Maradona y Francesco Totti, dos ídolos que se juegan la pantalla

FUGAS

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La película de Paolo Sorrentino «Fue la mano de Dios» y las series «Un capitán» y «Maradona: sueño bendito» marcan golazos esta temporada

14 oct 2021 . Actualizado a las 18:14 h.

«El fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes» nos reveló con hondura Jorge Valdano. Y para aquellos que lo sienten con la pasión que nos describió Campanella en El secreto de sus ojos cualquier partido puede provocar «el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad». La frase no es mía, ¡ya quisiera yo!, sino de Eduardo Galeano que en su libro El fútbol a sol y sombra homenajea la fiesta de los ojos que se produce en la cancha cuando surge la magia entre el jugador y la pelota. A esa fuerza, a esa alegría y a esa osadía se apela en las nuevas producciones que se asoman a la pantalla para recordarnos la manera de jugar de antaño, en la misma onda que escriben Carlos Roberto y Miquel Sanchís su libro Odio el fútbol moderno.

Volvemos atrás para ver a Maradona y a Francesco Totti y disfrutar de los ídolos. Esos, que como Diego Armando, nacen «en una cuna de paja y choza de lata» para con sus artes malabares convocar multitudes. Dios, ¿qué hubiera sido de la vida del director de cine Paolo Sorrentino si a los 16 años no se hubiera empeñado en ir a ver las filigranas de Diego? El destino le marcó un gol definitivo en 1986 cuando, movido por esa pasión, renunció a un plan de vacaciones con sus padres y desgraciadamente ellos fallecieron a causa de un escape de gas. Con ese arranque, Fue la mano de Dios (The Hand of God), galardonada con el León de Plata en Venecia que se estrena el 3 de diciembre, se construye como una metáfora de la vida.

«Es una frase bellísima. Es paradójico que la dijera un futoblista porque es una gran metáfora, que tiene que ver con la suerte o la divinidad si crees en ella. Yo creo en el poder semidivino de Maradona», argumentó Sorrentino en referencia al filme. En él el director de La gran belleza muestra al astro argentino como el eje insustituible de su camino para centrarse en el desconcierto que siente un chaval de 16, que se escapa de la muerte de milagro. La violenta, decadente y mágica Nápoles se descubre como un escenario de cine, que tras ese trágico suceso, se posiciona para Sorrentino como una alternativa al dolor.