Carmen Boza: «Somos una generación de narcisos pegados a la pantalla»

CARLOS CRESPO

FUGAS

Comenzó subiendo vídeos a YouTube pero el reconocimiento le llegó cuando bajó a las tablas. Hoy representa la renovación de las cantautoras. Actúa a las 20.30 en el Teatro Colón de A Coruña.

04 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Qué lindo lo canta y qué lindo lo siente. Qué lindo que existan proyectos como el de Carmen Boza (La Línea de la Concepción, 1987). Ella hizo el camino al revés. Empezó subiendo vídeos a YouTube pero el vértigo la saturó y dio el salto al calor real, al del circuito de cantautores. Allí se curtió y no tardó en llamar la atención. En el 2015 publicó su primer disco con Warner. Uno y no más. Regresó a la independencia, parte consustancial de su vida y de su música. La caja negra (2018) la puso en el punto de mira de la crítica y de un público más amplio. Y los dos singles publicados tras la pandemia no han hecho sino amplificar las expectativas. Hoy, a las 20.30 horas, actúa en el Teatro Colón de A Coruña dentro de la programación del festival Elas Son Artistas.

­—«Me gusta vivir suave», dices en tu nueva canción. ¿Como se vive suave?

—La historia nace de un día que encontré en el Rastro un manuscrito que se titulaba Me gusta vivir muy suave. Me llamó mucho la atención porque me pareció que la expresión encerraba una poesía en sí misma y me lo llevé a casa. Resultó ser una recopilación de textos y poemas de una señora ya fallecida, que sus familiares habían repartido entre personas cercanas. Todos los textos versaban sobre ir encontrándose a una misma y asimilando la idea de que, en realidad, una nace y vive en soledad, consigo misma. Y creo que esa expresión, me gusta vivir suave, define muy bien esa sensación de encontrar la paz y la comodidad en algo en principio tan terrorífico como puede ser la soledad. Un tiempo después, cuando ya tenía esta canción casi terminada pero sentía que le faltaba algo que le diese esa fuerza final y englobase todo el mensaje, encontré un libro de Fernando Pessoa que se titula Suave es vivir solo. Y entendí que de alguna manera la vida me había puesto esos dos libros delante para que cerrase ese círculo. Y ahí quedó, para siempre, en la canción.

—En esa canción también hablas del toque de queda y de la libertad.

—Es curioso, porque la escribí bastante antes de la pandemia. Esos conceptos yo los manejé entonces como una licencia poética. Estaba tratando de pensar en ellos en abstracto.

—Pues acabaron por ser bien concretos.

—¡Fíjate! Es que me persiguen las casualidades. Pero eso también es lo bonito que tienen las canciones. Gracias a una lectura personal que tú haces, alguien, en una situación completamente distinta, puede encontrar después una respuesta o un alivio.

—¿«La grieta» también está escrita antes del confinamiento?

—No, La grieta la escribí justo al acabar el confinamiento. Ahí sí que estaba en esa nebulosa de no entender que estaba pasando y con una confusión y una desesperanza brutal. La grieta fue una manera de sacar todo eso de mi cabeza para que no me carcomiese.

—Seguimos conceptuales, ¿qué es eso de la «individualidad colectiva»?

—Un sentimiento individualista que está generalizado, un cosa muy de estos tiempos. A mí me gusta mucho jugar con las palabras y los antagonismos porque consigues efectos sonoros y semánticos muy interesantes. Vivimos en un individualismo tan salvaje que ni siquiera hemos sido capaces de sentir de forma unitaria algo que nos afecta a todos y que es transversal.

—Decías en una entrevista que «el ego es la epidemia». ¿Tú has conseguido desprenderte de él?

—En esa lucha estoy. Somos una generación de narcisos. Vivimos pegados y pendientes del reflejo que nos devuelven las pantallas, el black mirror. Y las artistas tenemos un extra añadido a esa lucha porque una siempre está tratando de expresarse a través de una disciplina que pretende o persigue la belleza. Y también porque dependemos de la aprobación externa. Y hay que ser muy fina para saber hasta dónde está actuando la autoestima en un plano sano y dónde se convierte en ego.

—Tu comenzaste tu carrera en Youtube.

—Sí. Pero cuando yo empecé a colgar material en Youtube las redes aún estaban rodeadas de cierto halo de inocencia. Al poco tiempo ya me vi atrapada en la vorágine y me vi superada. Hasta el punto de que tomé la decisión de cortar con eso. Me di cuenta de que esa necesidad de aprobación externa inmediata que yo tenía estaba afectando a la calidad de mi obra. Si una canción recibía los likes suficientes ya la daba por buena y no necesariamente porque yo estuviera segura de que lo fuera sino porque había recibido esa respuesta de la gente.

—¿Adviertes que tu evolución personal y la musical van en la misma dirección?

—Sí, creo que van proyectadas hacia el mismo camino. La relación que yo he tenido con la música ha sido bastante terapéutica. Y creo que mi evolución personal sí que se ve reflejada en la música que hago y en la forma en la que la hago. Cuando sea viejita y mire hacia atrás, no quiero sentirme ajena a nada de lo que haya hecho.

—«La caja negra» es del 2018, ¿hay planes ya para un disco nuevo de Carmen Boza?

—Sí, si hay planes. Pero como cada vez me vuelvo más quisquillosa y me quiero tomar más tiempo, el siguiente álbum quiero hacerlo con muchísimo mimo y me va a requerir un tiempo de maceración. Tengo grandes planes para la música nueva. Espero que el año que viene podamos publicarlo pero se está cocinando a fuego lento porque son temas que todavía me superan.

—Viene a actuar en Elas Son Artistas, un festival con un cartel íntegramente femenino. ¿Que papel cree que juegan este tipo de eventos?

—Durante mucho tiempo las mujeres hemos estado prácticamente invisibilizadas, hemos sido una nota a pie de página. Así que, de alguna manera, si hemos estado en un extremo en el que eso ha estado sucediendo, no está de más que se haga un poco de presión para que haya un extra de visibilización del talento y del discurso femenino. De ahí la importancia de festivales como este. Es muy interesante que corran nuevos vientos y que se refresque ese discurso que ha estado protagonizado de forma abrumadoramente mayoritaria por hombres. Además gracias a ese extra de visibilización para el talento femenino vemos que están apareciendo muchas más propuestas de mujeres muy jóvenes que, además, también encuentran referentes. Está claro que el objetivo final es la equidad, que la integración sea tal que no hagan falta este tipo de eventos, pero de momento aún estamos muy lejos de conseguirla.

—En Wikipedia pone que «La caja negra» llegó a ser el segundo más vendido en las Islas Salomon. ¿Sabes ya el porqué?

—(Se ríe) Eso quizá debería borrarlo. O igual no. Al final siempre me da un poco de juego. Pero sí, también yo me lo pregunto. Algún día tendré que probar e ir a las Islas Salomon, a ver si de pronto llego allí y, como en el documental Searching for Sugar Man, resulta que soy una sensación.