Frente al deslumbramiento por los algoritmos, César Rendueles examina cómo la tecnología refleja los vacíos de la sociedad. Un análisis lúcido sobre la necesidad de recuperar la política para no quedar a la deriva del progreso corporativo.
24 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Un desencanto profundo recorre el mundo. Nos hemos saturado de las redes sociales. Lejos de resolver los problemas de la comunicación, los han complejizado. Lejos de acortar las distancias, nos han aislado con mayor fuerza. Y lejos de empoderarnos, nos han dejado a la deriva de grandes corporaciones que explotan nuestros datos para mantenernos cautivos. Internet y el ecosistema digital han pasado de la promesa al hastío. La tecnología se ha convertido en «una pesadilla, en el pozo del infierno». El autor sostiene que el ciberutopismo y el cibercatastrofismo no son posturas opuestas, sino dos caras de la misma moneda. Ambas comparten el mismo vicio de origen: el fetichismo tecnológico. Es decir, la tendencia a atribuir a las máquinas un poder autónomo y casi mágico para transformar —para bien o para mal— la vida social.
Lo más valioso del ensayo es precisamente su negativa a hablar de algoritmos, plataformas o modelos de lenguaje como si fueran agentes con voluntad propia. Rendueles prefiere preguntarse por qué depositamos en la tecnología digital una carga simbólica tan desproporcionada, y encuentra la respuesta en el terreno de los afectos colectivos: vivimos, escribe, un tiempo de pasiones tristes —pasividad, miedo, rencor— que necesita objetos donde proyectarse.
Al despertar del sueño de Morfeo, la realidad nos golpea tras la cortina del progreso digital con corrientes que acechan directamente a nuestras democracias: criptobros, negacionistas climáticos, multimillonarios narcisistas, incels incubados en los agujeros oscuros de la machosfera, líderes comportándose como verdaderos lunáticos y figuras públicas reducidas a meros títeres del poder.