«Foreign tongues»: con discos así, larga vida a los Stones

FUGAS

Portada del álbum «Foreign Tonges», de los Rolling Stones.
Portada del álbum «Foreign Tonges», de los Rolling Stones.

Es un álbum innecesario, sí, y ahí radica la gracia: estos tipos siguen regalándonos momentos maravillosos porque sí

04 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Este verano se ha convertido en un deporte muy practicado poner a parir a los Rolling Stones con motivo de la salida al mercado de su último disco, Foreign tongues. Que si el álbum es absolutamente prescindible, que si desde Some girls (o Tattoo you los más generosos) poco tienen que aportar e, incluso, que da grima ver a unos octogenarios haciéndose pasar por jovenzuelos. Todo comprensible y con cierta verdad. Pero basta con escuchar una vez este último elepé (esta vez sí que puede que sea realmente el último... o no), para que todos los complejos y prejuicios desaparezcan. Vale que no es un nuevo Exile on Main Street —ningún disco merece semejante denominación y nada suena como los Stones de 1972, ni siquiera los propios Stones— y que no serán recordados por ninguna de estas canciones (algunas recuperadas de otras épocas), pero es que estamos hablando de una banda que no puede ser juzgada según los parámetros con los que se mide al resto de grupos. Es un álbum innecesario, sí, y ahí radica la gracia: estos tipos siguen regalándonos momentos maravillosos porque sí. El riff inicial de Rough and twisted con Jagger irrumpiendo desde atrás a grito pelado; lo gamberra que suena Divine Intervention aún siendo interpretada por una banda geriátrica; la cadencia clásica de Ringing Hollow (se la pones a un marciano y sabe perfectamente qué grupo es); la valiente versión de You know I'm no Good de Amy Winehouse, de la que salen sorprendentemente airosos; lo bien que parecen pasarlo tocando Beautiful Delilah, una vieja composición; y sobre todo, Some of Us, ese medio tiempo por el que Tom Petty habría dado su Rickenbacker que firma y canta Keith Richards con su voz de Keith Richards (y mandando a Mick a los coros). El guitarrista mantiene una capacidad sobrenatural de emocionar al oyente. Ya en A Bigger Bang, el disco del 2005, había hecho lo mismo con This Place is Empty, una canción de esas que ya no se hacen. Demasiadas alegrías en un solo disco como para discutir que los Stones siguen siendo la banda más grande del mundo. Será un elepé para completistas o material para fanáticos pero, escuchado el resultado, que Dios les dé mucha salud a estos señores.