Dulzaro: «A nivel de música tradicional, Galicia nos lleva 20 años de ventaja»

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Punta de lanza de la contemporaneización del folklore castellano, el vallisoletano actúa el ´sabado 29 en el festival Ponte Farruca, en Laza

28 ago 2026 . Actualizado a las 22:09 h.

En Galicia lo conocimos por Un labradorito, la preciosa canción que grabó con Mondra sobre el romance entre un gallego y un castellano. A partir de ahí descubrimos Ícaro, un disco fascinante y paradigmático en cuanto a la actualización del folklore castellano bajo el ropaje del pop y la electrónica. El vallisoletano Dulzaro, nombre artístico de Alberto Domínguez Buitrón (Valladolid, 1994), será, mañana, uno de los atractivos centrales del festival Ponte Farruca, que se celebrará este fin de semana en Laza (Ourense) y el que también actuarán Xosé Lois Romero & Aliboria, Pappaquino o Svetlana, entre otros.

—¿Hasta qué punto son importantes estos festivales que se desarrollan en entornos rurales como el Ponte Farruca?

—Es un tipo de festivales con los que yo me identifico mucho porque mi proyecto nació en los pueblos. De hecho, los dos primeros años solo toqué en pueblos y fue gracias a eso que sobrevivió. Así que este tipo de festivales, aparte de ser necesarios, los tengo muy interiorizados porque es de donde vengo y lo que he hecho siempre.

—¿Cómo se lleva el mundo tradicional con el entorno LGTBI?

—Bien. Yo no he tenido nunca ningún problema. Siempre cuento que en un concierto, la primera vez que dije la palabra maricón se fueron varias personas de las primeras filas, pero eso para mí no fue un problema, sino una lección. Aprendí que lo que digo importa mucho. Y eso me hizo querer ser más visible y llevar todavía cosas más exageradas. Me hizo querer decir la palabra maricón muchas veces más y querer utilizar letras propias y muy explícitas.

—¿Por eso creó aquella camiseta en la que se podía leer «Castellano y maricón»?

—Es que en Galicia el problema es solo, a veces, ser maricón. En Castilla también es problema ser castellano. Tenemos un doble estigma. Un gallego te va a hacer saber continuamente que es gallego y te va a hablar con cariño de su tierra. Un castellano, no. Porque nadie se siente castellano, ni tenemos ese orgullo de serlo.

—En su canción con Mondra dice: «Como tú eres tan gallego y yo tan castellano, todo el mundo se sorprende cada vez que nos cantamos». ¿Aún existen prejuicios con las relaciones interterritoriales?

Un labradorito es una canción que tiene tanto humor.... Yo venía de cosas muy lorquianas y hacer esa canción con Mondra fue una liberación. Me hizo ver que la música también puede ser diversión y comedia. No tiene por que ser todo tan denso. Y esa frase me salió así, para exagerar un poco la historia que contamos. Pero no le doy más importancia. Además, yo me siento un poco gallego también. Tengo familia en Mugardos y en Ortigueira también y, siempre que puedo, me escapo por ahí.

—¿Hasta qué punto es referencial para Dulzaro lo que está pasando en Galicia con la música tradicional?

—Es una inspiración, desde luego. Para mí, artistas como Mercedes Peón o Davide Salvado son referenciales. En Galicia nos lleváis 20 años de ventaja respecto a esto que está pasando ahora en Castilla y León. Pero las modas pasan y al final lo que quedan son los artistas. Por eso, para mí es superimportante no ceñirme a un movimiento o a una tendencia. Porque no quiero tener miedo a poder experimentar y a hacer nuevos proyectos siempre que crea en ellos y que el público me acompañe.

—¿Y alguna otra colaboración gallega, aparte de la de Mondra?

—Me gustaría hacer algo con Ortiga, con Davide Salvado y, puestos a soñar, con Mercedes Peón. Así que Chico, David y Mercedes, si estáis leyendo... (se ríe).

—Si tuviera que explicar Galicia con una canción, ¿cuál escogería?

—La Muiñeira de Chantada. Esa melodía de la gaita me pone los pelos de punta. Eso para mí es Galicia cien por cien.

—¿Qué tal se lleva con los puristas?

—Es que yo voy tan a lo mío que ni le presto atención a eso. Pero bueno, habrá gente a la que no le guste y yo lo entiendo. Obviamente, la inspiración folklórica es lo que más me gusta, pero mi deber aquí es hacer canciones y eso va más allá de cualquier estilo o cualquier purismo.

—Ya está preparando su segundo disco, ¿va a ser completamente distinto a «Ícaro»?

—Sí, sí. Va a ser mucho más introspectivo. En Ícaro han predominado las coplas tradicionales porque quería darle valor a esas letras y dejé de lado mi parte de letrista, pero en el nuevo disco quiero que se conozca ya no tanto la tradición, que también, sino más a Alberto, así que las canciones serán 100 % de mi puño y letra.

—Y musicalmente, ¿también será diferente?

—Sí. La tradición siempre va a estar presente, pero quiero explorar otros sonidos. Estoy en un momento muy diferente al de hace dos años, cuando hice Ícaro.

—¿Cuáles son las influencias contemporáneas que le determinan ahora mismo?

—Cuando hice Ícaro escuchaba mucho a James Blake, Arka, Björk, Lady Gaga..., ese estilo de electrónica oscura con sonidos a veces un poco disruptivos me impactaba mucho. Ahora estoy en otro punto. Escucho mucho a Silvana Estrada, a Paolo Nutini y, por supuesto, a Amy Winehouse, que es mi artista favorita del mundo.

—¿Qué es mejor para mantener la tradición, meter las grabaciones en un archivo sonoro o hacerlas sonar a las 4 de la mañana en una rave?

—No sabría qué decirte. Pero yo sí que las pincharía. Como te digo, yo ahora mismo me encuentro en un punto en el que me interesa más dar una visión más introspectiva de quién soy. Respetando la tradición, pero también dando rienda suelta a todas las canciones que he escrito durante estos años. En el primer disco me permití honrar al folclore de mi tierra. Al final, yo estaba poniendo mi voz a letras que inventó una señora amasando el pan o un señor labrando. Y eso también es muy bonito, es una manera de manifestar respeto.

—A día de hoy, ¿hay algo más rabiosamente moderno que la tradición?

—Como todo está todo tan globalizado y ya se ha hecho de todo en la música, cada vez nos cuesta sorprendernos con algo. A mí me siguen sorprendiendo cosas sencillas. Siento que en la música lo importante es transmitir emociones y para lograrlo te puedes inspirar en la tradición, pero también hay gente que me inspira mucho que hace cosas muy nuevas que no tienen nada que ver con la tradición.

—¿Desde cuándo le viene la pasión por la música de raíz?

—Desde chiquitito. En mi pueblo, Boecillo (Valladolid), yo tenía de vecina a María Salgado, que es una cantante de folclore muy conocida en Castilla y León y que ha trabajado mucho con Joaquín Díaz. Un día, siendo yo ya un poco más mayor, me dijo que si realmente quería estudiar la tradición escuchase a Agapito Marazuela. Y desde entonces siempre ha estado en mí. Es una inspiración. Es cierto que ahora siento que cada vez soy más curioso y que esa curiosidad me puede llevar a otros estilos y a formas de hacer música.

—¿Qué cree que diría Agapito Marazuela si escuchase «Ícaro»?

—Cada cosa hay que entenderla en el contexto en el que se produce. Él era bastante creativo y como músico no puedes solo ceñirte a replicar o a imitar. Entonces, no sé si le gustaría o no, no sé si él es el público para este disco, pero creo que le parecería interesante.