La Pegatina regresa a los escenarios: «El disco es más rumbero y vuelve a nuestra esencia»

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El grupo La Pegatina
El grupo La Pegatina

El grupo catalán vuelve tras un tiempo de parón con un álbum enfocado al directo y a recuperar aquello que les hizo felices

31 jul 2026 . Actualizado a las 15:34 h.

La Pegatina vuelve a los escenarios y, cómo no, hace parada en Galicia. Este clásico de la música mestiza y la rumba aterriza este sábado en el Son Rías Baixas. Un escenario que conocen desde los tiempos del Troula na Banda. La banda catalana, además, regresa con nuevos disco, Fuegos de Barrio, después de un necesario parón que les ha valido para reencontrarse con la esencia de Maricarmen, de su Gat Rumberu y de aquel modo de entender la vida que les hizo felices y exitosos. Vocalista y guitarrista, Adrià Salas (Barcelona, 1985) es una novena parte del grupo.

—¿De qué les ha valido este parón?

—Ha servido mucho para vernos desde fuera y decir: «¿Qué estamos haciendo?». Nos dimos cuenta de que habíamos estado yendo hacia donde quería la industria. En el sentido de sacar singles cada mes, de hacer música enfocada a los jóvenes o a que te pongan en las radios. Hemos visto que no es lo queríamos hacer nosotros, y no pasa nada. No es nuestro camino y no es ningún drama. Tenemos que hacer lo que nos apetezca, que es lo que al final nos conecta con nuestro público.

—¿Ha sido clave para que nazca este disco?

—Sí, es más rumbero y vuelve a la esencia de los inicios. Tiene una producción más sencilla. Nos lo hemos pasado muy bien haciéndolo, haciendo canciones que luego podemos tocar en los directos. Porque nos pasaba que teníamos temas que nos gustaban mucho grabados, pero no entraban en los conciertos porque no tenían sentido dentro del repertorio.

Entiendo que ahora vivirán el grupo de otra forma.

—Hemos visto formas de conciliar y no dar el 100 % de nuestra vida al grupo. Hemos hecho eso muchos años, pero igual podemos vivir más tranquilamente sin ese FOMO [Fear of Missing Out, 'miedo a perderse algo en inglés'] constante. Cuando un curro como este se vuelve en algo esclavizante no tiene sentido.

En vuestro concepto de barrio hay mucha reivindicación y casa con los tiempos que vivimos, que son distintos a cuando empezasteis.

—Bueno, lo veo parecido. Cuando empezamos en el 2003 hubo una inmigración muy potente desde el norte de África y Latinoamérica, y ahora hay otra ola. En aquel momento era lo mismo que ahora. Se hablaba muy mal de la gente migrante. Se les vinculaba a la delincuencia y a la violencia de género, cuando está demostrado que no proviene de la población migrante. Creo que el momento es más duro ahora porque la ultraderecha está acechando en toda Europa. Hay muchas similitudes, pero es un todo un poco más rudo ahora.

—¿Ve usted más normalizados los discursos radicales?

—Internet ha normalizado cosas que no deberían estarlo. Hay nichos a los que no puedes llegar desde los medios generalistas y que apuestan por ir a los jóvenes y venderles la moto de que el feminismo está pasado de moda y que hay que ser clasista y racista. Están educando a nuevos votantes de modo que van a acabar radicalmente a la derecha y aceptando nuevas desigualdades.

—En vuestros inicios también cabe Galicia. ¿Cómo recordáis vuestros primeros viajes?

—Al principio fuimos a algún festival porque eran de amigos nuestros. Fuimos al Troula na Banda, que ahora es el SonRías Baixas. Era un momento que nuestro primer disco se viralizó a través de Fotolog, Myspace y Emule. De repente teníamos gente que nos quería en Galicia. Entonces, con las ayudas del IGAEM, entre otras, pudimos hacer una gira de salas. Estuvimos en el Liceum de O Porriño, en el Aturuxo de Bueu o en el Auirense de Ourense. Dormíamos todos en colchonetas en casa de los abuelos de Rubén [Sierra, guitarrista de La Pegatina] en Loiro. Con lo que ganábamos de vender cuatro camisetas nos pagábamos la gasolina e íbamos tirando.