El escritor Santiago Díaz regresa con nueva novela: «Interesa la maldad y qué lleva a alguien corriente a cometer un crimen atroz»

VIRGINIA MADRID

FUGAS

EFE / Rafael Peña

El autor madrileño vuelve con una nueva entrega del subinspector Jotadé: «No puedo bajar el nivel. Los lectores se las saben todas y quieren que les enganches desde la primera página»

31 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Es muy exigente consigo mismo, no cree en la inspiración, sino en el trabajo frente al ordenador y reconoce que es muy malo para poner los títulos a sus novelas. Santiago Díaz, (Madrid, 1971) ha irrumpido con fuerza en el noir español con miles de lectores desarrollando una carrera literaria meteórica: «Me siento muy agradecido por todo lo que estoy viviendo y por eso a veces me entra el síndrome del impostor. Pero, detrás de cada novela, hay mucho curro». Tras Talión, con la que debutó hace ya ocho años, triunfó con la serie de Indira, y hoy el madrileño es todo un referente en el thriller patrio, aunque persigue un nuevo objetivo: «Mi sueño ahora es escribir otra novela histórica y que conquiste a los lectores».

­—Regresa con «El amo», un nuevo caso para el peculiar subinspector de policía

Jotadé. ¿Siente más nervios o tras el éxito de la primera entrega ya va sobre

seguro?

—Nervios hay siempre, aunque haya gustado mucho la anterior. Siento inseguridad, presión y a veces me acecha el famoso síndrome del impostor, porque tienes que estar a la altura de lo que los lectores esperan descubrir. No puedo bajar el nivel. Los lectores se las saben todas y quieren que les enganches desde la primera página. Por los comentarios que estoy recibiendo, estoy muy contento y satisfecho con la acogida. Está funcionando mejor que la primera. El efecto Jotadé está calando y me siento muy agradecido.

­—¿Qué vamos a encontrarnos en esta nueva entrega?

—De nuevo, ritmo trepidante, mucha acción y giros que sorprenden y te incitan a seguir leyendo. La principal novedad es que el lector conoce quién es el asesino desde el principio. La clave aquí es descubrir el porqué y cómo lo hizo. Es un riesgo literario, porque al lector de novela negra nos gusta —y me incluyo— jugar a los detectives y descubrir al malo, al asesino, y eso suele suceder al final. Aquí cambio el punto de vista y ofrezco cómo se siente, qué pasos va dando, provocando así la complicidad con los lectores.

­—Juan de Dios Cortés, Jotadé, es descarado, incapaz de morderse la lengua, leal hasta la médula y gitano. Menudo personaje.

—Nunca mejor dicho. Surgió de las ganas de sorprender a los lectores. Un tipo campechano, que vive entre dos mundos, con un sentido de la justicia muy particular. Ser gitano le cierra las puerta entre los payos y entre su gente, ser poli tampoco está bien visto. Él intenta hacer lo mejor posible su trabajo, sin defraudar a los suyos y a veces la caga.

­—¿Qué le ha regalado Santiago Díaz de su carácter a Jotadé?

—Uf. No sabría qué decirte. Mis amigos dicen que a ambos nos gustan los chistes malos y que somos muy campechanos.

­—Humor, violencia y sexo, tres ingredientes que aliña en su justa medida en esta segunda entrega, pero sin pasarse.

—Procuro no pasarme, intento marcar un límite para no crear resistencia y que el que sostiene el libro lo abandone, porque siente rechazo. Prefiero que el lector se quede con mi protagonista hasta el final. También es cierto que la normalidad aburre, interesa la maldad y qué lleva a alguien corriente, con el que te puedes cruzar por la calle o en la escalera de tu casa, a cometer un crimen atroz.

­—Sus novelas son muy visuales, ¿le ha ayudado ser guionista durante más de 30 años en algunas de las series más populares de nuestro país como «El secreto de Puente Viejo», «Yo soy Bea» o «Malaka»?

— He escrito más de 700 guiones durante más de 30 años, no sé hacer otra cosa. Claro que me ha ayudado muchísimo mi oficio de guionista a la hora de escribir mis novelas. No parto de cero y eso se nota a la hora de perfilar personajes, tipos que puedes tocar y que son creíbles, crear tramas que enganchen y diálogos fluidos para que la historia vuele. Al principio, cuando saqué Talión, mi primera novela, y decía que era guionista, lo hacía con la boca pequeña, porque me daba un poco de vergüenza. Pero ahora, me siento muy orgulloso, porque ha sido un tanto a mi favor, ahí están mis ocho novelas publicadas con el éxito y el reconocimiento de mis lectores.

—Cuando inicia una nueva novela, ¿va creándola capítulo a capítulo o la tiene ya cerrada desde el principio?

—Al venir de la tele, tengo la novela planificada de principio a fin. De forma que tengo muy claro lo que quiero contar hasta la última página. Empiezo haciendo una escaleta previa, voy desarrollando la biografía de los personajes y voy dándole forma a las tramas. Lo que nunca tengo claro es el título. De hecho, soy muy malo para los títulos de mis novelas. Entre mi equipo de la editorial y yo lo decidimos.

—Se ha convertido en un autor superventas con una carrera meteórica. ¿Sorprendido?

—Sorprendidísimo. A veces sigo sin creérmelo, la verdad. Me siento muy agradecido por todo lo que estoy viviendo. Soy muy afortunado y un privilegiado. Pero, detrás de cada novela, hay mucho curro, muchas horas de trabajo frente al ordenador, corrigiendo constantemente. Soy muy exigente conmigo mismo, muy perfeccionista con cada frase que escribo, y doy el cien por cien de mí en cada historia. No creo en la inspiración, creo en echar horas frente al ordenador.

—¿Cuál es su objetivo cuando se sienta a escribir una nueva novela?

—Mi objetivo es que los lectores se lo pasen bien, que se entretengan, que disfruten, que no puedan dejar de leer. Pero si además, la historia te hace pensar, reflexionar, plantearte qué harías si estuvieses en la piel del protagonista... pues mucho mejor.

—¿A qué autores de novela negra les sigue la pista? ¿Quiénes son sus maestros?

—Para mí, el mejor es Pierre Lemaitre y su serie Irene. Es fascinante cómo escribe, su comisario es inolvidable, sus tramas te mantienen atrapado página a página. Es fabuloso. Coincidí con él en la Feria de Sant Jordi, estaba en la caseta de al lado, y no le reconocí, porque es un tipo que pasa totalmente desapercibido y es uno de los grandes de la novela negra. Y en nuestro país, admiro a Dolores Redondo, Mikel Santiago y Gellida, los tres son estupendos en el noir. Y me entusiasma la literatura de mi hermano Jorge Díaz, sobre todo, le admiro por Los números del elefante, es una novela fantástica y de las que se recuerdan.

—¿Esta pasión por leer y los libros nació en su infancia?

—De chaval solo leía cómics y devoraba series y telenovelas como Cristal, me flipaban. En cambio los libros no me atraían nada. Pero todo cambió, cuando con 15 años leí El cementerio de los animales, de Stephen King, a partir de esa novela descubrí el placer de leer. Sentí miedo, sorpresa, la incertidumbre del qué pasará. Ese carrusel de emociones hizo que me enganchara a los libros y devorara todo lo que caía en mis manos.

—El sueño de muchos escritores es poder vivir de la literatura. Usted ya lo ha logrado. Ahora qué anhela?

— Estoy feliz, porque mis novelas negras gustan mucho. Pero mi sueño ahora sería escribir otra novela histórica como Los nueve reinos y que conquiste a los lectores. Sería muy bonito.