Dispone de argumentos musicales y discurso como para ser un artista de referencia en el pop español, más allá de ser el productor de «El madrileño», de C. Tangana. Visita Galicia a finales de marzo
27 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Por todo lo que aportan a la resignificación y a la oportuna actualización del género, los dos discos de Alizzz (Castelldefels, 1984), pero especialmente el último, Conducción temeraria, bien merecerían un lugar destacado en el olimpo del pop español del siglo XXI. Pero sobre ellos se impone la trascendencia de su labor como productor de El madrileño, el disco de C. Tangana. Aun así, el músico catalán no ceja en el empeño de dotar de singularidad su proyecto personal. Su última apuesta, cerrar la gira de su último disco con una serie de conciertos en pequeñas salas, que, de la mano de Son Estrella Galicia, llegará a Vigo, A Coruña y Ourense el 27, 28 y 29 de marzo.
—¿En qué formato viene?
—Vamos a trío, con guitarras y batería. Y no llevamos secuencias. Hemos intentado mantener al máximo la crudeza y la energía de tocar los tres, como si estuviésemos tocando en un ensayo.
—¿Producir un disco como «El madrileño» dificulta su carrera como artista?
—No, para mí ha sido un trampolín. Producir un disco como El madrileño es superdivertido. Viajas un montón, creas canciones increíbles, te lo pasas bien con tus amigos en el estudio... Hay bastantes pocas cosas que no sean positivas.
—«Productor visionario». «Una de las figuras más influyentes de la música española»... ¿Cómo se le queda el cuerpo cuando lee esas cosas?
—Siento que he hecho cosas muy importantes dentro de la música popular en España, simplemente por haber producido discos que ya son medio clásicos. Pero leer esas cosas me hace pensar: «Bueno, ¿lo que he hecho es suficiente como para tener ya mi lugar en la música o voy a tener que estar toda la vida proponiendo cosas para estar ahí arriba?». No sé..., a veces prefiero que dejen ya lo de visionario y que tampoco se espere tanto de mí.
—¿En algún momento tuvo la sensación de ser un visionario?
—Haciendo El madrileño sí que tuve una sensación de estar haciendo algo nuevo y relevante. Y luego, con el recibimiento que tuvo, pues sí que se me quedó la sensación de haber aportado algo, de haber agrandado lo que es la música popular española.
—Ya que habla de música popular, en sus discos propone una actualización del pop de corte clásico, hasta hace nada denostado y que ahora vuelve a ser «cool».
—Para mí, la época dorada del pop español fueron los años noventa y tengo muchos recuerdos y canciones que me han marcado mucho, con las que me he identificado y que me han influenciado para hacer lo que hago con mi proyecto personal.
—Los primeros 20 segundos de «Mirando para el techo» son puro Nacha Pop.
—Sí, sí. Para mí, Antonio Vega y Enrique Urquijo están en el olimpo de los grandes compositores españoles. También me identifico mucho con su manera de sentir. Después, el pop español de los 2000 ya era como más fiestero y yo me siento más cerca del pop de cantautor.
—De hecho, las letras de sus canciones combinan el relato críptico con lo poético.
—Desde el costumbrismo se extraen muchas ideas abstractas, aunque estés hablando de detalles nimios de la vida cotidiana. Por eso me siento más identificado con el costumbrismo que con la grandilocuencia poética. Intento encontrar la poesía en los detallitos.
—¿A qué músico gallego le gustaría producir?
—Me molaría trabajar con Baiuca. Lo que hace tiene carácter y ha aportado cosas muy interesantes a la música gallega. Y con Carlos Ares también podría hacer cosas.
—Ya tiene la experiencia gallega de haber coproducido «Oliveira dos cen anos».
—Sí, y fue una experiencia maravillosa. Descubrí una escena relacionada con la música tradicional alucinante. Incluso los ingenieros que me enseñaron a grabar instrumentos de percusión tradicionales tenían un conocimiento a nivel técnico y artístico ante el que me quito el sombrero.
—Habla de cerrar una etapa. ¿Su nueva canción, «Calladito», es una pista de por dónde podrían ir los tiros en el futuro?
—No lo sé. Voy haciendo cosas, pero no estoy buscando algo en concreto. Pero te diría que no. Creo que no voy a tirar por ahí.
—Por lo menos, se habrá quedado a gusto después de soltar lo que suelta en esa letra.
—Las canciones más reivindicativas que he hecho han surgido de momentos en los que he pillado un mosqueo importante. Cuando estoy así, me siento y escribo. Y es divertido porque me suelen salir en un momento y es una buena manera de acabar de entender por qué estás enfadado y convertirlo en algo artístico.
—«Lávate la boca si hablas de mí», dice en esa canción. ¿Se han dicho cosas de Alizzz que le han sentado mal?
—Sí, claro. Hice esa canción porque me estaban molestando algunas cosas. Antes de hablar de los demás la gente debería mirarse un poco al espejo.