Paco Roca: «Me gusta hacer viñetas con la memoria de los demás»

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El historietista valenciano Paco Roca.
El historietista valenciano Paco Roca. Juan Martínez Lahiguera

El premio Nacional de Cómic y ganador del Premio Eisner incidirá en sus próximas obras en dos pasados: el histórico y el de las vidas cotidianas

10 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Paco Roca (Valencia, 1969) se valió de recuerdos, testimonios, vivencias, anotaciones en botellas o en la mesilla de noche.... Diferentes canales y recursos para, a través de la memoria, construir su propia narrativa. Ha ganado premios relevantes, como el Eisner en el 2020 por su obra La Casa. Hasta el 20 de septiembre detalla su búsqueda del pasado en una exposición en el Instituto Cervantes de Madrid. Además, cuenta con tres proyectos ya comprometidos hasta el 2029, dos de ellos con un claro continuismo, ya que diseccionará los recuerdos de una ruptura sentimental y unirá nuevamente periodismo y narrativa para recuperar un trozo de la historia, desde su método artesanal para mostrar emociones en sus viñetas.

­—Con su última obra, El abismo del olvido, usted y el periodista Rodrigo Terrasa abordan el contexto histórico del franquismo. ¿Qué les llevó a incidir en la memoria de esta etapa?

—Es un reto creativo muy interesante: reconstruir a partir de los testimonios y de las investigaciones. Me gusta utilizar la memoria de los demás y convertirla en viñetas Además, me parece de cierta justicia. En el caso de la memoria histórica no se puede reconstruir el pasado únicamente con la memoria oficial del franquismo. Es un reto crear una memoria visual de la que muchas veces carecemos en este país, porque lógicamente no se fotografiaban ni los fusilamientos, ni las fosas comunes... No tenemos esas fotografías para mostrarlas a los que ven el franquismo como una dieta blanda o un momento de progreso.

­—¿El panorama actual, con el riesgo de que regresen ideas totalitarias latente, les ha marcado a la hora de trabajar?

El abismo del olvido nace de este momento actual, del revisionismo de la historia y del auge de la ultraderecha, que se ha vivido con el cambio de Gobierno en la Comunidad Valenciana, y en otras, y la llegada de la ley de concordia que venía a sustituir a la de memoria histórica. Con el punto de vista de «nosotros somos los vencedores y vosotros los vencidos. Y en ese sentido, vamos a tener una concordia. Vuestros muertos en una fosa común y los nuestros enterrados donde queramos».

­—Sobre La Casa, ¿considera que a veces se llega a entender a los padres cuando ya no están?

—Cuando murió mi padre entendí la importancia de esa casa para él. Venía de una familia muy humilde, su padre no le dejó nada. Él tuvo siempre claro que quería darles esa casa a sus hijos. No tenía el dinero, así que la tuvo que hacer de forma chapucera con el esfuerzo de sus hijos. Estos acabaron odiando el que sería el regalo de su padre. Comprendí a mi padre una vez muerto. De nuevo volvemos al relato y a la memoria. Necesitamos una coherencia, una causa-consecuencia a todo lo que ha ocurrido.

­—Tras la dana en su tierra, creó varios dibujos.

—La dana fue un gran drama. Para los que vivíamos en el centro, nos parecía increíble que todo eso estuviera pasando a escasos kilómetros. Puse el foco en los que lo habían perdido todo con la inundación y en todo ese movimiento solidario que apareció de forma espontánea. Al primer día siguiente, sin aún ayuda oficial, empezaron ya a llegar voluntarios.

­—¿Se plantea llevar esta catástrofe a un cómic?

—No creo que vaya a hacer nada con la dana. Ya hay dibujantes que lo vivieron y van a contar su historia.

­—Usted fue durante años publicista antes de dedicarse a los cómics.

—En mi vida ha habido muchos factores de suerte. Con 17 años empecé a trabajar en una agencia de publicidad haciendo storyboard, que era el camino intermedio con el cómic. Me dediqué 20 años a ello. Con La Cúpula y todos esos nuevos autores me volvió el gusanillo.

­—¿Cómo recuerda sus inicios, con una etapa incluso en cómics de corte erótico?

—Habían desaparecido prácticamente todas las revistas que en los ochenta llenaban los quioscos. Solo quedaba el Víbora y el Kiss Comix y ahí sí que buscaban dibujantes. Mi estilo publicitario funcionaba bien para hacer historias pornográficas con un acabado «elegante», que decían ellos. Pero no era lo que quería hacer, y con el tiempo pasé al Víbora. Como norma, todo era bastante ruinoso. Después de muchísimo esfuerzo y, con la suerte de poder publicar, nadie lo leyó y todo pasó un poco desapercibido.

­— ¿Cuándo le llegó ese golpe de suerte?

—Tuve el factor suerte con la publicación de Arrugas en Francia. Todo cambió para mí: apareció en el momento adecuado. Era tan especial como cualquiera que pude hacer en ese momento. Estaba ya cansado del mundo de la publicidad, de las entregas y las prisas, y probé de todo.