La autora Caro Claire Burke triunfa con «Yesteryear» al retratar a una esposa tradicional «influencer» que Anne Hathaway encarnará en el cine
17 jul 2026 . Actualizado a las 10:56 h.Todo empezó en TikTok. Corría el año 2024, Caro Claire Burke era una escritora desconocida y muy agotada que pasaba sus horas más bajas hipnotizada en TikTok. Allí descubrió a las modernas tradwives (esas esposas tradicionales que aparecen sonriendo con delantal almidonado haciendo magdalenas y rodeadas de media docena de niños) y la polémica feminista que generaban a su alrededor. Hizo un vídeo sobre el tema, vio crecer su número de seguidores más que un bizcocho con levadura y la novela surgió en su cabeza. De ahí a subastarla entre editoriales por una millonada y venderla a la productora de Anne Hathaway y Amazon Studios para adaptarla a la pantalla, fue todo coser y cantar...
Hoy Yesteryear se exhibe en lugar privilegiado en todas las mesas de novedades de las librerías españolas y amenaza con convertirse en la novela del verano. Y no es que Caro Claire Burke se haya decidido a hacer una oda al pan casero ni a las cortinas de cuadros, sino todo lo contrario. Su protagonista lejos de toda dulzura es una mujer muy ácida que se vale de esa estética naíf para lograr sus objetivos. Así, nuestra falsa tradewife Natalie Heller Mills se convierte en una influencer de redes sociales y regenta una granja donde cría gallinas y niños, con el mismo entusiasmo, y hornea pan ante millones de personas, solo para conseguir pagar sus cuentas. Pero lo que vende como tradicional y perfecto se desvela un poco más complicado cuando transportada de forma inexplicable a los reales tiempos de antaño, no tan idílicos, se verá obligada a realizar duras tareas manuales, pasar frío sin calefacción o someterse a cirugías caseras en un entorno sin ninguna de las ventajas de la vida moderna y además, en la compañía de un esposo controlador que la somete, aísla y ningunea. Si este viaje en el tiempo se debe a una especie de reality show retorcido o es producto de la mente enferma de Natalie es algo que se solo se aclarará con el paso de las páginas, ya que Burke mantiene al lector en vilo hasta el sorprendente final.
La novela que se inspiró, según reconoció la autora, en la superventas Perdida de Gillian Flynn (que interpretaron para el cine Ben Affleck y Rosamund Pike, no se si te acuerdas), nos confunde intencionadamente con una narradora muy poco fiable que no es ni una villana ni una mártir, sino más bien una víctima.
Natalie es en sus propias palabras: «Una mujer cristiana impecable. La manic pixie girl del sueño americano, que colmaba las fantasías más profundas y oscuras de esta nación. La madre que toda mujer quería ser y la esposa que todo hombre quería tener esperándolo en casa. Como una monja en una película porno, no tenía ningún sentido, pero ¡por Dios!, funcionaba» y su torrencial de pensamientos simultáneamente cómicos y ácidos nos llevan de la mano hasta el final sin casi enterarnos.
Inteligente, muy ambiciosa y sin ningún tipo de lazos afectivos, ni siquiera con sus propios hijos, nuestra tradwife consigue una legión de seguidores en la redes que la eleva al paraíso de internet para acabar por despertarse en el infierno. «Quería toda la estética de los viejos tiempos y todas las comodidades de la modernidad», dice Natalie. Pero la máquina del tiempo la lleva hasta un 1855 que no es para nada como ella lo imaginaba.
Como sucede a su protagonista, el inesperado éxito de la novela provocó en Burke satisfacción primero, pero también «horror». Gratitud, por ser leída y horror, porque descubrió que parte de la audiencia, en concreto un sector de la generación Z, excesivamente conservador y que encuentran, contra todo pronóstico, el estilo de vida de las esposas tradicionales muy atractivo, no entendieron el libro como la sátira que es, sino como un manual de vida. Procura no caer tú en ese error.
Desde diversos colectivos de mujeres se han alzado voces criticando la frivolidad con la que el libro trata algunos temas (en especial los referidos a los derechos de los hijos) o incluso la ambigüedad a la hora de posicionarse políticamente. Otras opiniones, como la de Brittney Walker, que abandonó la iglesia mormona hace años y vivió situaciones de vida muy similares a las que relata la novela, son más positivas: ella se ha visto muy identificada con los pensamientos de Natalie, tanto, que casi le parecía estar leyendo sus propios pensamientos en bucle, su autocensura, su «escrupulosidad».
Ahora que Anne Hathaway ha anunciado que llevará el proyecto al cine nos queda por ver si la película sabrá entender que esto no va de recetas de galletas e imágenes en sepia, sino de poder, de trabajo no remunerado y de soledad. De no romantizar un pasado en el que las mujeres no tenían derechos y solo obligaciones y sumisión. Aunque a veces en los vídeos de TikTok se pueda confundir con una vida sencilla y sin complicaciones, una vida «narcótica». Una novela que da para hablar y para pensar.