Cristina López Barrio: «He aprendido que lo perfecto es enemigo de lo bueno»

FUGAS

Javier Cebollada | EFE

Regresa con «La tierra bajo tus pies» tras hacer un viaje introspectivo: «Tuve que recordar a esa niña adolescente que disfrutaba escribiendo»

18 jun 2024 . Actualizado a las 22:49 h.

A Cristina López Barrio (Madrid, 1970) no le gusta ficcionar la realidad. Vive con pasión su vocación y la narrativa le alimenta el alma, pero tampoco le duelen prendas a la hora de reconocer lo difícil que es la industria del libro. Que nunca sabe si una novela va a acabar funcionando y que la inspiración es una musa que, a veces, tarda demasiado en llegar. Afortunadamente, esa travesía estéril siempre acaba por encontrar rumbo fijo. En esta ocasión, el destino la llevó a su última novela, La tierra bajo tus pies, que le ha valido el premio Azorín de Novela.

­—¿La definirías como una gran historia de amor?

—Hay una gran historia de amor, pero no es una novela solo de amor. Tiene varias patas. Cuenta la peripecia vital de una joven que se embarca en las Misiones Pedagógicas en 1935 y descubre el amor, pero también el mundo rural. Hay una historia de venganza y de odio, en la que ella forma parte. Hay intriga, una desaparición... Hay determinados acontecimientos que van transformando al personaje, como la pérdida de su madre, el descubrimiento de una forma de vida diferente, del amor, de la naturaleza, porque ella es una mujer de ciudad. También descubre la cultura de vivir en el campo. Es una novela de encuentro, pero también de contrastes.

­—Describes el Madrid del 35 como un momento de gran libertad de pensamiento con las Misiones Pedagógicas, también por la manera que ella tiene de vivir...

—Era el mejor de los tiempos, porque todavía había esa ilusión y esperanza de la modernización de España, de un cambio, del progreso de las mujeres, que ya se habían dado bastantes pasos. Había esa creencia de que era posible unir la España rural y la de las ciudades. Al mismo tiempo, era el peor de los tiempos. Ya había convulsión social y política. Y, por eso, en la novela aparece ese olor a pólvora. Es una época contradictoria. La novela y las Misiones Pedagógicas son la luz, ese momento último de esperanza, de que era posible modernizar España y unir estas dos Españas, la urbana y la rural. Pero, a la vez, ya flotaba el desastre.

­—¿Puede haber un paralelismo con la polarización política actual?

—Sí, me resulta muy triste. Es importante mirar atrás en nuestra historia, porque podemos aprender mucho de ella. Creo que polarizar y radicalizar y que todo pase por tener un cariz político, de una manera radical, lo único que genera es crispación e intolerancia. Además, me parece que la pluralidad de pensamiento es una riqueza y que cada uno puede pensar lo que quiera y que se le respete.

—Antes de ser escritora eras abogada, ¿te arrepentiste alguna vez de haber dejado el mundo del derecho?

—Ejercí durante 13 años la abogacía y los últimos seis años hice un máster de propiedad intelectual. Pero yo siempre había querido escribir, desde adolescente. Trabajaba en el mundo del derecho para ganarme la vida y es verdad que me gustó mucho. Todavía lo echo de menos. Pero con mi primera novela, La casa de los amores imposibles, tuve mucho éxito. Me encargaron una segunda novela y consideré que era el momento de dar el salto. Ahora, con el paso del tiempo, creo que fui un poco loca, un poco ingenua. Yo pensé que, de alguna manera, todo estaba hecho. Y no es así. Te das cuenta de que esto es una carrera de fondo. Que lo difícil no es llegar, sino mantenerse. Pero ya estaba hecho y no había vuelta atrás. Aun así, no me arrepiento de haber apostado todo por lo que era mi verdadera vocación.

—¿Pasaste por alguna crisis hasta el punto de querer volver atrás?

—Alguna vez, porque cada novela es una aventura. Tuve mucho éxito con la primera y pensé que con todas iban a ser igual, pero no es así. No sabes muy bien cómo va a funcionar cada libro, aunque tengas unos lectores fieles que van aumentando. Hay novelas que funcionan mejor y otras que no. Y en esos momentos en que una novela funciona peor, pues he pensado que quizás debería volver al derecho. Pero luego, encontré también otros caminos relacionados con el mundo de la escritura y de la creación.

—¿Eres muy perfeccionista cuando escribes?

—Sí, soy bastante perfeccionista. Pero en estos 14 años he aprendido que lo perfecto es enemigo de lo bueno. La perfección te lleva directamente al bloqueo. Y hay que encontrar el equilibrio y no perderte en una corrección continua que, muchas veces, lo que hace es empeorar el texto. Es mejor hecho que perfecto. A veces pienso que algo tiene que quedar muy bonito y emocionante y creo unas expectativas. Para mí las expectativas y la perfección es un camino directo al bloqueo.

—¿Alguna vez te has bloqueado?

—Pues sí, llevaba cuatro años sin publicar un libro, desde Rómpete corazón. Dos de ellos han sido de absoluto desierto creativo. No encontraba una historia que me apasionara. Me interesaban muchas cosas, pero no lo suficiente como para escribir una novela. Y me ponía a escribir y me bloqueaba bastante, porque no encontraba nada y luego, lo que encontraba, quería que fuera maravilloso. Tuve que volver al principio. A recordar a esa niña adolescente que disfrutaba escribiendo y que pensaba más en el camino, en el disfrutar con lo que estaba haciendo, que en el resultado. Y así fue cómo, poco a poco, conseguí volver a escribir. Luego se me cruzó el tema de las Misiones Pedagógicas. Encontré lo que me ilusionaba.