En el libro Luisito, el balón de oro que el Barça no supo apreciar, escrito por Gil Carrasco, el veterano periodista es una de las muchas voces que se alzan para recordar la grandeza del jugador coruñés, que debutó en el Barça en 1954, con tal solo 18 años. 

El autor intenta desvelar por qué el gallego que tiene en sus manos el único balón de oro de España no fue suficientemente valorado por el equipo culé en su época: «Cuando Suárez llegó al club, los blaugrana eran mayoritariamente kubalistas y gran parte de ellos veían en aquel gallego delgaducho y decidido una amenaza directa para su dios». A pesar de todo, Carrasco destaca la buena relación que había entre Suárez y Kubala, y explica que «esa atroz división entre kubalistas y suaristas fue catastróficamente perjudicial para el Barça, como lo sería hoy en día la formación de un bando messista y otro xavista (o iniesista)». El propio Suárez recuerda que, cuando entró en el equipo «la gente empezó a tomarla conmigo, aunque o no jugaba en el puesto de Kubala, ni estaba enfadado con él. No era Kubala o yo, al menos así lo entendía». 

Pero lo cierto es que el Barça nunca reconoció suficientemente al futbolista, y las nuevas generaciones conocen hoy a otro Luis Suárez, por eso quienes, como Arsenio Iglesias, conocieron su grandeza, quieren poner su granito de arena para reconocerlo. «Hombre, ?explica en el libro? Suárez ha sido el jugador más importante del fútbol español. Tenía un talento fuera de lo común. Era un privilegiado, con una gran visión del juego. Despuntó enseguida. Solo le faltaba endurecerse».

Cuando Suárez debutó en el club blanquiazul, el 2 de mayo de 1954, con 18 años, el entrenador Josep Samitier sí supo ver su talento, y llegó a asegurar que «este mocoso hará olvidar con su clase los nombres de César, Kubala y el mío propio». El coruñés recuerda que para él fue aquel debut fue «como un sueño. No me salieron bien las cosas pero Samitier, al final del partido, me animó mucho, y eso me tranquilizó».

Quizás quien más le animó en su etapa blanquiazul fuese Helenio Herrera, como explica el jugador Justo Tejada en el libro: «Fue Helenio Herrera el que se dio cuenta de lo que valía verdaderamente Suárez, pues le dio confianza, supo explotar sus cualidades e hizo de él un jugador fundamental para el Barça». Y el propio Herrera da su versión de las causas por las que el equipo culé no lo cuidó lo suficiente: «La clase fabulosa de esta muchacho solo había sido reconocida sin reservas por el sector más inteligente de la crítica. El catalán es sentimental y vive de recuerdos. La gente prefería la actitud sentimental-heroica de Kubala a la simplicidad y juventud de Suárez».

En el libro, además, se abordan las posibles causas de la venta de Suárez al Inter de Milán, pocos años después. «El caso es que, en 1961, las cuentas no le cuadraban a la directiva, la oferta del Inter por Suárez era muy jugosa (cuando Allodi habló de 25 millones de pesetas en el Barcelona no creían que fuera verdad) y Helenio Herrera seguía llamando al jugador para que se fuera con el a San Siro».  Y a San Siro se fue. Y allí se convirtió en el Dios del Inter y estuvo jugando hasta los 35 años y logró el reconocimiento que en España no había encontrado. «Soy ya como de la familia ?concluye Suárez?, aunque eso no impide que haya sitio en mi corazón para el Deportivo y el Barcelona». Todo un señor.

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