Miriam hace doblete en Galicia: «¿Un día perfecto? Pimientos de Padrón, raxo y la playa en mi pueblo»
FUGAS
Miriam Rodríguez está decidida a reinventarse. Igual de intensa pero más bailona, disfrutona y en contacto con sus raíces, este fin de semana la gallega hace doblete
10 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hoy, Miriam Rodríguez (Pontedeume, 1996) tiene los mimbres, las certezas y la actitud para tornarse en diva del pop. Y tiene también las canciones. Los tres adelantos de su nuevo disco —tres arrebatadoras invitaciones al baile— y la puesta en escena de sus directos muestran a una artista mucho más poderosa y disfrutona, si bien igual de sensible. Aquella Miriam que en OT cantaba Tempestades de sal, guitarra en mano, se reivindica con nuevos registros sonoros, estéticos y conceptuales. El viernes actúa en el Atlantic Pride, en A Coruña, y el sábado en el Gozo Festival, en Santiago.
—¿Cómo es la nueva Miriam?
—Es el fruto de una evolución y de ir experimentando con nuevos sonidos. Sí que es cierto que esas tres canciones son más potentes y tiran un poquito más hacia la electrónica, pero lo nuevo que viene está muy enraizado conmigo y con el lugar de dónde vengo. Va a ser un disco muy narrativo y a nivel sonoro tiene la mezcla de la Miriam más cantautora y la más electrónica.
—En «Línea roja» ya decía: «Estoy cansada de tararear las melodías que hoy se escuchan en cualquier lugar». ¿Era una licencia para la letra o una sensación real?
—Era una mezcla de ambas cosas. Esa canción reivindica poder hacer lo que te dé la gana y no tener que sumarte a lo que hacen los demás para gustar o para funcionar. Yo voy a cruzar todas las líneas que tenga que cruzar para desarrollar lo que yo quiero y defender mi personalidad musical.
—¿Qué líneas rojas ha cruzado que pensaba que no iba a cruzar y cuáles mantiene intactas?
—Para mí, una línea roja que está por encima de todo es el respeto. Pero en el ámbito profesional, hay líneas rojas que nos tenemos que permitir sobrepasar si hacerlo supone evitar que nos impongan como ser o tener que hacer las cosas de una determinada manera.
—Si alguien escuchara sus canciones sin conocerla, ¿podría hacerse una idea acertada de cómo es o se equivocaría por completo?
—Yo creo que acertaría bastante. Siempre he sido una persona que he escrito sobre lo que me pasa, lo que vivo y lo que soy. Así que escuchando mis canciones hay algo que te conecta conmigo y que te transmite lo que yo soy y cuáles son mis valores.
—Aun así, ¿ha tenido o tiene la sensación de que la gente cree conocerla más de lo que realmente la conoce?
—Sí, totalmente. Me ocurría más al principio. En el 2018 y el 2019 me pasaba constantemente que estaba con alguien y me decía: «Ostras, no sabía que eras así, tenía una percepción de ti muy distinta». Ahora ya no tanto, pero muchas veces aún tengo esa sensación de que la gente cree que te conoce por lo que ven en la tele o las redes sociales. Pero detrás de esa imagen pública siempre hay un ser humano que lleva una mochila y nunca sabes las batallas con las que está lidiando de puertas adentro.
—¿Cómo es un día perfecto para usted?
—En Madrid, un día en el que poder irme a montar a caballo por la sierra, disfrutar de la naturaleza y después, ya en casa, leer o hacer crochet. Pero donde realmente me gustaría estar es en mi pueblo, comiendo unos pimientos de Padrón con un raxo y después disfrutar de un día de playa.
—¿Existe todavía el estigma de «OT»?
—Por una parte, siento que quienes participamos en aquel programa hoy somos un poco más respetados. Por algo muy evidente. Y es que artistas que salieron de OT como Aitana, Lola Índigo, Amaia, David Bisbal, Manuel Carrasco o Pablo López son los que sostienen buena parte de la industria musical actual. Entonces, ¿quién va a decir algo contra eso? Pero, a la vez, sí que se mantiene el estigma y hay aún muchos prejuicios y mucha hipocresía. Y lo sé porque lo he vivido. Ha habido artistas que en su momento nos rechazaron y luego han ido a pedirle colaboraciones a artistas que salieron de Operación Triunfo.
—Cuando en el 2017 cantó «Tempestades de sal» en «OT» llamó la atención porque la presencia de la música en gallego era poco menos que residual, incluso dentro de Galicia. Han pasado solo 9 años. «Cambiou o conto, non»?
—Desde luego. ¡Y cuánto me alegro! Yo siempre he consumido música en gallego pero el panorama que ahora tenemos, con propuestas con tanta personalidad como las de Fillas de Cassandra, Mondra, Tanxugueiras, The Rapants o esa escena muy joven con chavales como 9Louro o Lg1do, que están haciendo cosas muy potentes y en gallego, está llevando nuestra cultura a sitios muy interesantes. Y eso hay que ponerlo en valor y estar muy orgullosos. Sobre todo porque las generaciones nuevas se estén empapando por fin de nuestras raíces.
—¿Y no le tienta formar parte, de una manera un poco más activa, de esa escena?
—Por supuesto. Y no quiero adelantar mucho, pero estoy segura de que mi nuevo disco me va a conectar más con mis raíces. Y no solo porque vaya a haber letras escritas en gallego, que las habrá, sino también a nivel sonoro y conceptual.
—¿Qué encuentra en Madrid que no tiene en Galicia?
—Muy pocas cosas. Pero llevo aquí ya casi 10 años. Es una ciudad que me ha dado muchas cosas a nivel profesional y también en el personal porque, lógicamente, aquí he desarrollado un círculo muy grande, tengo muchos amigos y siento Madrid como mi casa. Pero, sinceramente, siento que mi etapa en Madrid está llegando a su fin. Madrid es una ciudad que te acoge muy bien cuando llegas y que te ofrece muchas oportunidades, pero la cabra tira al monte y, en mi caso, también hacia el mar, hacia los animales y hacia poder estar rodeada de los míos. Así que cuando tu carrera ya se ha desarrollado y no necesitas esa búsqueda constante de oportunidades, este trabajo te permite no depender de vivir en la ciudad y entonces aparece ese estado constante de morriña, que es un sentimiento que tenemos todos los gallegos que vivimos aquí.
—¿Cómo van a ser los dos conciertos de este fin de semana en Galicia?
—Estos dos conciertos me ponen muy contenta. Me hace mucha ilusión estar en el Atlantic Pride. Y lo del Gozo Fest, ni lo supero ni lo asimilo. Compartir escenario con Maroon 5, Martin Garrix o Danny Ocean es algo que me vuela la cabeza completamente. Tengo muchísimas ganas de disfrutarlos y de poder jugar en casa, que es algo siempre agradezco.
—«Valió la pena fallar», tituló su disco en directo. ¿Un fracaso que hoy agradezca?
—Cuando salí de una multinacional y me hice artista independiente hubo quien lo vio como un fracaso y un error y, sin embargo, me ha dado muchas cosas positivas. No me arrepiento para nada de ello.
—¿Y algún defecto que con el tiempo se haya tornado en útil?
—Pues mira, yo soy una persona muy emocional y quizás muchas veces peco de impulsiva. Pero eso me lleva también a ser una persona transparente y muy sincera, alguien que siempre va de frente.
—¿Una palabra que intenta no utilizar en sus letras?
—Éxito es una palabra que intento evitar. Tiene una percepción muy subjetiva.
—¿Una canción propia y otra ajena que nunca se cansa de escuchar?
—La propia, El miedo a fallar. Y la ajena, una que viene mucho al caso este finde: A quién le importa.