Las aflicciones literarias de Fernanda van más allá, consiguen arrancar un pedazo del ser. Como si los traumas que han vivido los personajes de estos diez relatos hubieran terminado amputando algo dentro de ellos, de su alma, por eso caminan por la vida con un miembro fantasma...
27 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Muchos escritores, cuando quieren hablar de un trauma que ha impacto profundamente en la vida de sus personajes, utilizan la metáfora de la herida. Esa huella que queda en la piel como recuerdo permanente de que algo sucedió e hizo daño. Pero para Fernanda Trías (Uruguay, 1976) el dolor no hace herida ni deja cicatriz. Las aflicciones de Fernanda van más allá y consiguen arrancar un pedazo del ser. Como si los traumas que han vivido los personajes de estos diez relatos hubieran terminado amputando algo dentro de ellos, de su alma. Por eso caminan por la vida con un Miembro fantasma, esa sensación de que la pierna, el brazo o esa parte del cuerpo que ya no está, sigue doliendo.
Fernanda pertenece al prestigioso club de mujeres latinoamericanas (Gabriela Wiener, Mariana Enríquez, Mónica Ojeda...) que escriben historias desde la rabia, la valentía y el compromiso. Su especialidad son personajes atormentados y algo solitarios que habitan los límites de la sociedad. Lo descubrimos en su debut, La azotea (Tránsito), donde una mujer con agorafobia atrinchera a su familia en casa, o en su última novela, El monte de las furias (Random House), que está protagonizada por una ermitaña que vive sola en la montaña.
En esta ocasión, los diez cuentos que nos propone Trías están también llenos de soledad, de personajes que se sienten incomprendidos y que, en muchas ocasiones, caen en una espiral de adicciones para combatir la realidad. También hay, por primera vez, varios escritores.
Una de ellas es la coprotagonista del mejor relato de esta obra: Ciclón. Cuenta la historia de Myriam, una anciana echando la vista atrás para recordar a su mejor amiga de la infancia, que se ha convertido en escritora de éxito narrando los tiernos años de juventud que ambas compartieron. Durante la adolescencia perdieron el contacto, pero Myriam se ha pasado la vida guardando los recortes de los artículos que hablaban de su examiga. Ella es su miembro fantasma. Esa parte que desapareció, pero nunca dejó de doler.