Peio H. Riaño, historiador del arte: «Cuando se retira un monumento se retira la mentira»

CARME D. PROL / A.A

FUGAS

David Corrochano

El historiador y periodista publica «Decapitados» un ensayo sobre el papel de los símbolos en los espacios públicos de las ciudades

11 oct 2021 . Actualizado a las 22:23 h.

Con lo que el llama «noción de desilusión» debajo del brazo, Peio H. Riaño (Madrid, 1975) analiza en Decapitados la destrucción de monumentos que «representan valores como el machismo, el racismo o la exclusión» y las razones que han llevado a ciudadanos de todo el mundo a cortar las cabezas de esculturas de Colón o de esclavistas norteamericanos.

­—¿Por qué escribir ahora sobre este tema?

—En este caso, entendí que la ciudadanía estaba pidiendo una limpieza de la mentira en las calles. Investigué durante año y medio sobre este proceso ciudadano y demócrata que ha persistido a lo largo de los siglos: A la creación de un monumento, la ciudadanía responde con su destrucción. A pesar de que se construyen con la intención de ser inmortales e inviolables, terminan convirtiéndose, con el paso de los años, en insoportables. Eso es lo que provoca la desobediencia ciudadana contra los símbolos heredados de generaciones cuyo pensamiento y cuyo planteamiento social y moral no tiene nada que ver con el del presente. 

—¿Por qué se derriban ahora símbolos colonialistas y no se hizo antes?

—En España y en América, Colón como símbolo emerge a finales del siglo XIX, con la celebración del cuatro centenario, las primeras críticas ya aparecen ahí, desde el primer momento ya hay un malestar. España era un imperio que estaba desapareciendo y a menor poder, mayor propaganda. Desde el quinto centenario, en 1992, estos monumentos han sufrido el rechazo de la población, sobre todo en América Latina. En Estados Unidos, desde la muerte de George Floyd, se ha acelerado el proceso porque vivimos en un momento en el que no es posible el homenaje a figuras que provocaron la invasión, colonización, esclavitud, apropiación de territorios… Es un momento de desobediencia muy alto porque hubo muchos años de silencio. En España no queremos asumir todavía ese debate.