Tamara Allegue debutó en la escritura contando su experiencia con este trastorno y su tercer libro se coló entre los más vendidos de Amazon en su categoría
28 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Trabaja como administrativa, pero cuando, de niña, a Tamara Allegue (Vilarmaior, 1998) le preguntaban qué quería ser de mayor lo tenía claro: escritora. Y terminó por cumplirlo. El año pasado sacó al mercado su tercer libro: Catarsis, una prosa poética en la que Tamara ha «vomitado» todo lo que estaba en su cabeza. Como un «refugio para quienes siguen buscando su lugar en el mundo» se presentan estas 80 páginas «para reflexionar, recordar y sentir».
«Al principio pensaba que esto no se podía publicar, porque no era una novela, ni un drama, ni nada. Es simplemente lo que yo pienso, así que creía que no lo compraría nadie», recuerda. Reconoce que se equivocaba y el tiempo terminó por quitarle la razón. Tanto es así que el libro se mantiene en el top 10 de su categoría en Amazon y ha encabezado la lista de los más vendidos en un par de ocasiones. Uno de los aspectos que más sorprenden a Tamara es el destino de buena parte de los ejemplares. «El 80 % de mis ventas son en Estados Unidos y Latinoamérica», dice.
Con Catarsis se inició en el mundo de la autopublicación. Un camino para el que reconoce que no existe una información «accesible, de a pie». «Tú escribes, autopublicas, ¿y después qué?», reflexiona Tamara.
Indica que el primer paso es el más complicado: «Sentarse y escribir». Después, explica que uno de los trucos pasa por jugar con el algoritmo y escoger ciertas palabras clave en la descripción de la obra para que esta aparezca en las búsquedas. «Hay que seleccionarlas muy bien, para que cuando una persona las busque, salga tu libro», explica. «Hay que evitar palabras genéricas o términos que no busque nadie», añade.
Catarsis es, en realidad, una versión extendida de su primera obra, Revolución mental. Asegura que ambas son «una puerta abierta» a su cabeza. En ellas ha mostrado su inseguridad y sus vulnerabilidades, por eso, le sale su versión más pudorosa cuando le hablan de su contenido. «Me muero de vergüenza cuando alguien me comenta cosas que aparecen en el libro o quiere decirme qué le pareció», confiesa. El mismo reparo que le da escuchar sus párrafos en voz alta: «Prefiero que esperen a que yo no esté para leerlo».
Sin tapujos
Pero, sin duda, su libro más personal y en el que más se expone es su primera obra. El título ya lo dice todo: Viviendo con un TOC. En él, detalla su experiencia lidiando durante años con un trastorno obsesivo compulsivo (TOC), «el asesino silencioso». Una patología a la que cree que no siempre se le da la magnitud necesaria: «Creo que está un poco banalizado, porque muchas veces se dice que algo nos da TOC como expresión, cuando es algo muy serio», argumenta.
Tamara quiere dejar claro que «no es una broma», sino que se trata de una situación que «te condiciona la vida» y que va «mucho más allá de la limpieza y de tener que mirar tres veces si apagaste la luz». «Por ejemplo, hay muchos que están relacionados con pensamientos que tú no quieres tener, que son horribles, y te sientes un monstruo», confiesa.
Habla del tema sin tapujos y no le tiembla la voz al poner su propia experiencia como ejemplo. «Antes de estar diagnosticada y tratada, me quedé en 40 kilos; no comía, no salía, no veía la tele», recuerda.
Sabe que Viviendo con un TOC no es para todos los públicos. «Es una parte tan específica y que no todo el mundo entiende que sería muy fácil ser juzgada solo por eso», argumenta. «Por eso —continúa—, muchas veces da tanta vergüenza reconocer que tienes un TOC».
La desinformación es uno de los peores enemigos para quienes sufren este trastorno. «Cuando no sabes lo que es, piensas que es algo malo tuyo y es muy duro», explica Tamara. Esa fue una de las razones por las que se lanzó a publicar su libro: «Creo que puede ayudar leer que es algo común en esa enfermedad, que no te estás convirtiendo en Hannibal Lecter».
Defiende que «no hay que olvidar que el TOC es algo de lo que se puede salir, que es una enfermedad y que tiene solución». «Con un tratamiento se puede hacer una vida totalmente normal», deja claro. De ahí la importancia de saber pedir ayuda: «Si no lo haces, el problema solo va a ir a peor». «Hace falta un buen psicólogo que te ayude a entender que no es tu culpa, que tu cabeza te puede jugar una mala pasada y que, a veces, tu mente miente», concluye.