El verano gallego tiene su gran cita pop. Aitana visitará en breve el Coliseum en A Coruña. Hablamos de las luces y sombras de su propuesta creativa para Cuarto Azul
10 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El gran triunfo de Aitana es saber cuáles son sus armas. No es una bailarina profesional, pero defiende las coreografías con una soltura admirable, resuelve cada bloque con actitud y con pasos sencillos pero visualmente atractivos, precisos. Incluso es capaz de traer un dance break en mitad del show.
Además, la catalana que salió de OT demuestra un esfuerzo consciente por equilibrar el repertorio y adaptarlo a todo tipo de públicos, algo que puede verse como un punto negativo desde algunas perspectivas al intentar abarcarlo todo. Toca temas de sus primeros discos y lo combina con canciones del último, Cuarto azul.
Otro acierto de la producción en gira se encuentra en su infraestructura. El escenario y el diseño de las pantallas están pensados al milímetro para solucionar el gran problema de estos eventos: que las fans más jóvenes, las niñas que por estatura suelen quedar sepultadas en la pista, puedan seguir el espectáculo sin perderse un solo detalle.
Sin embargo, el contrapunto a este despliegue visual tan cuidado es que a veces se pierde de vista lo importante, a la artista. El ejemplo más claro es cuando Aitana canta tumbada en la cama; la escenografía te lleva a sentir que estás en su cuarto azul, una propuesta estética muy vistosa para la retransmisión, pero que obliga al público a verla solo a través de las pantallas, perdiendo de esta manera la magia del directo.
El concierto tiene puntos flacos. Lo primero que salta a la vista es la distribución del espacio: un área desproporcionadamente grande de la pista se reserva en exclusiva para quienes pagan las entradas más caras. Esta división genera una incómoda sensación de desigualdad entre los fans. Los que pueden pagar más van a disfrutar de la oportunidad de verla de cerca. Incluso tocarla.
Además, hay una brecha generacional evidente. Sus nuevas canciones, de corte más electrónico y nocturno, ya no van dirigidas a ese público infantil que la idolatra. Esto abre un espacio entre lo que la artista quiere proyectar y lo que las familias esperan ver en sus conciertos. El tema dio mucho de que hablar cuando lanzó su disco anterior, Alpha, en que salieron muchos padres que se quejaron porque consideraban sus letras y bailes poco apropiados para sus hijas. Hoy, este tema sigue en el aire, ya que su gira sigue la línea creativa de la propuesta anterior.
La experiencia de ver a Aitana en concierto se empaña en lo logístico con los embotellamientos y las interminables colas para salir del recinto después de la actuación. ¿Inevitable?