El libro «La soledad fue el precio» ahonda en la figura de la jefa de Gabinete de Adolfo Suárez y descubre a la política brava que fue
10 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.A Carmen Díez de Rivera (Madrid, 1942-1999) se la ha juzgado y etiquetado injustamente por su condición de mujer. Por ser una mujer de una belleza apabullante, por ser una mujer inteligentísima y por ser una mujer, digámoslo sin rodeos, rica, que asumió el papel fundamental de jefa de Gabinete de Adolfo Suárez en los albores de la democracia. Tres condiciones que marcaron un destino ya condenado desde que fue concebida en el útero de su madre, la marquesa de Llanzol, fruto de un amor extraconyugal con el cuñadísimo de Franco, Ramón Serrano Súñer. Carmen Díez de Rivera y de Icaza fue una hija bastarda que no supo quién era verdaderamente «el tío Ramón», que visitaba su casa con frecuencia, hasta que a los 17 años se enamoró perdidamente de Rolo, quien era en realidad su medio hermano por parte de padre, y ahí sí las familias de los marqueses de Llanzol y de los Serrano Polo, en vista de que la pareja iba adelante con su noviazgo, tuvieron que intervenir para evitar el desastre del casamiento.
En ese momento frágil de la adolescencia Carmen Díez de Rivera descubrió que el que creía su padre, el marqués de Llanzol, al que adoró toda su vida, no era en realidad su padre biológico y que Rolo, su enamorado, era hijo como ella de Ramón Serrano Súñer, solo que Carmen había sido criada en el secretismo y en la mentira aristocrática. Esa revelación provocó en ella una crisis personal, que la llevó incluso a un convento, y a una ruptura interior de la que no se recuperó jamás y que, en rigor, encaminó su destino forjándola como una mujer rebelde, independiente, apasionada y herida. Una mujer que buscó en hombres mayores un amor que nunca llegó a cuajar en matrimonio (no en el matrimonio en el que ella creía) y que luchó contra el peso de una madre distante y frívola, que también había sido víctima de su clase y condición porque la habían casado a los 20 con un hombre que le doblaba la edad. Y, que al fin, se había enamorado perdidamente de Ramón Serrano Súñer. Ese vínculo lo entendió Carmen Díez de Rivera muchos años después, cuando pudo digerirlo, si bien mantuvo una relación intermitente con su madre y su verdadero padre, con el que se carteó, pero que no la llegó jamás a visitar en su lecho de muerte cuando un cáncer se la llevó de forma prematura a los 57 años.
Ese crujido interno la convirtió, sin embargo, en una mujer de convicciones profundas, tal y como la describe Carmen Domingo en el libro La soledad fue el precio, un ensayo concienzudo que a través de entrevistas y de algunos documentos —Carmen pidió que tras su fallecimiento todos sus escritos desapareciesen— construyen la personalidad de quien fue la primera mujer en ocupar un cargo político de semejante relevancia en España.
Carmen Díez de Rivera cortó el bacalao, no fue una mujer florero ni la secretaria que diligentemente le da las aspirinas a Suárez, como se refleja en la serie Anatomía de un instante, basada en la obra de Javier Cercas. Todo lo contrario. Fue incómoda, brava, directa e incluso altiva, con la arrogancia aristocrática que traía de cuna. Pero, claro, cualquiera se imagina cómo tenía que ser en el año 76 codearse con hombres acostumbrados a ejercer su dominio y su poder a destajo, por eso es relevante leer de principio a fin este libro que va analizando minuciosamente el devenir político de Carmen. Fue ella quien arrojó a Suárez a la encrucijada de legalizar el Partido Comunista y fue ella, confidente del rey, quien hizo de hilo conductor entre uno y otro muchísimas veces. Trabajadora incansable, gracias a sus conocimientos de alemán, inglés y francés, fue puente en esos años cruciales de las relaciones con los grandes representantes de la política norteamericana y europea, abriendo puertas que solo ella, con su carisma y sí, su belleza, era capaz de hacer. Pero también fue víctima de un machismo devorador, que la intentó reducir constantemente al papel de una Mata Hari de un hippismo impostado.
Amiga de Jean Paul Sartre, íntima de Paco Umbral, discípula de Tierno Galván, admiradora de Carrillo y de Dolores Ibárruri, Carmen Díez de Rivera fue, sobre todo, una mujer libre que no atendió a las expectativas de los demás, ni de su clase, pero tampoco de los partidos políticos a los que perteneció (USDE, el PSP, el CDS y el PSOE).
Especial fue, como refleja este ensayo, su relación con sus amigas (Rosa Conde, Paca Sauquillo, Alicia Bleiberg... ) y su sobrino, Íñigo Méndez de Vigo, las únicas personas a las que dio acceso y que pudieron cuidarla hasta su muerte. Hay en este libro revelaciones curiosas y mordaces, mucho anecdotario (lo primero que le dijo a Suárez fue: «Eres un fascista»), cotilleos y detalles de interés, pero quien busque el morbo no lo encontrará. Sí información para concluir que Carmen no fue la amante de nadie ni una trepa, sino una luchadora incansable por derribar los muros, la opresión y el silencio que tanto daño le habían hecho a este país y a sí misma.
«La soledad fue el precio»
Carmen Domingo
EDITORIAL TUSQUETS PÁGINAS 22,90 PRECIO 379