Ian Gibson: «La familia de Lorca no quiere hablar, no hay una sola voz crítica»

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Ian Gibson vuelve a las librerías con su última obra sobre Federico García Lorca, «No me encontraron»
Ian Gibson vuelve a las librerías con su última obra sobre Federico García Lorca, «No me encontraron» EFE

El reconocido hispanista publica «No me encontraron», donde indaga en por qué todavía no se han encontrado los restos del poeta de Granada

29 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Los Javis, Ambrossi y Calvo, acaban de ganar el premio a la mejor dirección de la 79.ª edición del Festival de Cannes con una película basada en el último texto inacabado de Federico García Lorca. Una señal que indica que este autor universal y su obra siguen presentes en la actualidad. Eso lo tiene bastante claro Ian Gibson (Dublín, 1939), que lleva desde los 18 años estudiando al escritor y su asesinato. En No me encontraron, el hispanista reflexiona sobre las razones por las que todavía no se ha hallado el cuerpo de Lorca.

­—¿Cuándo empieza su obsesión por Lorca?

—Ahora tengo 87 años, y mi encuentro con Lorca y España fue cuando tenía 18. En mi licenciatura me dijeron que tenía que empezar otro idioma y opté por el español por las relaciones que hay entre Irlanda con Galicia y el resto de España.

­—¿Y por el poeta en concreto?

—Un día, en una librería de ocasión, tropecé con una serie de libros. Había uno que se llamaba Romancero gitano. Y ahí leí Romance de la luna, que me pareció maravilloso. Había algunas palabras que no sabía, pero capté lo que ocurría. Fue mi primera experiencia de una imagen poética, de una metáfora. Y esto me entró dentro, muy adentro, y ahí está todavía.

­—Sin embargo, se ha especializado más en la muerte del autor.

—Tenía que hacer una tesis doctoral y opté por centrarme en las raíces agrícolas de la obra de Federico. Él utilizaba la palabra telúrico, que a mí me gusta mucho. «Yo soy un poeta telúrico, un hombre agarrado a la tierra», decía.­

—Entonces, ¿cómo llega hasta su muerte?

—Una vez que me instalo en la Vega de Granada se produce el cambio. Los vecinos, los campesinos, la gente me va hablando de lo que pasó allí en la guerra, sobre todo, del asesinato de Federico. Entonces, una mañana, después de meses de investigación, me di cuenta, como por una especie de intuición, de que era mi obligación dedicarme a investigar lo ocurrido en Granada durante la represión franquista. Era el año 1965, pleno franquismo, y me di cuenta de que era peligroso. Sin embargo, lo vi como mi obligación: aparqué la tesis, porque la Vega de Granada no iba a desaparecer, pero sí los testigos de lo que había pasado en el año 1936.

—Eso pasó cuando tenía 25 años, ahora, tiene 87. ¿Aparecerán los restos de Lorca?

—Lo veo más difícil, sobre todo, con Vox y con los resultados en las elecciones andaluzas. Aunque Juanma Moreno Bonilla dijo en Granada hace no tanto que había que buscar a Federico. Yo siempre he pensado que sería muy inteligente que el PP tuviera esta actitud, porque Lorca es de todos, es andaluz, es español, es universal.

—¿Por qué mataron a Lorca: por comunista, por homosexual o por venganza?

—El motivo es una mezcla. Pero él era muy político, estaba plenamente identificado con la República.

—Y era abiertamente homosexual.

—Sí, sí, claro. Él se va liberando poco a poco, saliendo del armario, pero tampoco fue fácil bajo la República porque también había mucho puritanismo. Yo, por ejemplo, tenía un hermano mayor, cinco años más, que dijo que era gay en una familia protestante puritana en Irlanda en los años cincuenta. Para mi familia fue terrible, atroz. Y Granada, en la época de Lorca, era así. Sin embargo, en obras como El público, el tema es abiertamente gay.

—Y en ese contexto, ¿por qué Lorca se mete en la boca del lobo en 1936?

—Él va allí pensando en pasar ese día con su familia, volver a Madrid y coger el tren de Cádiz, porque según su hermano, tenía ya el pasaje sacado para ir a México. De hecho, ya lo estaban anunciando en la prensa mexicana. Sin embargo, no puede salir de Granada porque empieza la sublevación. Es terrible, es como una tragedia griega en la que no hay salida. Él habría podido teóricamente salir, pero sabe que si él desaparece, cuando le han dicho los fascistas que se quede, irían a matar a su padre, y lo habrían hecho. Veo el asesinato de Lorca como una tragedia griega.

—¿Su familia lo sigue buscando?

—Tienen algún nieto, pero no son muchos que yo sepa. Además, no expresan opinión alguna. Es más, yo creo que nunca han estado en Alfacar, el lugar donde un tiempo se pensó que estaban los restos.

—Hay teorías que dicen que los fascistas devolvieron el cuerpo a su familia.

—Eso se ha dicho muchas veces, pero lo ha negado la familia. Y yo no doy validez a esa teoría. Creo que todo el mundo se habría enterado.