Valérie Perrin, la top-ventas francesa que emociona a miles de lectores: «Hay gente que llora incluso cuando me ve»

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perrin.Valérie Perrin acaba de publicar «Cambiar el agua de las flores».
Valérie Perrin acaba de publicar «Cambiar el agua de las flores».

La autora de «Tatá» llega a las librerías con «Cambiar el agua de las flores», la historia que ha adaptado al cine el director de «Amélie»

20 jun 2026 . Actualizado a las 23:03 h.

Cuando escribió Cambiar el agua de las flores (Duomo Ediciones), Valérie Perrin (Remiremont, 1967) quería aportar más vida, más luz y más humor en una historia atravesada por la muerte y la ausencia. Violette Toussaint, su protagonista, es la guarda del cementerio de un pequeño pueblo de Borgoña. La pérdida, los secretos familiares y las segundas oportunidades no faltan en la novela con la que la autora del top-ventas francés Tatá regresa a las librerías españolas. De nuevo, con otro fenómeno editorial en su país que Jean-Pierre Jeunet, el director de la inolvidable Amélie, ha llevado al cine con la actriz Leïla Bekhti. La también guionista, a la que pudimos ver en el Festival de Cannes junto a su esposo, el director Claude Lelouch, atiende por videollamada y habla de su predilección por los personajes invisibles que protagonizan sus libros, el valor de las pequeñas cosas y la necesidad de escuchar.

­—Sus novelas están llenas de pérdidas, abandonos y muertos, pero los lectores salen reconfortados. ¿Por qué cree que encontramos consuelo en el dolor?

—Mis protagonistas suelen tener mucho sentido del humor y eso hace que incluso las situaciones más graves resulten menos duras. También hay mucha poesía, y creo que la poesía nos ayuda a aceptar los días más tristes. Además, siempre construyo mis novelas como una investigación, con enigmas y cosas por descubrir. Por eso, aunque el lector pueda llorar, también puede sonreír y terminar lleno de esperanza. Y, sin duda, la esperanza es una forma de resistencia.

­—En «Tatá» y en «Cambiar el agua de las flores» aparece una misma idea: que nunca conocemos del todo a quienes amamos.

—Y tampoco nos conocemos completamente a nosotros mismos. A veces reaccionamos de una manera que nos sorprende y pensamos: «¿De verdad he hecho eso?». Si nosotros mismos podemos sorprendernos, cómo no van a hacerlo nuestro marido, una hermana, una amiga o un compañero de trabajo. Me fascina ese momento en el que descubrimos que alguien no era exactamente como creíamos.

­—¿Qué le interesa de esas personas alejadas del heroísmo tradicional?

—Me gustan mucho las personas que dudan. Las que no tienen respuesta para todo, las que hablan despacio, las tímidas, las que guardan cosas sin explicar. Me gustan en la vida y me gusta que estén presentes en mis novelas. Me interesan esas personas a las que casi nadie mira, pero que son profundamente interesantes.

­—¿Cree que estamos perdiendo el miedo al sentimentalismo?

—Existe una tendencia a meter muchos libros distintos en el mismo cajón bajo etiquetas como feel good book (libro para sentirse bien). Es una visión reductora y a menudo peyorativa. Parece que una novela popular tuviera necesariamente menos valor literario, y no es cierto. Que una obra sea leída por mucha gente o sobreviva al paso del tiempo no significa que sea una mala obra. Los lectores siempre han amado las novelas donde hay amor, personajes profundos, emociones, contradicciones y suspense. Eso ha sido así siempre.

­—Durante años, cierta cultura prestigiosa miró con desconfianza las novelas emocionales.

­—He leído mucho a Maupassant y a Marcel Pagnol. En su momento, Pagnol fue despreciado por parte de la crítica y hoy se reconoce la extraordinaria calidad de su escritura. En una novela hacen falta personajes, tensión, amor, emociones, aventuras. Nunca escribo en primer grado. Si una obra solo habla del propio autor y de su ombligo, para mí tiene muy poco interés.

­—Hacer el café, cuidar las flores, escuchar a alguien... ¿Son momentos sagrados?

—Creo que la fuerza del libro está en que parte de un día a día aparentemente banal. Escuchar cantar a los pájaros, sentarse bajo un árbol, escuchar música o abrir un libro en el jardín. Son gestos mínimos, pero quizá estén entre las cosas más importantes de una vida. Durante el confinamiento, muchas personas se dieron cuenta. Me interesa esa dimensión de la existencia, las cosas sencillas que sostienen una vida entera.

­—¿Es consciente del efecto emocional de sus novelas entre los lectores?

—Hay gente que llora incluso cuando me ve porque alguno de mis libros la ha acompañado en un momento importante de su vida. Están muy emocionados porque creo que tienen la sensación de conocer a todos los personajes de las novelas. Me parece muy hermosa esa idea de que una novela pueda abrazar a alguien. Es probablemente uno de los cumplidos más bonitos que puede recibir un escritor.

—¿Le sorprendió que el director de «Amélie» adaptase al cine la novela?

—Me hizo muy feliz, pero no me sorprendió. A Jean-Pierre Jeunet también le interesan los pequeños detalles, las cosas aparentemente insignificantes que terminan siendo esenciales. Creo que nuestros universos son bastante próximos.

«CAMBIAR EL AGUA DE LAS FLORES»

Valérie Perrin

EDITORIAL DUOMO EDICIONES PÁGINAS 464 PRECIO 20