Lua de Santana, una fusión mágica de ritmos y texturas: «Mi música es como sostener un jaspe rojo: recargada, fuerte, enraizada»

ALEJANDRO CASTILLO / M.V.

FUGAS

Lua de Santana posa en la imagen promocional de su disco.
Lua de Santana posa en la imagen promocional de su disco. GONZALO DE LEÓN

La artista de raíces hispano-brasileñas, que ha colaborado con estrellas como Duki y Nathy Peluso, estrenará un doble «single» en septiembre

28 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

A min Maalouf lo definió mejor que nadie: la identidad es un dibujo sobre una piel tirante, y basta con tocar una sola de esas pertenencias para que vibre la persona entera. En Lua de Santana (Madrid, 2001) esa tensión recorre el Atlántico de punta a punta: desde Vigo hasta el estado de Bahía, en el nordeste de Brasil. «Nací en Madrid, pero me crie en Vigo desde los 3 años. Tanto Brasil como Galicia son mágicos. Gracias al legado de ambas familias, as meigas y o axé están siempre presentes conmigo de una manera u otra», explica la artista con raíces afrodescendientes. Esa doble raíz define quién es, también cómo suena. Su acercamiento a la música viene de cuna y ha estado presente en toda su vida. «Siempre que pasaba tiempo con mi familia brasileña, me empapaba de música de todo tipo. Y a mi abuela murciana, Mari Carmen, le encantaban las clases de sevillanas o coro rociero en la iglesia. A veces me dejaba ir a verla», recuerda. Su primer amor, musicalmente hablando, fue el violín, que apareció de la mano de su profesora gallega de danza, Marisa Gutiérrez, justo cuando descubría su pasión por el baile.

En esta misma línea, explica el origen diverso y consciente de su nombre artístico: «“Lua” sin tilde porque, aunque es un guiño a mis dos hogares, mi nombre originalmente fue pensado con la intención de ser en portugués. “De Santana” es mi primer apellido por parte de mi padre y, aunque ahora lo llevo con mucho orgullo, es un resquicio de los “bautizos” que se les impusieron a las personas esclavizadas e indígenas en Brasil durante el período colonial», detalla. Las raíces que propician todos sus contrastes siguen tan presentes, como siempre, hasta en sus procesos creativos: «Las palabras de la poeta gallega Lucía Cernadas y la música del brasileño Tiganá Santana me están inspirando un montón últimamente».

TRANSFORMACIONES MÁGICAS

En la vida de un artista existe ese instante en el que el tiempo se detiene y todo cobra sentido. «Cuando vi a Beyoncé por primera vez en directo haciendo su gira para presentar Lemonade... me cambió la vida. Cuando cantó Freedom fue el momento exacto en el que supe que no había vuelta atrás de que me quería dedicar a esto», recuerda. Trabajó como camarera, community manager y modelo, pero siempre con la mentalidad de que serían cosas temporales. De Santana también vivió un tiempo en Londres, una ciudad que le permitió despegar la confianza en su voz y su potencial como artista. «Fue la primera vez que recibí el interés de grandes empresas musicales, lo cual me hizo pensar que nada era tan imposible ni lejano como parecía», confiesa. La dualidad, la contradicción, el deseo, las raíces y los secretos atraviesan su obra musical. Aun así, el rasgo más diferencial, según ella, es su épica: «Siempre busco crear una atmósfera concreta que incluya la percusividad de las melodías vocales y la fusión de diferentes géneros y lenguas». Para definir su estética y su puesta en escena recurre a la frase de Gabriel Lima, «una naturaleza mística que aparece en momentos de saturación del mundo real». Estudió Gestión de la industria musical antes de lanzarse como artista y, una vez ahí, se sintió horrorizada de cómo funcionaba el negocio de la música. «Hay muy poco amor al arte, poca inversión y demasiada presión para que los artistas hagan de todo menos música. A pesar de eso, me gusta que últimamente van contratando a más gente joven en estas empresas, pero me siguen faltando mujeres y gente no blanca». Y añade: «Somos muchas negras haciendo música en España, pero hasta ahora no teníamos demasiados referentes nacionales, con la excepción de Buika».

Ahora mismo, su sostenibilidad como artista está apoyada en los conciertos y la parte editorial. «Poder compartir mi música en directo, transmitir estas experiencias y abrir puertas para otras personas que, como yo, no son consideradas canónicamente españolas, lo es todo», afirma. Y hacia adelante mira con ilusión. Está trabajando el proyecto más internacional, tanto por la música como por el equipo. «Está planteado desde una visión cercana al libro de Neil Postman, Divertirse hasta la muerte. De acá saldrán dos de mis colaboraciones favoritas hasta ahora, ambas con dos mujeres que admiro mucho». ¿De dónde es Lua de Santana? «Como cantan Idir, Féfé y Leeroy: “Je viens de là où l'on m'aime” ('Vengo de allí de donde se me ama')», concluye.