Marc Ros, cantante de Sidonie: «Me gustaría tener 25 años para no ser el imbécil que fui cuando los tenía»
FUGAS
El grupo es un seguro de vida para cualquier festival. Lo saben ellos y lo sabe el 17º Ribeira Sacra, donde actúan el sábado 25 junto a The Divine Comedy
24 jul 2026 . Actualizado a las 10:30 h.«Debemos ser de los pocos grupos que después de 30 años aún generan interés. Porque el promotor sabe que cuando Sidonie vaya a su festival se van a entregar y todo va a ir bien», comenta Marc Ros, cantante, guitarrista y compositor de la banda, que el sábado 25 actúa en el 17° Ribeira Sacra.
—¿En qué punto está Sidonie después de publicar «Catalan Graffiti»?
—En un punto muy dulce, después de las cosas sorprendentes que nos han pasado. Y no todas buenas. Catalan Graffiti es uno de los discos que más molan de Sidonie pero quedará en la historia como el menos escuchado por el simple hecho de estar cantado en catalán.
—¿Y eso les ha sorprendido?
—No sabíamos que para una parte de nuestros fans lo de la lengua fuese tan crucial. Es un poco decepcionante enterarse de que algunos de nuestros fans escuchan música dependiendo del idioma. Es una cosa que a nivel cultural yo no acepto. Entiendo que después de 30 años un grupo pueda provocar hartazgo porque se repite o porque no investiga. Pero no es el caso. Catalan Graffiti es un disco muy, muy interesante. No se ha escuchado por puro prejuicio idiomático.
—Sidonie sigue presente en los carteles de muchos festivales, pero es incuestionable que hay un relevo generacional en esa escena, ¿cómo lo están viviendo?
—Lo estoy disfrutando, igual que disfrutaba hace tres o cuatro años cuando los nuevos grupos de guitarras irrumpieron en el panorama. A mí me flipan. Lo único que les envidio es su fortaleza física y el tener yo ahora 25 años para no ser el imbécil que fui cuando los tenía.
—Coincidiendo precisamente con la eclosión de esos grupos, el sonido de Sidonie se volvió más crudo. ¿No habrá sido una influencia a la inversa, que en lugar de que Sidonie influyese a esos chavales, ellos les influyeran a ustedes?
—Claro que ha sido así. Cien por cien. Y te lo digo claramente, sin ningún tipo de vergüenza. Y ojalá siempre sea así, que nos dejemos llevar por las cosas que están sonando ahora y que eso nos influya. No podemos permanecer sordos a lo que hace la gente. Nuestra intención siempre es la de captar el espíritu de cada época.
—Nunca ha escondido sus influencias. De hecho, algunas de ellas aparecen citadas explícitamente en sus canciones.
—Aparte de grabar discos, lo que más me gusta es sentarme con los chicos, con unas copas de vino y una buena comida, y hablar de música. Y ahí salen nombres todo el rato. Reconocer influencias nos parece como un juego. Es divertido. Pero sí que me he dado cuenta de que muchos músicos las esconden. Y sobre todo me pasa con grupos que se nota que tienen una influencia muy clara de otra banda. Dices: «Tío, todo el mundo está pensando en esa banda que tú no estás nombrando, pero es que en realidad te pareces totalmente a Carolina Durante, no te escondas».
—¿Ha vuelto a tener alguna vez alguna sensación parecida a aquella que tuvo cuando escuchó el «Revolver» de los Beatles?
—Lo pienso a menudo. Con el tiempo, he perdido algo en el acto de escuchar música. Supongo que es por hacerla y por haber envejecido. Aquella cosa como de revelación divina que tú tenías cuando escuchabas ciertos discos, que parecía que te estaban cambiando la vida, ahora no me pasa o me pasa muchos menos. Pero mira, me está pasando, por ejemplo, con la ópera italiana. Debe ser porque conozco tanto mi oficio del pop que me sé casi todos los trucos y es muy difícil que algo me sorprenda. Pero, en cambio, una ópera de Puccini o de Verdi me deja con la boca abierta porque desconozco sus mecanismos.
—Le he escuchado decir que le echa mucha imaginación a la nostalgia porque «el pasado es mentira». Explíquese.
—No sé qué haces tú después de unas vacaciones, pero yo me las invento. Cuando regreso a Barcelona me invento todo lo que me ha pasado. Borro todo lo malo —las esperas en los aeropuertos o para pillar un coche, la comida que no me gustó, que la cama fuera incómoda, el pelearme con alguien de algún servicio...— y romantizo todo lo bueno. Entonces, hay viajes en los que yo en aquel momento no fui feliz y ahora los recuerdo con la máxima felicidad. Y con el pasado hacemos lo mismo.
—¿Y cuál es la mayor mentira del pasado de Sidonie?
—Haber titulado un disco El peor grupo del mundo y creer que la gente iba a pensar que éramos nosotros, cuando en realidad lo que creemos es que estamos en la mejor banda del planeta. Es obvio que no somos los que hacemos las mejores canciones, ni los mejores tocando, ni yo soy la persona que hace mejores letras, pero somos más felices que los Rolling Stones. Mucho más pobres y con la mitad de la mitad de su repertorio, pero somos más felices que los Stones.
—¿No será que idealizamos el pasado porque el presente nos exige demasiadas explicaciones?
—Bueno, es que el presente también es una especie de alucinación. Yo intento hacer meditación para estar en el presente pero no lo consigo del todo. Donde sí que estoy presente es en los escenarios.
—Si pudiese quitar una etiqueta que sigue persiguiendo a Sidonie, ¿cuál escogería?
—Estoy cómodo con todas. Pero bueno, me hace gracia cuando se refieren a nosotros como trío catalán. Que es que es así, somos un trío y somos catalanes. Pero siempre que lo leo, me hace gracia.
—Ha dicho en alguna ocasión que Sidonie es un combo de tres personas que hace música para salas pequeñas.
—Es que es una buena definición. Decía David Byrne que el artista tiene que saber perfectamente a qué público se quiere dirigir y en qué espacios lo va a hacer. Yo recuerdo perfectamente que cuando estaba escribiendo Carreteras infinitas era muy consciente de estar haciendo una canción para ser cantada en el escenario principal del Sonorama a una buenísima hora. Y me gustaría que los artistas reconocieran este hecho porque no tiene nada de malo. Es muy interesante entenderlo así.
—¿Y al revés? ¿Hay canciones de Sidonie que solo tienen sentido delante de 500 personas y no de 20.000?
—Es que con 20.000 es un poco raro porque solo ves una masa de gente con la que, a veces, es difícil conectar. ¿Que lo puedes disfrutar? Por supuesto. Yo lo he disfrutado en muchas ocasiones. Tienes a tu disposición una cantidad de sonido y de luz que es como subirte a una nave espacial. Es alucinante. Pero a veces tengo la sensación de decir: «Esto no está siendo algo natural para mí».
—Han visitado casi todos los festivales de España pero esta es su primera vez en el 17° Ribeira Sacra.
—Sí, es la primera vez. Y sé que vamos a flipar. El otro día vi el cartel y vi las fotos de donde se celebra y pensaba: «Joder, yo me quedo a vivir allí».
—Eso le pasó a Eva Amaral.
—Lo sé, lo sé. Y no me extraña.