Lo efímero deja huella

Mercedes Corbillón

FUGAS

cedida

30 dic 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Este año ha pasado rápido, como si las hojas del calendario se hubieran ido volando como en una escena de dibujos animados. Si miro atrás empiezo a panicar por la fugacidad del tiempo y a usar verbos que no existen. Vale, querida RAE, comienzo a sentir pánico, pero tampoco tanto porque lo efímero deja su huella y como decía Meursault, el protagonista ataráxico de El extranjero, un solo día de vida llegaría para llenar de recuerdos toda una existencia.

Me quedo con la sonrisa de mi padre cuando despertó de su infarto, con las manos de mi madre enseñándome el nido de un pájaro, con los ojos de mi tesorito poniéndose en blanco cada vez que digo discapaz y no diverso funcional, con la sonrisa luminosa de la tutora de Lola que hace creer en la enseñanza pública ella sola, con las fiestas de pijamas con mis amigas cincuentonas, con las nubes barrocas sobre el cielo de Nápoles, con los libros que pusimos bajo las patas de la mesa para volver a cenar todos juntos en Nochebuena; José Donoso, Bryce Echenique, Carlos Fuentes y Luis Landero, que se note que somos una familia de libreros; con el movimiento de las pestañas de mi tormentito cuando me dice que soy su persona favorita, con el audio de WhatsApp que me envió Nuria Labari, con la sensación de tener en mis manos un libro precioso que lleva mi nombre, con el suelo de la calle Orillamar donde tiendo a tropezar, con los besos que no me han dado mis amantes porque los que me dieron no los puedo contar, con el día que conocí a Luisa Castro y a Marcos Giralt y al rato caminaba con ellos de ganchete por las calles de cualquier ciudad, con la alegría que me dio que premiaran a Ismael Ramos con el Premio Nacional, con los prossecos compartidos bajo el cielo de Alguero con Susana P, con la esquina de Madrid donde me tropecé con Jorge Díaz, con la alegría de mis exsuegritos cuando levantan el teléfono y les digo que voy a comer, con aquel verso de Pasolini traducido por mi querido Mario Colleoni: «El tiempo no se mueve:/queda la risa de los padres/—como en las ramas la lluvia—/ en el rostro de sus muchachos».