La serie de Amazon Prime terminó siendo una caricatura de lo que fue en sus comienzos
22 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En el 2019, una época en la que Marvel se encontraba en su apogeo con el lanzamiento de Vengadores: Endgame —que supuso el culmen a diez años de películas y es, actualmente, la segunda cinta más taquillera de la historia— y en la que el éxito del género de superhéroes parecía no tener fin, se lanzó The Boys. La serie creada y estrenada por la plataforma de Amazon Prime fue un golpe directo a la yugular de las cintas sobre seres divinos con ideales perfectos.
Sin ir más lejos, en el primer episodio, A-Train, miembro de los Siete (clara parodia de los Vengadores o de la Liga de la Justicia), mata a la novia de uno de los protagonistas al pasar por encima de ella (drogado) a la velocidad de la luz. En este piloto también se nos presenta al Patriota, una copia descarada de Supermán que es vendida a la gente como un ídolo y un estandarte, pero la realidad es que es un ególatra, calculador y capaz de matar a cualquiera que le haga quedar mal.
La desmitificación de los superhéroes no es lo único que hace The Boys. La obra también se burla vilmente de la infinidad de películas de superhéroes lanzadas al año, y aún más de la sociedad estadounidense. Las tres primeras temporadas fueron una mezcla perfecta de humor negro, crítica ácida y acción regurgitada con el gore más explícito posible y, lo más importante, con una excelente evolución de todos los personajes. El apogeo de la serie llegó con la tercera temporada, en la que se incluyó al personaje de Soldier Boy, uno de los mejores de la cinta, y en la que el conflicto entre Patriota y William Carnicero parecía llegar a un inevitable clímax, pero no fue así.
Cuesta abajo y sin frenos
El final de la tercera temporada fue un tanto anticlimático y languideció bastante en comparación con el resto de episodios, pero la mayoría de la audiencia quedó satisfecha con el resultado final y esperando con ganas el enfrentamiento definitivo de un Patriota cada vez más desatado y loco con la pandilla protagonista.
En esas llegó la cuarta temporada, que todo el mundo esperaba como agua de mayo y que, durante sus primeros capítulos, fue un tostón considerable. Locuras, gore, relleno y unas tramas cada vez más planas y repetitivas fueron los elementos que ofreció la serie hasta el quinto episodio. La narrativa se estancó; parecía que los creadores no sabían hacia dónde tirar y, sobre todo, cómo conseguir que la historia se alargase hasta una quinta temporada. Sorpresivamente, The Boys encauzó su rumbo. Los últimos episodios mejoraron considerablemente y la cuarta temporada acabó en una nota altísima. Todo parecía deparar una última entrega de infarto. Puede que por ello resulte tan decepcionante lo que hemos visto.
La mayoría de los últimos episodios de este colofón superheroico son anodinos, carentes de ritmo y originalidad y, lo peor de todo, inconsecuentes. Los creadores decidieron que a cuatro capítulos del final era un buen momento para introducir personajes nuevos que no añadían absolutamente nada a la trama y, además, para introducir un nuevo spin-off. La serie que se burlaba de las franquicias y de las tropecientas adaptaciones de cómics que se lanzaban al año se ha convertido, como decía Obi-Wan, en lo que juraba destruir.
La prueba definitiva de que el proyecto debió haber acabado mucho antes es su episodio final. En comparación al resto de la temporada —exceptuando el primer capítulo, que, personalmente, me parece el mejor— este último sí ofrece lo que se esperaba del desenlace, pero el relleno y la caricaturización de personajes como Kimiko o el Patriota empañan muchísimo el conjunto. Todo se siente acelerado y un tanto forzado. Muchos de los acontecimientos que los fanáticos deseaban ansiosos suceden, pero con un impacto y brillantez menores a lo esperado. The Boys se ha terminado y es innegable que ha sido una de las series de la última década —memes del Patriota aparte—, pero, igual que le pasó a muchas otras, el no saber cuándo decir «basta» por parte de sus creadores y productores la mete en esa lista de series de las que todos decimos: «Qué pena, con lo buenas que fueron sus primeras temporadas».