El origen de «1984», de Orwell, está en la guerra civil española

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En el «El Ministerio de la verdad», el periodista y escritor británico Dorian Lynskey rastrea la pesadilla que llevó a Orwell a escribir la novela y su utilización política

30 dic 2022 . Actualizado a las 12:23 h.

Es el libro político más influyente y aterrador del siglo XX, una denuncia asfixiante y sin concesiones de los totalitarismos que, setenta y tres años después de su publicación, en 1949, mantiene toda su fuerza y su vigencia. «Sigue siendo el libro al que recurrimos cuando se mutila la verdad, se distorsiona el lenguaje, se abusa del poder y queremos saber hasta dónde puede llegar todo esto», escribe Dorian Lynskey en su libro El Ministerio de la verdad. Una biografía del 1984 de George Orwell. Una obra que rastrea los orígenes de esta novela distópica, qué llevó a Eric Arthur Blair (el verdadero nombre del escritor británico) a escribirla y cómo ha sido interpretada y utilizada políticamente en diferentes épocas. Expresiones y conceptos acuñados por Orwell forman parte de nuestro imaginario y nuestro lenguaje, incluso de quienes no la han leído: neolengua, telepantalla, Policía del Pensamiento, doblepiensa, Hermano Mayor o los Dos Minutos del Odio. Anthony Burgess, autor de La naranja mecánica, describió 1984 como «un código apocalíptico de nuestros peores miedos».

ESPAÑA, HORA CERO

Lynskey, periodista británico y autor de 33 revoluciones por minuto. Historia de la canción protesta, demuestra que el origen del libro está en la Guerra Civil española. «España supondría la gran ruptura en su vida, su hora cero», señala el autor. Años más tarde, le diría a su amigo Arthur Koestler: «La historia se detuvo en 1936». Orwell tenía 33 años y fue a España combatir al fascismo y defender «la honradez más elemental», y lo hizo en las milicias de «los perdedores de los perdedores», el minúsculo POUM, un partido marxista de origen trotskista, liderado por Andreu Nin, que acabaría siendo ejecutado tras ser salvajemente torturado por agentes soviéticos.

Orwell presenció una guerra civil dentro de la Guerra Civil que enfrentó a comunistas, anarquistas y trotskistas en Barcelona, «la única vez que vivió de primera mano el clima de pesadilla que encontramos en 1984». Allí percibió cómo la conveniencia política puede pervertir la integridad moral, el lenguaje y la propia verdad y fue testigo directo de hasta dónde podía llegar el terror político del estalinismo, que justificaba falsamente la eliminación de sus adversarios acusándolos de ser unos traidores que colaboraban con los fascistas. Lo que aquel idealista de difusas ideas anarquistas, un tanto ingenuo, no podía soportar eran mentiras como esas, «tan atroces que la gente pensó que tenían que ser verdad, porque nadie se inventaría algo así», escribe Lynskey. Había acudido a España movido por su odio al fascismo, pero se topó con un nuevo enemigo: «El comportamiento de los fascistas había sido horrible, justo como esperaba, pero la crueldad y la falta de honestidad de los comunistas le impactó», relata el autor. Él mismo y su pareja fueron acusados falsamente de ser «trotskistas confesos» que conspiraban con los disidentes de Moscú y se emitió una orden de arresto en su contra.

Ese bagaje vivencial lo enriqueció con la lectura de muchos de sus escritores favoritos, que eran excomunistas, como Gide, Koestler, Silone, Victor Serge, Souvarine o André Malraux, que explicaban el funcionamiento del estalinismo. «Muchos de los detalles y anécdotas que descubrió allí pasaron luego a 1984: el culto a la personalidad, la reescritura de la historia, la supresión de la libertad de expresión, el desdén hacia la verdad objetiva, los ecos de la Inquisición, las detenciones arbitrarias, las denuncias y confesiones forzadas y, sobre todo, el sofocante clima de sospecha, autocensura y miedo», asegura Lynskey. Es «la primera novela distópica escrita a sabiendas de que la distopía era una realidad».

No deje que ocurra

En todo caso, antes de empezar a escribir 1984 señaló que la guerra de España cambió su escala de valores. «Cada renglón que he escrito en serio desde 1936 lo he creado, directa o indirectamente, en contra del totalitarismo y a favor del socialismo democrático, tal como yo lo entiendo». Pero su obra cumbre, que terminó ya muy enfermo, meses antes de morir, ha sido reivindicada por socialistas, conservadores, anarquistas, liberales, católicos y libertarios. Durante la Guerra Fría fue aplaudida por la derecha y vilipendiada como propaganda anticomunista por la extrema izquierda.

En la era de las fake news, los «hechos alternativos», la videovigilancia, el control exhaustivo de corporaciones que manejan nuestros datos, en la que alguien sin escrúpulos y con la mentira por bandera como Trump es capaz de ganar unas elecciones, 1984 sigue siendo una referencia. Las consignas del Partido de la novela, «la guerra es la paz», «la libertad es la esclavitud» o «la ignorancia es la fuerza», tienen eco en el avieso uso actual del lenguaje. El temor de Orwell era que «el concepto mismo de verdad objetiva va desapareciendo poco a poco del mundo», en el que, como en la novela, 2 más 2 pueden ser igual a 5. Él nos enseñó lo que puede suceder si los ciudadanos son conformistas y no luchan contra el totalitarismo. Así lo advirtió desde su cama del sanatorio de Cranham: «La moraleja que podemos sacar de esta peligrosa pesadilla es simple. No deje que ocurra. Depende de usted».