David Foenkinos: «Cuando te enfrentas a la muerte, tienes un punto de vista más potente sobre la esencia de vivir, sobre lo que de verdad importa»
FUGAS
El superventas francés, que sedujo a millones de lectores con «La delicadeza», regresa a las librerías con «Todos aman a Clara», una historia que nos habla de las señales místicas de la vida y del destino. «Cuando tenía 16 años, estuve muy enfermo del corazón y permanecí un mes en el hospital. Salí de la experiencia de una manera muy distinta, y empecé a escribir», revela. Foenkinos está de vuelta, en estado puro.
20 mar 2026 . Actualizado a las 15:49 h.Viste camisa y pantalón azul marino, a juego con unas deportivas de marca. Es alto, delgado y aparenta menos edad de la que tiene. Cercano y simpático, tira de humor en muchas de sus respuestas. David Foenkinos (París, 1974) se define como «un depresivo de buen humor»: «Siempre procuro extraer el lado bueno de todo, aunque reconozco que soy un tipo un poco oscuro». Escritor, dramaturgo, cineasta y músico, Foenkinos, que adora comer croquetas y pasear por Madrid, confiesa que este es uno de sus libros más personales. «No me di cuenta mientras lo escribía de la similitud con mi vivencia. Cuando yo tenía 16 años, estuve muy enfermo del corazón y permanecí un mes en el hospital. Salí de la experiencia de una manera muy distinta. Empecé a escribir, a leer y a desarrollar la imaginación», revela. Foenkinos está de vuelta. En estado puro.
—Regresa con «Todos aman a Clara», un canto a la vida, al amor y a la escritura.
—Efectivamente. Cuento la historia de Clara que, tras sufrir un accidente de tráfico y quedar entre la vida y la muerte, sobrevive y cuando despierta del coma ya no es la que era. Este libro va sobre una vida desdoblada, porque cuando sufrimos ciertas pruebas difíciles y lo pasamos muy mal, sentimos de una manera más intensa todo lo que nos sucede. Y de ahí que lo que me interese sea la vida, las pequeñas cosas cotidianas e incluso las señales más místicas de la vida, que a veces nos pasan desapercibidas, pero están ahí.
—¿Cuánto de usted hay en esta historia?
—Mucho. Es uno de los libros más personales que he escrito y, curiosamente, no me di cuenta mientras lo escribía. Este libro habla del vínculo entre la escritura y la clarividencia.
—Alexis escribe para aliviar su dolor y sobrellevar la gravedad del estado en el que se encuentra su hija Clara. ¿Escribir es, en su caso, una forma de terapia para afrontar las dificultades de la vida?
—No, en mi caso es justo lo contrario. Cuanto más escribo, peor me siento, más descubro mi locura, mi histeria [se ríe]. Escribir es permanecer mucho tiempo en tu cabeza y sí, me hace bien, lo reconozco. Cuando no escribo, no me siento bien. Necesito escribir mis obsesiones, mi vida, pero no considero que escribir sea una terapia.
—¿Siente que puede vivir diferentes vidas a través de sus novelas?
—Totalmente. Para mí, la escritura es como una infidelidad a uno mismo y tengo la impresión de vivir muchas vidas y me siento muy cercano a todos mis personajes, incluso al escritor que no puede escribir en 40 años. Yo, que escribo todo el tiempo, un libro por año, entiendo que podemos sentirnos abandonados por la inspiración en cualquier momento.
—¿De dónde surge su inspiración? ¿Una noticia, una persona que conoce, un cuadro?
—De todos lados. Me vuelvo loco si no tengo un libro en mente. Busco, busco, busco por todos lados. Para esta novela, recuerdo que estaba en Roma con mi hija y descubrí el Ángel del Dolor (escultura que representa el duelo profundo y el amor eterno) y me inspiró muchísimo. Y surgió el deseo de escribir sobre la clarividencia
Siento un flechazo con esa idea y voy desarrollando la historia.
—Viajemos ahora a su adolescencia, a la etapa en la que estaba enfermo e ingresó en el hospital. ¿Los libros lo salvaron?
—Sí, por supuesto. Hay que imaginar que estábamos en 1991, otra época, sin TikTok. Tal vez mi destino habría sido distinto si me hospitalizasen hoy, quién sabe. Pero en aquel momento no había Netflix ni redes sociales. Los libros eran mi evasión, me permitían viajar, escaparme de la habitación. Fueron mi refugio y me consolaron cuando más asustado estaba y peor me sentía. Debido a que padecí una grave enfermedad y tuve miedo de morir, yo, que no amaba leer en la escuela, en aquella habitación de hospital aprendí a disfrutar de la lectura y a descubrir su belleza. Quizá si me pusiese enfermo hoy, sería dentista [se ríe].
—¿Aquella experiencia de adolescente lo marcó tanto emocionalmente que por eso hoy subraya la importancia de vivir con plenitud en cada una de sus novelas?
—Eso es. Cuando te enfrentas a la muerte, cuando la ves de cerca, tienes un punto de vista más potente sobre la esencia de vivir, sobre el amor, sobre lo que de verdad importa. Charlotte Salomon (pintora a la que rescaté en mi novela Charlotte), dice: «Hace falta morir una vez para amar de verdad», que es algo bellísimo. En general, siempre me digo que hay que disfrutar de cada instante, porque todo es efímero. Una de las cosas más importantes de la vida es el humor. Me encantan las personas que me hacen reír. Y aunque abordo asuntos dramáticos en mis historias, siempre procuro extraer el lado bueno y bonito a todo. Digo esto, pero reconozco que yo soy un poco oscuro. Muchas veces me defino como un depresivo de buen humor.
—Otro tema recurrente en sus novelas es el destino. Vemos cómo Clara, la protagonista, es capaz de influir y predestinar las vidas de los que la rodean. ¿Cree en el destino?
—Creo profundamente en el destino. Creo que hay muchas cosas que están escritas, lo que es importante es el momento en el que vivimos las cosas, tal vez no es el mejor momento y muchas veces hay que esperar al destino. Pero lo que tiene que llegar, siempre llega...
—De nuevo, encontramos el tema del fracaso entre estas páginas. Es un escritor de éxito y ha sido merecedor de los prestigiosos premios literarios. ¿Siente que ha fracasado alguna vez en la vida?
—Creo que los fracasos son necesarios para aprender, por eso escribí Número dos. Viví el gran éxito con la novela de La delicadeza, de la que se vendieron millones de libros, pero confieso que terminé un poco cansado del éxito. Y sí, también he tenido muchos fracasos, profesionales y sentimentales.
—¿Cuáles duelen más?
—No me gusta hablar de temas personales, fuera del libro. Pero reconozco que yo no estaba muy bien en mi piel de adolescente, no me gustaba mucho a mí mismo, me faltaba afecto y me refugié en el humor y la risa. De ahí que el humor esté tan presente en mis primeros libros.
—¿En algún momento de su carrera literaria ha sufrido el síndrome del impostor?
—Es un poco el vínculo con este libro. Yo trabajo mucho en cada uno de mis libros, reflexiono profundamente sobre mis historias y siempre me embarga ese síndrome del impostor, porque creo que en cierta manera no soy responsable de mi imaginación o del talento que tengo. Cuando escribí La delicadeza se me vino todo a la cabeza solo, la historia, los personajes, los diálogos , de una forma muy fácil. Después, vendí millones de ejemplares y muchas veces, me pregunto: «¿Y por qué yo? Por eso, este libro, Todos aman a Clara, es un vínculo entre la clarividencia y la escritura. Me siento impostor, porque todo me ha venido de manera muy fácil. ¿Cuántos escritores escriben novelas?, muchos. Entonces, ¿por qué yo decidí escribir? Mis padres no leen, no había libros en mi casa, de ahí que todo esto sea un poco extraño para mí.
—Llevó al cine, junto a su hermano Stephane, «La delicadeza». ¿Le gustaría hacer la adaptación a la pantalla grande de «Todos aman a Clara»?
—He rechazado, por el momento, todas las adaptaciones de mis últimos libros. No quiero que sean películas, a menos que sean grandes directores o guionistas los que lo lleven a cabo, como Sorrentino.
—Conozcamos un poco más al hombre que está detrás del escritor de éxito. ¿Qué le hace feliz? ¿Qué le despierta una sonrisa?
—Comer croquetas me encanta. Además, estoy feliz de estar en Madrid, me gusta mucho esta ciudad. Si miro atrás, yo no tenía libros en casa, empecé a escribir, tuve éxito, veo mis libros traducidos al español, me hacen entrevistas, nunca lo hubiera imaginado... Estoy feliz y eso me hace sonreír.
—La lectura suele ser una afición a la que recurrimos muchos para desconectar de las prisas y obligaciones del día a día. ¿Qué le gusta hacer para resetear?
—Me encanta y adoro jugar al pádel. Es una pregunta interesante, porque como vivo todo el tiempo en mi cabeza, y además duermo muy poco, mi mente y mi cabeza no paran. Por eso elijo el deporte para buscar esa liberación, para evadirme.
—¿Cuál es el libro que más le ha marcado en la vida?
—La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera.
—¿Con qué sueña David Foenkinos?
—Con que todo pueda continuar y aceptar lo que no puede existir.