Para parte de mi generación, el personaje de Belén López Vázquez en Aquí no hay quien viva —interpretado por Malena Alterio— fue un alter ego sin nosotros saberlo. Solo cuando crecimos nos dimos cuenta. A Belén le costaba pagar el alquiler, su vida amorosa era un desastre y tuvo infinidad de empleos que le duraban pocos meses: controladora de parquímetros, coolhunter en una revista de moda... No es raro que cada 1 de mayo, alguien felicite el Día del Trabajador con su foto. De trabajos originales no están exentos los papeles a los que da vida Alterio, porque en Cochinas, uno de los estrenos recientes de Prime Video, se pone al frente del videoclub de su marido mientras este está en coma.
Finales de los noventa. Nines Gallego coge las riendas del negocio, ahogado por las deudas. Junto a Chon y Agustín, sus empleados, tiene que reinventarse y buscar qué es lo que vende para reflotarlo. Sorpresa: las cintas que más curiosean los clientes —en un primer momento hombres— son las pornográficas. Sin embargo, cuando una de las mujeres del barrio pregunta por esas películas, termina contándole sus problemas sexuales a Chon. Esta le aconseja y funciona, provocando que el boca a boca acabe con todas las vecinas haciendo cola para alquilar una y creando una comunidad donde sentirse seguras para hablar de sus dudas respecto al sexo y a su sexualidad. Mientras, en el bar sus maridos protestan por no saber sobre qué se cotillea en ese videoclub. Pero lo interesante de esta serie es el trasfondo: el peligro del porno en la vida real, la importancia de la educación sexual o la comunicación con los hijos. Porque habrá quien todavía se escandalice cuando las mujeres hablemos de ello.