Maria Rodés: «A las mujeres de mi generación nos inflaron la cabeza desde niñas con el ideal del amor romántico»
FUGAS
La sublime cantante y compositora catalana actúa el viernes 31 en el marco de la programación del Sinsal Camiño Portugués
30 jul 2026 . Actualizado a las 17:15 h.Una sensibilidad extrema, un afán creativo vivaz e inquieto y una singular habilidad para hacer confluir en su personalidad musical sonoridades muy diversas han propiciado que Maria Rodés (Barcelona, 1986) haya firmado algunas de las canciones más lindas que en la última década se han publicado en ese fascinante territorio sonoro en el que el pop se topa, en fértil armonía, con las músicas de raíz.
Desde aquella atrevida delicia que fue Maria canta copla (2014) hasta su más reciente trabajo, Lo que me pasa (2025), la cantante y compositora ha ido tejiendo un universo sonoro tan personal como profundamente cautivador, que en cada disco se manifiesta desde una perspectiva diferente.
Será precisamente Lo que me pasa el eje central en torno al que gire el concierto que Maria Rodés ofrece este viernes 31 en Vigo (Kaleido Logistics), en el marco de la extensión de la programación que hasta el domingo desarrolla el festival Sinsal. Un concierto en el que se presenta en formato trío, con Isabelle Laudenbach, con guitarra española; Adrià Sererols, con teclado y sampler, y ella, con guitarra acústica y voz.
—«Lo que me pasa» está inspirado en el trastorno de erotomanía de Lidia de Cadaqués, ¿cómo dio con esta historia?
—La descubrí mientras hacía un disco inspirado en las brujas, porque ella era la hija de la última bruja de Cadaqués. Lidia fue una mujer que en los años 20 se enamoró de una forma idealizada del escritor Eugenio d'Ors y esperó toda la vida a que él regresara a ella, cosa que nunca sucedió. Pero en su cabeza esa historia de amor siguió pasando. Hasta el punto de que cuando él escribía sus crónicas en el Diario de Cataluña, ella pensaba que eran cartas de amor cifradas. Esa historia me llamó mucho la atención, a partir de ahí investigué y descubrí que tenía el trastorno de la erotomanía, que es un tipo de locura en el que la persona cree que tiene una relación de amor con alguien que igual ni siquiera sabe que existe. Y eso me llevó a la preadolescencia, porque me acordé de que cuando somos pequeñas, antes siquiera de saber lo que es el amor romántico, también desarrollamos historias de amor con, por ejemplo, los actores del momento que nos gustan. En mi caso eran Brad Pitt o Leonardo DiCaprio y de alguna forma ya fantaseaba con el amor de una forma como muy idealista, porque todavía no lo había vivido. Entonces, en el disco quise hacer una especie de juego de espejos entre esa forma de amar delirante, como fue el caso de Lidia de Cadaqués, y esa forma de amar que tenemos cuando somos adolescentes y todavía no sabemos lo que es el amor pero nos lo imaginamos.
—En un texto que publicó antes de que saliera el disco hablaba de «aquella niña que sentía demasiado». ¿Es intensita?
—Esa es una palabra que no me gusta demasiado. Lo que me pasa no es un disco crítico contra el amor romántico. Hay gente que lo ha interpretado así y no era mi idea. Lo que sí quería subrayar era que a las mujeres, por lo menos en mi generación, desde niñas nos inflan mucho la cabeza desde muchos lugares distintos (los cuentos, las revistas, las películas...) con que hay que alcanzar la meta de conseguir el amor de tu vida, casarte y final feliz. Entonces, cuando se le dice a una mujer que es intensa o que lleva mal un despecho, para mí es como que hay muy poca empatía hacia esa vulnerabilidad que arrastra, quizá porque desde pequeña la han machacado con ese objetivo vital.
—Hablamos del amor como una gran máxima en nuestra vida, pero, en muchas ocasiones, la grandeza de la vida proviene de una sucesión de pequeñeces juntas. ¿Cuáles son esas pequeñeces que a Maria Rodés le engrandecen la vida?
—No sé si llamarles pequeñeces, pero mi objetivo es acumular el máximo de buenos momentos posibles. Que es cierto que no tienen por qué ser grandes cosas. Al final, nuestro objetivo en la vida es ser felices y en mi caso lo consigo acumulando esos momentos de bienestar, que para mí tienen mucho que ver con la tranquilidad, con estar en calma y con estar rodeada de amigos y amigas.
—El disco tiene una idea argumental y hay un concepto que lo atraviesa entero, pero musicalmente es todo lo contrario, es supervariado.
—Yo siempre me inspiro en un concepto porque es mi motor creativo. Como ya he hecho varios discos, si solo hablara de mí y de lo que me pasa, sería aburrido. Entonces, me gusta inspirarme en historias ajenas. En este caso me inspiré en Lidia y en su amor obsesivo por este escritor e investigué el género del amor romántico a través de muchos estilos de música que han tocado ese tema desde lugares distintos: el pop, la bachata, la canción de autor, la bossa nova.... Me parecía que tenía sentido que convivieran en esta exploración del amor romántico.
—¿Mudar de piel en cada disco nace de una necesidad vital o es por temor a repetirse o aburrirse?
—Yo creo que tiene que ver con mi carácter. Tiendo a aburrirme de la repetición, por lo que en cada disco intento ponerme retos o estímulos creativos que me saquen un poco de mi sitio, de la famosa zona de confort, para estimular la creatividad. Por ejemplo, hasta este disco yo no había coqueteado demasiado con la electrónica, y el hecho de ponerme este reto hizo que salieran cosas distintas a las que habrían salido solo con una guitarra. Y para mí la clave es esa, encontrar elementos nuevos que me lleven a jugar.
—¿Hay alguna emoción a la que sea incapaz de cantarle?
—No me lo había planteado, pero me viene a la cabeza la ira. El enfado es lo que tengo más reprimido en mi persona y creo que eso es lo que más me costaría abordar en un disco.
—Le he escuchado decir que la música es terapéutica, ¿de qué le salva?
—Las personas que hacemos trabajos creativos somos personas que le damos muchas vueltas a las cosas y la música es una forma de canalizar y de procesar todos esos sentimientos. Tiene algo de catarsis. Por eso es una herramienta muy terapéutica. Es una suerte poder trabajar y, a la vez, sanarnos a través de nuestro trabajo.
—El viernes 31 actúa de nuevo en Galicia, ¿cómo es su relación con nuestra tierra?
—Mi pareja es gallega, así que ya te puedes imaginar que tengo un vínculo muy estrecho con vuestra tierra. Fuera de Cataluña, Galicia es de los sitios en los que más he actuado. Creo que por mi temperamento tengo muchas afinidad con la cultura gallega y me encanta. De hecho, siempre está en el aire la idea de irnos a vivir a Galicia.
—¿Cuál es su palabra preferida en gallego?
—Meiga.
- VIGO. KALEIDO LOGISTICS. VIERNES 31. 22.30 H. 19 EUROS