Morris, el jefe de la banda de cine «más criminal»: «A mis años, no estoy para pasarlo mal»

Sara Fernández Varela
sara fernández REDACCIÓN / LA VOZ

FUGAS

Rodaje de madrugada. Morris, en el centro de la imagen, en uno de los momentos de la película, grabada en Guadalajara, Toledo o Madrid, donde el frío puso a prueba al reparto
Rodaje de madrugada. Morris, en el centro de la imagen, en uno de los momentos de la película, grabada en Guadalajara, Toledo o Madrid, donde el frío puso a prueba al reparto

El actor vigués comparte reparto con los también gallegos Chechu Salgado y Diego Anido en «Aves de corral», el primer largometraje de Antonio Vicent, que se estrena este 6 de marzo en cines

06 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Dicen que los gallegos estamos curtidos al frío, pero hay noches en la Mancha que ponen a prueba hasta al más veterano. En la grabación de Aves de corral, el primer largometraje de Antonio Vicent, los tres gallegos del reparto —Antonio Durán, Morris, Diego Anido y Chechu Salgado— hicieron una auténtica «piña» para sobrellevar los rodajes a las tres de la mañana cuando el termómetro se desplomaba. «Hubo momentos que no fueron fáciles, con mucho rodaje de noche y en exteriores. Yo descubrí una cosa, que a las tres de la mañana en la Mancha pega un bajón la temperatura…», confiesa Morris entre risas.

El frío se combatía con la retranca que tanto nos caracteriza: «Entre escena y escena, los gallegos hacíamos piña para quejarnos de todo. Rajábamos mucho de las condiciones de ''Tengo la espalda destrozada y tengo que volver a salir a la lluvia"». Pero ahí estaba siempre el director para animarlos. «Hubo momentos de crisis, pero Antonio [Vicent] estuvo todo el rato convenciéndonos», reconoce el actor.

Más allá de las anécdotas del rodaje, lo que se estaba cocinando en ese set repartido entre Toledo, Guadalajara y Madrid era un thriller con tintes de comedia. La cinta, que se estrena el 6 de marzo en la gran pantalla, cuenta la historia de una atípica banda criminal, unos «obreros del crimen» —como terminaron autodenominándose—, que planean asesinar a un dirigente del CNI. Sin embargo, lo que no saben, es que se verán envueltos en una compleja trama, donde una pareja de novios se cruza en su camino y nadie termina el día como esperaba. Junto a los tres gallegos, el reparto se completa con nombres como Pedro Casablanc, Belén Écija o Roberto Enríquez, entre muchos otros. «Es una cinta muy especial y tiene cierto aire de surrealismo, yo creo que es una película que la gente va a disfrutar mucho», asegura Vicent.

El actor vigués comparte reparto con los también gallegos Chechu Salgado y Diego Anido en «Aves de corral»
El actor vigués comparte reparto con los también gallegos Chechu Salgado y Diego Anido en «Aves de corral»

Un flechazo

¿Cómo acabaron tres gallegos en el debut de un madrileño? La elección no fue fruto del azar, sino de un auténtico flechazo profesional por parte del director. Él confiesa ser un enamorado del acento y la riqueza interpretativa de Galicia. «Paré el tren delante de Morris y le dije: “Sube, por favor”», recuerda el cineasta, quien descubrió al actor gallego viendo una serie y supo al instante que había encontrado al «jefe» de su banda. «No les pedí que hiciesen la película porque fuesen gallegos, sino porque son actorazos», aclara el cineasta, aunque admite que ver cómo se formaba ese trío gallego en el set le apasionó. «Me encantó el color y la riqueza que le dan a la película», asegura.

A pesar de encarnar al jefe de una banda en Aves de corral, Morris no se considera nada «gallito»: «Tengo un pronto muy fuerte, pero soy muy tímido». Con una carrera consagrada que va desde el mítico Antón Santos de Pratos combinados al icónico Charlín de Fariña, Morris ha aprendido a ser selectivo a la hora de aceptar un papel. «A pocas cosas dije que no, pero hoy, con los años que tengo, ya no me apetece pasarlo mal», reconoce, a la vez que revela que para él es clave el ambiente en el set: «Cuando me presentan un proyecto, veo el reparto y si los compañeros de viaje garantizan un trayecto simpático, lo acepto». ¿Su secreto a la hora de interpretar? Llevar los textos muy bien aprendidos: «Nunca les pongo voz en casa. En el rodaje soy muy obsesivo y al terminar una secuencia no me veo nunca porque si no me empiezo a corregir». Prefiere confiar en el director y dejar que la interpretación sea un juego que nace en el momento.

Esa confianza fue mutua. Antonio Vicent permitió que la veteranía de sus actores transformara la historia. Un ejemplo claro ocurrió tras una lectura de guion, cuando Morris sugirió que una escena tenía «más hilo del que tirar». «Me fui a mi casa, le di vueltas y cambié la escena esa misma noche», confiesa Vicent. Para el director, el proceso creativo fue un aprendizaje compartido: «Es ridículo concebir que el proceso sea precocinado». Y esa química en el rodaje es la que se reflejará en las salas. «Honestamente, es una película hecha para el público», concluye el cineasta.