Martín Torres, médico de emergencias que debuta en la literatura: «La realidad de urgencias es más cruda que en mi novela»

VIRGINIA MADRID

FUGAS

Martín Torres, médico, acaba de publicar su primera novela.
Martín Torres, médico, acaba de publicar su primera novela. Cristina Reche

El sanitario publica un «thriller» impactante sobre una serie de atroces crímenes en un hospital

07 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Martín Torres (La Rioja, 1983) ha cambiado el uniforme verde de médico por unos vaqueros, camiseta blanca y unas deportivas. Acaba de debutar en la literatura con La enfermera, en la que narra el caos, la tensión emocional y los dilemas extremos que se viven a diario en un hospital en tiempo real. Sophie y Viso, los dos protagonistas de este «thriller», son personas heridas, con secretos, que se verán envueltos en una oscura y peligrosa trama. —Eso es. Están construidos de un montón de pedacitos de personas que han ido pasando y pasan por mi vida. Ella encarna la heroína aventurera, con un pasado trágico, y Víctor Viso es el Ulises que vuelve a casa después de años fuera y se enfrenta a su destino. Lo único que comparto con Viso, es que a ambos nos gusta el café.

—¿Ha sido difícil lidiar entre la realidad de lo que ve a diario en urgencias, la inverosimilitud de los casos y el respeto a los pacientes para que nadie se viera reflejado?

—Sí, por eso, al principio advierto de que todos los casos clínicos y procedimientos, incluso los más macabros, relacionados con los asesinatos son reales, por increíbles que parezcan. El día a día en urgencias es mucho más cruda que los fragmentos más salvajes de mi novela. Los que trabajamos ahí contemplamos la condición humana al completo: el dolor, la angustia, el miedo, la rabia, la tristeza... No hay artificios, ni engaños, como en la literatura, en este oficio contemplamos cara a cara la vida. Mi objetivo era crear algo impactante para los lectores, en un entorno que desconocen, cómo es el funcionamiento interno de un hospital, y que resultara creíble, entretenido y respetara la privacidad de los pacientes.

—Define urgencias como un campo de batalla.

—Es así. Nuestro escenario es hostil y duro y prima la inmediatez. Intentamos poner orden en el caos. Este servicio te obliga a tomar decisiones, que pueden afectar a la supervivencia del paciente en horas, o en el peor de los casos, en minutos. Y esa tensión mantenida durante 12 o 24 horas, son picos de estrés constante que afectan mucho a la salud mental. Lo sano es no llevarse los casos a casa, pero a veces es complicado.

—¿Escribir es su terapia para sobrellevar la carga emocional de su oficio?

—No lo sé. A lo largo de las más de 500 páginas, he incluido los casos que más me han impactado de los últimos años, los que se vienen a casa conmigo, y les doy vueltas en mi cabeza, y es cierto, que, después de abordarlos en la novela desde otra perspectiva, pesan menos y se digieren mejor.

—¿Cuál es el que más le ha impactado?

—Hay muchos. Pero, te diría que con el que comienzo la novela. Una mancha inmensa y espesa de sangre que avanzaba lentamente por el suelo inundando el ambiente de un denso y un penetrante olor a metal. No cuento más para no hacer espóiler.

—¿Sus compañeros del hospital han leído ya la novela? ¿Alguno se ha visto reflejado?

—Mi equipo ya la ha leído y les ha gustado mucho. Estoy recibiendo mensajes muy bonitos en nuestro chat del hospital. Algunos, incluso, me comentan casos concretos o me subrayan algunas frases, porque he escrito sobre mi día a día y, claro, les suena y me lo dicen siempre en positivo y entre bromas. Concretamente, el equipo de enfermería, que siempre es el gran olvidado de esta profesión, me ha comentado que sale muy bien reflejado y es algo que agradecen.

—¿Qué es lo mejor de ser médico de urgencias y lo mejor del trabajo de escritor?

—Sin duda, lo mejor de ser médico es cuando salvas una vida, es un regalo. Los gestos y las palabras de agradecimiento de los pacientes me dan aliento y me enternecen. Y lo mejor de escribir es que eres tú el que decide lo que va sucediendo en la trama, lo que viven los personajes, algo que en la vida real es impredecible.

—¿Se le ha colado algún gazapo, como suele ocurrir en las series de médicos y algún compañero médico se lo ha cazado?

—¡Ja,ja,ja! Eso es algo que me preocupó desde que me puse a escribir. El imprimirle el toque serio y profesional del oficio y darle el mayor rigor y credibilidad, evitando caer en exageraciones ficticias. Como te dije, la realidad supera con creces la ficción.

—Lo suyo es más que vocación, ¿verdad?

—Yo de chaval soñaba con ser Indiana Jones o MacGyver. Me encantaban las aventuras. Pero fíjate, mi madre conserva aún una redacción escolar en la que escribí que: “Sería el médico que atiende en los accidentes”. Y acerté de pleno, porque es habitual. Me apasiona mi trabajo en urgencias, porque es una labor de equipo, que funciona como una maquinaria bien engrasada en la que cada pieza es fundamental y todos aportamos. Por eso, desde el principio, quise reflejar el buen hacer del equipo de enfermería, anestesistas, cirujanos… Cuando un paciente entra por urgencias, todo el equipo trabaja para saber qué le sucede en el menos tiempo posible y en cómo podemos ayudarle a que se encuentre mejor.

—Cuando sale cansado de una guardia de más de 12 horas y llega a casa, ¿se engancha a alguna serie de médicos o prefiere cambiar de género?

—¡Ja,ja,ja! Pues aunque esté saturado por haber pasado un día intenso en el hospital, las series de médicos y hospitales me apasionan. Algunas están repletas de clichés o disparates médicos. Una que me encanta, porque está muy bien hecha, es The Pitt, y la mítica Urgencias, por la que conocimos a George Clooney, es otra de mis favoritas.

—¿Un libro que le haya inspirado?

—Hay muchos. Pero, me quedo con El largo adiós, de Raymond Chandler. Es fantástico y deja huella.

—¿Un referente en su vida?

—Mi padre, por todo lo que me ha enseñado y por su forma de afrontar la vida.