No se han desprendido de la nostalgia ni de sus icónicas camisetas, pero tras dos años de parón, retornan más vitalistas y felices que nunca. En el SonRías Baixas se encargarán de atestiguarlo
31 jul 2026 . Actualizado a las 15:33 h.Pocos grupos son capaces de transmitir honestidad como lo hace La M.O.D.A. Aunque a veces duela, que decía el cantor. Sin despegarse de sus raíces pero con una mirada más luminosa, el grupo ha roto dos años de silencio con San Felices, un disco que en su título lleva un guiño a su tierra —así se llama un barrio de Burgos— pero también una carta de renovadas credenciales. Lo atestiguan en cada uno de los conciertos de su nueva gira. El próximo será el sábado 1, en el festival SonRías Baixas, en Bueu.
—¿Por qué decidieron parar?
—Porque llevábamos 13 años sin descansar ni un día, encadenando giras, ensayos, composición, viajes... Lo necesitábamos. No negaré que nos daba miedo por si el público después ya no se iba a acordar de nosotros o por si todavía tendríamos algo que decir, pero nos ha sentado muy bien. El nuevo disco está funcionado y a la gente le encantan las nuevas canciones. Me atrevo a decir que estamos en el mejor momento del grupo.
—¿Es más difícil subir o bajar?
—Todo tiene su dificultad, pero creo que lo más difícil es mantenerte en el llano.
—Cuando publicaron «Ninguna ola» nos dijo que «era una celebración de la derrota». Este «San Felices» es todo lo contrario.
—Sí, este es una celebración de la vida. Lógicamente, tenemos siempre ahí nuestra identidad y nuestras letras quizá no sean las más optimistas del mundo, pero en el contexto de nuestra trayectoria sí creemos que en este disco hay mucho de celebrar el estar aquí y estar bien.
—Venían de grabar con Gorka Urbizu y con Raül Refree, ¿por qué eligieron a Carlos Raya para producir este disco?
—Era un disco en el que había una mayor predominancia de las guitarras eléctricas y queríamos probar a sonar más luminosos, porque las letras y las canciones van en ese sentido. Trabajar con Carlos ha sido fantástico y estamos muy contentos con el resultado.
—«No te olvides de dónde vienes» es el mantra que corean en su himno «Los héroes del sábado». ¿Es algo que todavía necesitan repetírselo para tenerlo presente?
—Nunca nos lo hemos planteado. No le damos muchas vueltas a lo que escribimos. Nos basta con ser sinceros. Aun así, por supuesto, cada vez le damos más importancia a nuestras raíces, a nuestra tierra y al mundo que nos rodea. Una de las cosas más importantes que hemos conseguido es no despegarnos del suelo, seguir en nuestro barrio y con nuestra gente.
—¿Está La M.O.D.A. escribiendo una crónica sentimental de la Castilla o del Burgos contemporáneo?
—Eso nos lo tenéis que decir los que lo escucháis desde fuera. Nosotros escribimos de lo que nos sale y no tengo ni idea de lo que estamos haciendo. En cualquier caso, nuestra música, aunque hable mucho de nuestra tierra, tiene una vocación más abierta. Donde nosotros hablamos de nuestro pueblo, la gente pone el suyo. Donde nosotros hablamos de nuestra abuela, la gente se acuerda de la suya.
—Lo que parece indudable es que la periferia tiene cada vez más presencia en la escena musical española.
—Y es una noticia buenísima. Es muy bonito ver como en eso que han llamado la España vaciada o las ciudades de provincias, cada vez hay más grupos y más artistas. Eso aporta mucha personalidad a la música española porque cada uno da su visión y en esa variedad cultural está la riqueza de este país.
—Siempre dice que las canciones les sirven para sacar lo que llevan dentro. ¿Qué lleva dentro hoy La M.O.D.A.?
—La ilusión de aquel día de febrero, con cinco grados, cuando nos juntamos por primera vez en el garaje del padre de Joselito. Llevamos muchas ganas y muchas cosas que decir. Y llevamos el orgullo de haber aprendido este oficio a base de muchos kilómetros, mucho curro y muchos conciertos. Nadie nos ha regalado nada.
—¿Es la honestidad un bien cada vez más escaso en el mundo de la música?
—Siempre hemos intentado ser sinceros con nosotros mismos y con el público, y no vender humo. Para nosotros lo primero siempre han sido las canciones y los conciertos. Nunca hemos tenido grandes expectativas ni ambiciones de tiburón. Hemos ido paso a paso y quizá ese ha sido el secreto del grupo. Cuando nos juntamos pensábamos que la banda iba a durar 15 días y aquí estamos, 15 años después.
—Y con el mismo uniforme.
—Las camisetas son un homenaje a nuestros abuelos y a esa sencillez castellana que esconde mucha grandeza y mucha complejidad. Es como nos hemos criado. Es lo que hemos visto en casa. No haber tenido lujos, pero haber tenido siempre el cariño de los tuyos. Algo que consideramos que vale mucho más que todo el oro del mundo.
—Titula una canción «Los tiempos que vivimos serán los mejores». ¿Cuáles han sido los mejores tiempos de su vida?
—Esa canción es nuestro homenaje a todo lo que hemos vivido, pero siempre pensamos que lo mejor está por llegar. Esa ha sido nuestra mentalidad desde el principio. Aunque en las letras abramos mucho la ventana a la nostalgia, ahora más que nunca, estamos convencidos de que lo más bonito está por llegar.
—Esa canción tiene una frase demoledora: «Existir es el premio por morir».
—Me alegra que lo veas así. Nosotros escribimos hablando siempre de nuestra manera de entender el mundo y lo que nos rodea y no deja de sorprendernos que la gente conecte con cosas tan personales.
—No le voy a preguntar por sus influencias musicales sino por las literarias. ¿Qué escritor le ha hecho ser el músico que es hoy?
—No creas que soy yo un lector empedernido. Siempre tengo presentes a Antonio Machado y a Lorca, pero nuestras familias, nuestros abuelos y abuelas, nuestros pueblos, nuestros barrios y la gente del día a día me han influenciado mucho más que ningún escritor de por ahí.
—Su próximo concierto en Galicia será en el festival SonRías Baixas, un festival con el que mantienen estrechos vínculos casi desde sus inicios.
—Podríamos decir que, en general, mantenemos muy estrechos vínculos con Galicia. Nuestro primer concierto fuera de Burgos fue en A Coruña, en el Tío Ovidio, y habría 50 personas. Pero desde ese día, Galicia como que siempre se ha quedado ahí, de forma muy especial en nuestra historia. Y luego hemos ido a tocar muchísimo y siempre con una conexión muy guay. En cuanto al SonRías, hemos vivido noches bien bonitas allí. Incluso en los momentos más complicados, como en la pandemia. Recuerdo que tocamos una noche que diluviaba y la gente aguantó todo el concierto sentada y lloviéndoles encima. Son momentos que recordamos con especial cariño. Por eso el SonRías siempre será una referencia para nosotros. Cada vez que saquemos un disco, nos gustaría estar en él.