Colombine, la firma de mujer más odiada por el franquismo

María Salgado
María Salgado REDACCIÓN / LA VOZ

FUGAS

La escritora, periodista, traductora y activista por los derechos de la mujer, Carmen de Burgos, Colombine (Almería, 1967-Madrid, 1932). En 1906, impartió en Roma la conferencia «La mujer en España»; y en 1927 firmó su obra más emblemática, «La mujer moderna y sus derechos», reeditada por Renacimiento.
La escritora, periodista, traductora y activista por los derechos de la mujer, Carmen de Burgos, Colombine (Almería, 1967-Madrid, 1932). En 1906, impartió en Roma la conferencia «La mujer en España»; y en 1927 firmó su obra más emblemática, «La mujer moderna y sus derechos», reeditada por Renacimiento.

Sufragista, impulsora de la ley del divorcio y la primera periodista profesional en 1903, Carmen de Burgos escribió 300 obras y 10.000 artículos

06 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Qué excepcional y pionero era su legado que la temían estando muerta. No solo la vetaron y silenciaron; la borraron del mapa, la hicieron desaparecer. El franquismo adoptó una práctica de la antigua Roma, llamada damnatio memoriae, que consiste en eliminar cualquier vestigio de la existencia de un ser humano. En la lista de autores prohibidos por la dictadura, tras Zola, Voltaire, Rousseau..., en noveno lugar aparecía al fin un nombre español y era de mujer: Carmen de Burgos. Defensora durante tres décadas del sufragio femenino, la ley del divorcio y la abolición de la prostitución, se convierte en la primera periodista profesional en 1903, bajo el seudónimo de Colombine, y en la primera corresponsal de guerra seis años después, y tiene tiempo para escribir 10.000 artículos y trescientas obras, entre cuentos, novelas cortas y largas, ensayos, biografías, traducciones, estudios literarios y libros de viajes, antes de que destruyan su memoria.

«Para los que ganaron la guerra era la figura más odiada porque se atrevió a crear a la mujer moderna; es la figura imprescindible para explicar la historia del feminismo en España. Si no hubiese ocurrido la desgracia del fascismo, habría sido la figura de referencia para las generaciones posteriores, pero nos la robaron», se lamenta Concepción Núñez Rey, que lleva cincuenta años investigando en archivos, hemerotecas y bibliotecas de Europa y América, una «auténtica labor arqueológica» para rescatar y desenterrar a esta autora esencial del primer tercio del siglo XX. «Me queda la satisfacción de haberla renacido. Eso es lo que me quedará en la vida; ha sido como mi leitmotiv», reconoce esta doctora en Filología Hispánica, que publicó en el 2005 la biografía Carmen de Burgos, Colombine, en la Edad de Plata de la Literatura Española, Premio Antonio Domínguez Ortiz, reeditada y ampliada en el 2021.

Una biografía premiada. Concepción Núñez es autora de «Carmen de Burgos, Colombine, en la Edad de Plata de la Literatura Española», galardonada con el Premio Antonio Domínguez Ortiz.
Una biografía premiada. Concepción Núñez es autora de «Carmen de Burgos, Colombine, en la Edad de Plata de la Literatura Española», galardonada con el Premio Antonio Domínguez Ortiz.

«Una vida deshojada en cuartillas»

Hija de una familia de la burguesía almeriense, tiene una biblioteca a su disposición y lee a los grandes pensadores del XVIII. Autodidacta y de ideales ilustrados —igualdad, libertad, justicia—, se casa de adolescente con un periodista infiel, con el que tiene cuatro vástagos, aunque tres mueren prematuramente. No puede divorciarse, pero la joven malcasada logra la separación legal y queda bajo tutela paterna. En 1900, publica su primera obra, Ensayos literarios, que ya contiene uno titulado La educación de la mujer, y un año después oposita como maestra y cambia su destino: consigue independencia económica y se marcha a Madrid. Allí, escribe La penalidad en la infancia, un reportaje sobre niños presos que le abre las puertas del periodismo. El 1 de enero de 1903, Colombine estrena su columna diaria, Lecturas para la mujer, en Diario Universal, y se convierte en la primera redactora profesional. En sus páginas, lanza una exitosa campaña a favor del divorcio que le dará notoriedad. Dos años más tarde, la ficha Heraldo de Madrid y, tras un largo viaje por Europa, hace otra campaña periodística, pero esta vez en defensa del voto femenino y con peor resultado.

«Heraldo de Madrid» envió a Carmen de Burgos en 1909 como corresponsal a la guerra hispano-marroquí en Melilla.
«Heraldo de Madrid» envió a Carmen de Burgos en 1909 como corresponsal a la guerra hispano-marroquí en Melilla.

Carmen de Burgos no deja de escribir y abre una tertulia literaria en su casa, a la que asisten Galdós, Rubén Darío y Blasco Ibáñez, y en la que conocerá a su gran amor, Ramón Gómez de la Serna. «He tenido una vida deshojada en miles de cuartillas», dice esta gran polígrafa, que se atreve con casi todos los géneros. En 1909, vuelve a ser pionera, como corresponsal de guerra enviada a Melilla; y en 1921, como presidenta de la Cruzada de Mujeres Españolas, en la primera manifestación sufragista, en la Carrera de San Jerónimo. «La mujer no puede continuar siendo una masa inerte», reivindica en el manifiesto dirigido a las Cortes.

Terna con Clara Campoamor y Victoria Kent. El «Diario de la Marina», de La Habana, recoge el 3 de octubre de 1931 la aprobación del sufragio femenino en España, y la «ardorosa campaña» librada por Carmen de Burgos en prensa.
Terna con Clara Campoamor y Victoria Kent. El «Diario de la Marina», de La Habana, recoge el 3 de octubre de 1931 la aprobación del sufragio femenino en España, y la «ardorosa campaña» librada por Carmen de Burgos en prensa.

Su ensayo más emblemático lo firma en 1927: La mujer moderna y sus derechos. Harta de militar en el PSOE, que no acepta las exigencias feministas, se afilia al Partido Republicano Radical Socialista. Y a los quince días de declararse la Segunda República, visita al ministro Fernando de los Ríos y le pide la legalización del divorcio, que se aprueba en 1932. Ese año, muere Colombine, que nunca llega a votar, un derecho que ejercen seis millones de españolas en 1933. Hoy, se conserva una película sonora en la que podemos escuchar su voz condenada al olvido diciendo: «¡Viva la República!».