Raperos y estrellas de las batallas de gallos: así son los nuevos reyes de la calle en Galicia

La cantera del «freestyle» gallego, que ha creado la primera plataforma autonómica del rap improvisado, destaca en el hip-hop nacional


Entramos en el mundo de las batallas de gallos. Así es como se denomina a quienes se enfrentan rapeando a su oponente con la única arma de la improvisación. Los ocho gallos que forman parte de este reportaje son gallegos de entre 17 y 26 años. Anónimos y amantes del freestyle, esa disciplina autodidacta que requiere mucho más que rimar. Unos estudian y otros trabajan, pero todos compaginan sus vidas con el hip-hop. Lo hacen en los parques, en las pistas, en las plazas. En esos rincones de la calle donde los golpes toman forma de palabras.

Sus realidades distan mucho del cliché. Ni violentos, ni marginales, ni con problemas de adicción. En una batalla puede aparecer un crío de 13 años, un empleado de banca o un ingeniero. Todos son diferentes hasta que arranca la base y adquieren el papel de sus personajes. Las personas que se ocultan tras ellos están muy lejos del estigma. «Nosotros tenemos un amigo, Albert. Tiene 37 años y está ahí en la plaza con todo tipo de gente, todos visten de forma diferente… Tenemos los típicos prejuicios de ‘son ese tipo de chavales que están todo el día insultándose, drogándose… sin hacer nada más’. Y nada más lejos de la realidad. Albert es ingeniero, Nica está estudiando Matemáticas y yo soy periodista», dice Álvaro Pumares, coimpulsor de los Gallos del Norte. Él, junto a Nicandro Puime Bao, creó en octubre una gran plataforma que reúne a todas las organizaciones y freestylers del hip-hop gallego. «Es la primera web autonómica dedicada al rap, al freestyle y a las batallas. Funciona un poco de alianza gallega», indican.

La plataforma, pionera en España, forma parte del proceso de organización de La Cancha, la competición de Entresdosuno que enfrenta a los mejores gallos del país de la mano de 14 entidades españolas del rap. Se trata de aglutinar el talento que hay en la calle y darle visibilidad. Que todos esos chicos que se reunían en los parques para rapear y competir de forma underground antes del covid puedan hacerlo en un torneo sin límite de edad, gratuito y donde cualquier aficionado al rap y a las batallas de gallos pueda abrirse paso al mundo profesional. Los dos mejores gallos de cada una de las de las siete fases clasificatorias que se están celebrando por toda España pasarán directamente a la Gran Final Nacional presencial del 19 de junio, mientras que el tercer y el cuarto puesto irán a la repesca que tendrá lugar seis días antes.

LOS DOS CLASIFICADOS SON GALLEGOS

Galicia compitió este pasado domingo en la Cancha Norte, la fase que los enfrentó a Asturias y Cantabria. Ocho gallegos formaron parte de los 16 seleccionados de esta fase, de entre las más de cien pruebas presentadas. «Tenéis un nivel alto ahí», dicen los organizadores. Los datos lo corroboran. «En Galicia hay muchas ganas y mucha unión. De las 112 pruebas que llegaron para participar en la Cancha Norte entre las tres comunidades, 90 o 95 fueron gallegas. Hay mucha pasión y la gente cada vez empieza antes», señala Pumares. Los dos raperos que salieron victoriosos de la Cancha Norte e irán a esa final son gallegos: Le33, de Lugo, con el primer puesto (Greensoul hasta hace poco) y Alanbur, de Ourense, con el segundo.

Pero antes de seguir profundizando, hay que aclarar los conceptos clave. No se puede hablar de freestyle sin un diccionario básico. Bro, diminutivo de brother, es el primero. Gallo y MC (maestro de ceremonias)son los raperos que compiten en las batallas. La base es la música sobre la que rapean. El punch, el ataque, el golpe de remate. El flow es la fluidez, la musicalidad; y la réplica, la señal de la cruz que se hace con los brazos durante la votación, el gesto que indica que ambos gallos están igualados. Por último, el «tres, dos, uno» es la expresión con la que se le da la entrada al rapero.

Basta con hablar unos minutos con los gallos para descubrir que lo suyo con el rap es pura pasión. No se identifican como poetas de la calle, pero si uno repara en cómo se preparan, la métrica es clave. «Agora é frecuente que propoñan unha temática ou unha palabra. Son estímulos. Na primeira ronda poden nomear un tema, ou dicir de rimar cunha terminación. Outro formato tamén consiste en que che din palabras que tes que introducir cada cinco ou dez segundos nas túas rimas; e despois deixan que sexa estilo libre, só coa túa creatividade. Hai xente que é mellor cando a deixan libre, pero outra necesita estímulos, porque se non, non sabe que facer. Nesta competición buscan que sexas completo», explica Hombre-P.

El nombre real de este ourensano de 22 años es Jorge Piñeiro Rodríguez. «MC del barrio del Puente, en Ourense. Caracterizado por su ingenio y referencias, viene a darlo todo para poner Galicia en el mapa». Así es como se presenta para La Cancha. Asegura que el freestyle se puede aprender: «Algúns teñen máis facilidade, pero hai esquemas repetitivos que se poden facer cunha base para aprender a rimar rápido. Un truco é o efecto acordeón. Ti móveste como un acordeón ao ritmo da base, e así xa sabes onde tes que rimar. É crearlle rutinas ao cerebro adestrando e improvisando moito en casa e con amigos. Rimar, rimar e rimar», añade. Como buen improvisador, Jorge no lleva nada preparado. «Ti levas ese esquema onde logo pos as palabras. O verso, se ten 16 sílabas, vainas ter sempre. Pero se es Florentino Pérez, escollerei as palabras e direiche que son do Barça». El hecho de generarse esas estructuras mentales hace que cambiar de idioma sea muy complicado. «Eu falo galego e castelán indistintamente, pero rapeo en castelán. Facelo en galego cambiaríame todos os meus esquemas mentais e as rimas», explica Hombre-P, que define su estilo como onírico e intelectual: «Virme a min con títulos de libros é un suicidio, mentres que a outro, con iso, o noqueas».

Cada batalla sigue una estructura. Funcionan por rondas y con distintos formatos. Es posible que se desarrolle a minuto entero con seis patrones, pero también pueden pedirles que hagan un 4x4 de 120 segundos, por ejemplo. Todo está permitido. Alanbur, también de Ourense, es el segundo clasificado de la Cancha Norte. Comenzó a rapear con 13 años. Hoy tiene 24 y es un freestyler reconocido. Un vídeo que le pasó un amigo de una batalla de gallos en un evento de Red Bull fue la mecha que prendió su afán por ser uno de ellos. «Me impresionó tanto que empecé a intentar hacerlo yo, aunque no rimaba casi. Y poco a poco, con la práctica, vas almacenando palabras que riman en tu cabeza, cada vez más y más, y tu habilidad y agilidad mental crecen», señala. Tras unos años viviendo en Cataluña, donde no había torneos, volvió a su tierra a los 20 y se enteró «de que hacían batallas y que más gente rapeaba. Me volvió a picar el gusanillo y me puse a ello más motivado incluso», indica Alan Álvarez, que ya recorrió Galicia y España como gallo. En el currículo del primer clasificado, el lucense Le33, figuran torneos como Gold Battle, BDM, 420 BackYard Battle y la Red Bull BDLG en el 2016, 2017 y 2018. Hoy sigue enfocado en la música y crea su propio contenido.

En la fuente del parque de Santa Margarita de A Coruña, centro neurálgico de las batallas en la ciudad, encontramos a Jhuli. Este coruñés de 24 años fue otro de los ocho seleccionados para representar a Galicia frente a Asturias y Santander. Como el resto, lamenta que el covid les obligue a competir de forma online. La primera vez que se subió a un escenario fue a los 17 años en Bilbao. Perdió en la primera ronda, pero aquello marcó un antes y un después. Desde entonces, ha recorrido diferentes comunidades y el año pasado participó en el programa de TVE Réplica. YouTube fue donde descubrió el freestyle, y poco a poco fue entrando en grupos gallegos de WhatsApp que hacían ‘quedadas a bote’: «Poníamos un euro y pico, y el campeón y el segundo se llevaban el bote». Cuando empieza una batalla, Jhuli deja de ser Julián Vidal Gil. «Me lo tomo en serio, pero soy consciente de que estoy interpretando a un personaje. Hay gente que dice que no tiene filtros, pero yo sí los tengo. Si conozco al rival y sé que ha pasado una mala etapa por algo concreto, no se lo voy a decir. Yo hago esto para pasármelo bien», asegura el coruñés, que dice que no es tan difícil atacar rimando a alguien que no conoces de nada, «es peor que él te conozca a ti y tú a él no, que también me ha pasado».

Si le queda una asignatura pendiente al freestyle, sin duda es la del género. Los Gallos del Norte lo saben. «A la Cancha Norte fue Bloody, una chica de Santander. No voy a defender esto. La sociedad es machista, y todos los ámbitos lo reflejan. Ya el lenguaje lo es, porque ser gallo es guay y ser un gallina es ser un cobarde. Nosotros es algo que tenemos muy presente y contamos con Rabela, una rapera de Pontevedra muy rompedora con la que nos hemos planteado en un futuro forzar un poco la máquina con batallas mixtas. Que ya son abiertas, pero no vienen chicas», indica Pumares. Además, las dos caras visibles de los Gallos del Norte se han iniciado recientemente con las charlas en los colegios. «Lo hacemos para derribar ese estigma, para ir contra el fracaso escolar y la exclusión social. Muchos chavales con estos problemas se van al rap, y por eso, como nos gusta mucho el rap y tenemos unos estudios, queremos que lo vean», dice Nica. Hoy más que nunca, Galicia rima unida.

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