La nueva novela gráfica del ganador del Premio Nacional de Cómic cuenta la historia de un recién divorciado que trata de navegar su nueva identidad durante un accidentado viaje a la Patagonia argentina
31 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Se habrán escrito miles de novelas sobre el fin de una relación y, sin embargo, parece que siempre tenemos hueco para un nuevo punto de vista. La intrínseca complejidad de las rupturas provoca que todos los separados encuentren su lugar bajo este amplísimo paraguas que, una vez más, sirve de refugio para paliar el duelo. La firma que se une ahora al club de los divorciados es la del escritor e ilustrador Paco Roca (Valencia, 1969), ganador del Premio Nacional de Cómic en el 2008.
En El Viaje (Astiberri Ediciones), Paco pasa a ser Fran, un hombre de mediana edad que acaba de dejar su relación con Susana, la madre de sus dos hijas. Fran aún guarda cierto rencor e incredulidad por la manera en que su ex lo ha dejado, rompiendo su familia. «AA Susana» ha perdido el puesto de contacto prioritario para pasar a ser «Susana Martín». Una más en la agenda.
Ahora Fran se encuentra varado en un aeropuerto de la Patagonia después de que su vuelo de regreso a casa —a la casa vacía, eso sí— se haya cancelado por el mal tiempo. En ese paraje aislado y solitario tendrá tiempo para regocijarse en los recuerdos que le quedan de su relación rota, para fijarse en las parejas que le rodean y juzgar su falta de comunicación y para intentar entender qué falló para que aquel cálido abrazo se enfriase.
La memoria, o más bien el eterno miedo a perderla, es siempre la gran protagonista de las obras de Roca. Desde la multipremiada Arrugas (2007) a La casa (2015), pasando por su anterior novela gráfica, El abismo del olvido (2023), explorar los peligros que conlleva olvidar siempre ha sido una obsesión del valenciano.
En esta ocasión se mezclan la memoria y sus afilados mecanismos, ya que Roca juega a representar tanto el recuerdo fidedigno como esos escenarios paralelos que a veces se crean en nuestra cabeza para intentar tapar una herida abierta. Ambos se plasman en esta novela con un curioso recurso: el flashback real —el que acabará derivando en separación— se tiñe de azul, mientras el clásico «¿qué hubiera pasado si...?» se representa en viñetas rosas que acompañan a las primeras y pintan un escenario más positivo. Si en el pasado hubo un mal gesto, el recuerdo corregido dibuja una cara empática. Donde en su día hubo un «me voy yo sola», ahora aparece un «te acompaño» como respuesta.
¿Habría acabado este universo rosa de la misma manera? ¿Se habría salvado así la relación? No hay muchas certezas en este cómic, solo la sensación de que en el desamor, al igual que sucede en los aeropuertos, esperar que el tiempo pase es siempre nuestra mejor opción.