La ensayista y crítica literaria ha visitado Galicia el miércoles con Algo quedará de mí, el rescate de diez heroínas que en el infierno nazi del campo de Ravensbrück eligieron mirar de frente y contarlo. Merecen lugar destacado en la historia
08 may 2026 . Actualizado a las 16:27 h.Algo quedará de las diez heroínas de la Resistencia que sobrevivieron, en la memoria de sus palabras, a ese infierno solo para mujeres y niños que fue Ravensbrück. El campo de concentración al que invita a volver en un ejercicio de dignidad y amor por la verdad en la literatura la periodista y crítica Mercedes Monmany, barcelonesa de adolescencia gallega (en A Coruña hizo COU y cruzó a la edad adulta) dio lugar a uno de los clásicos que existen sobre los campos nazis, Ravensbrück, de la etnóloga Germaine Tillion. Esta heroína es la primera de las diez que se miden a la tiranía, la tortura y la muerte con instintos, a la postre, más poderosos que la supervivencia en esta memoria de Mercedes Monmany.
—Aún hay quien ignora qué es Ravensbrück.
—El problema de conocer todos los campos de concentración... En los primeros campos que se establecen, y en concreto Ravensbrück, en 1939, no se da el exterminio judío que iba a llegar más tarde, a partir de 1942, sino lo que se hacía era encarcelar, amedrentar, torturar a elementos subversivos percibidos como tales por los nazis. Se decidió que Ravensbrück fuera un campo solo de mujeres. Yo caí casualmente en él. Estaba invitada en una fundación de la Provenza francesa y en la habitación en que estaba alguien había dejado olvidado un libro, Ravensbrück, de Germaine Tillion.
—Germaine Tillion es la primera de estas diez heroínas. ¿Quién fue Germaine Tillion?
—Una etnóloga francesa, una observadora de rigor e inteligencia. Ella no dejaba de tomar notas, se informaba de todos los detalles para hacer la descripción pormenorizada del campo [el mayor campo de mujeres del III Reich].
—Sobrecogen los experimentos atroces que hacían con las que llamaban «las conejas de Ravensbrück».
—Sí, «las conejitas de Ravensbrück» son una muestra del carácter salvaje y cínico de los nazis. Eran primordialmente polacas. Después de las judías, las más odiadas eran las polacas. El pueblo polaco siempre se había rebelado...
—¿Empezaron los nazis por aniquilar la semilla del pensamiento propio?
—Todo germen de rebeldía. ¿Por qué matan a una poeta de 21 años? Las matan a ella y a su hermana, Grazyna Chrostowska y Apolonia. Grazyna escribió horas antes de ser ejecutada su último poema.
—Grazyna es la décima mujer en el libro. También nos recuerda que Milena Jesenská dejó una obra periodística imponente, más allá de ser «la novia de Kafka». Da el protagonismo a su valor, y a su amistad con Margarete Buber-Neumann.
—Milena fue una periodista prominente, muy batalladora, que denunció las atrocidades, el racismo profundo... Comunista en sus inicios, se alejó de la sumisión de muchos compañeros. Se unió a la Resistencia, ayudó a escapar a judíos y murió de una operación atroz de riñón. Su amiga Margarete era un personaje que a mí también me interesaba mucho [suyo es el capítulo 8 del libro, «Margarete Buber-Neumann: La testigo»] como testigo «del Mal que dominó Europa: el totalitarismo».
—¿Cómo pudieron sobrevivir estas grandes resistentes en medio del horror?
—Lo sintetizaba Germaine Tillion en tres condiciones: la primera, el azar; el círculo de amistades entre presas, y por último, la ira, el instinto furibundo de sentir: «Esto se tiene que contar». Ese principio humano de «hay que salir vivos de aquí para contarlo» fue esencial. Contaba Primo Levi que uno de los guardias cínicos decía: «Usted lo contará pero nadie lo creerá».
—En esta galería de rebeldes no falta «La santa»: Marie Skobtsova. ¿Por qué?
—Es un personaje fascinante, con una vida de aventuras inconcebibles. Fue alcaldesa de una pequeña población rusa, se casó con un bolchevique y finalmente escapó de la tiranía con su madre...
—Ellas no fueron «autómatas». Siempre hay «autómatas» en todo sistema, también en el mundo actual, ¿no?
—Sí. Los «musulmanes» de los que hablaba Primo Levi eran «muertos vivientes» que habían abandonado en los campos toda esperanza de vivir. El autómata es una figura verosímil hoy. Estos relatos te hacen plantearte preguntas. Más que volver a la historia me interesaba eso, el relato humano, un relato de ética y de valentía.
—¿Por qué eligió solo mujeres?
—Muchas mujeres estuvieron ahí y desaparecieron de la historia. Después de la guerra, De Gaulle comienza a otorgar condecoraciones para compañeros de la Resistencia. Da 1.038 condecoraciones a hombres y seis a mujeres. ¿Quién se lo cree? Ellas estaban en todas las células, en todas las redes. Había una madre de nueve hijos que era jefa de una red. Y cuando va a juicio embarazada del noveno le preguntan: «Señora, ¿usted qué hace?». Y ella: «Había que hacerlo». Hubo grandes valientes que no lo pensaron dos veces.