Enrique Urbizu, director: «Gané el Goya y no volví a rodar un largo en diez años»

Diez años después de hacerse con el cabezón por «No habrá paz para los malvados», Urbizu regresa sin pelos en la lengua y con el doble estreno de «Libertad»


«No estoy viendo series, es como si eres torero y al llegar a casa te pones corridas de toros», asegura Enrique Urbizu (Bilbao, 1962) antes de estallar en una carcajada. Su voz ronca envuelve cada una de sus sentencias, que dicta sin filtros de ningún tipo. «Lo que pasó con Alatriste se lo puedes preguntar más a la cadena que a mí», apunta el director, que ha estrenado su nuevo proyecto, un drama histórico de la España del siglo XIX, en las salas de cine y también como miniserie en Movistar+.

­-Lo presentan como un proyecto muy Urbizu. ¿Qué quiere decir eso?

-Sea lo que sea eso, ¡ja, ja! La hemos hecho con el mismo equipo, los guionistas y yo ya nos conocemos bien. Yo hago las cosas en base al material, al guion, al presupuesto... Toda esa suma de cosas te piden, ¿no? Tienes que ser fiel únicamente a tus personajes, a lo que les pasa, y al material del que dispones. Y más si ruedas en la naturaleza, que hay un nivel de intervención suya permanente del que yo no había disfrutado hasta ahora en las pelis que había rodado. La naturaleza nos cambiaba el guion todos los días. Eso forma parte del carácter de la serie. Pero no sé qué quiere decir eso de muy Urbizu.

­-¿Se rueda diferente pensando en un doble formato, película y serie?

-No, porque lo hemos rodado igual que Gigantes, y el lenguaje para mí es básicamente el mismo si haces este tipo de narrativa. Si haces otro tipo de producto televisivo, otros formatos u otros temas no puedes hacerlo igual, tienes que tener otro ritmo y otra planificación. En este caso que son como grandes relatos cerrados, de cinco capítulos y ya, no he cambiado la sintaxis ni la gramática del cine. En las mezclas de sonido, por ejemplo, sí tienes que tener muy en cuenta si lo vas a ver en casa o no. Hay diferencias técnicas que hay que contemplar, pero son muy sutiles.

­-Las series tienen cada vez un lenguaje más cinematográfico.

-Hombre, hoy hay de todo. Lo que me sorprende es que siempre ha habido series con una calidad cinematográfica notable y productos más ufanos, por así decirlo, o ligeros, para otro tipo de formato, de horario, y de temas. No se rueda igual una comedia que un drama gótico. Lo voluble y lo variable son la clave de estos tiempos. Tenemos mucho donde elegir. De hecho hay tanto donde elegir que se está acabando la posibilidad de elegir nada, ahí buscando con el mando todo lo que te da la gana.

­-Este estreno es una buena forma de celebrar el décimo aniversario del Goya, ¿no te parece?

-Sí, pues mira, no me había percatado. Hace muchos años ya.

­-¿Qué supuso ganar ese premio?

-Pues que no he vuelto a rodar un largo hasta ahora, por ejemplo, ¡ja, ja, ja!

­-¿Entonces es cierto el gafe?

-Bueno, no es gafe... Presentas proyectos, algunos gustan pero son muy arriesgados, otros dicen que si te has vuelto loco... Tú presentas ideas, algunas salen y otras no. Pero vamos, diez años sin rodar un largo.

­-Tú diez años sin rodar un largo y Bebe, tu protagonista, catorce sin actuar como actriz.

-¡Pues aquí estamos! ¡Ja, ja!

­-Volvió a reavivarse este año el debate de si la Academia infravalora a las películas taquilleras y a las comedias, que a veces quedan fuera de las candidaturas.

-No. Los Goya son escrupulosamente democráticos por votación. No competen a la justicia ni al mérito. La tendencia, el gusto de la gente, el número de personas que la hayan visto, la oportunidad de la película, tiene mucha importancia también. Normalmente la Qualité se olvida de las comedias, y yo creo que en España todavía conservamos la buena costumbre de premiarlas, aunque igual no tanto como se merecerían. Eso son dinámicas, modas... Ahora también hay una justa aparición de un porcentaje mayor de mujeres. Pero no hay que hacer mucho caso. Te dan un premio, lo agradeces, es de puta madre, y te vas a tu casa a otra cosa rápidamente.

Hay tanto donde elegir que se está acabando la posibilidad de elegir nada, ahí buscando con el mando todo lo que te da la gana

­-¿Te redimirá este estreno de la experiencia de «Alatriste»?

-Ufff, Alatriste ya está muy olvidado. Desde Alatriste ha habido escrituras de guiones, Gigantes primera y segunda temporada... Fue una oportunidad, pero a veces no salen bien las cosas, o uno no está en el sitio o en el proyecto adecuado. No tiene ningún interés, lo que pasó con la serie se lo podrías preguntar más a la cadena que a mí. Yo solo hice los capítulos 1 y 2.

­-¿Un actor o a una actriz para trabajar?

-¿Valen muertos y muertas o tienen que ser contemporáneos?

­-Quien tú quieras.

-Hombre, si es quien quiera... Me hubiera gustado conocer a Buster Keaton, la verdad, sí. Y hoy en día, Sean Penn tiene un pintón también.

­-¿Qué estás viendo ahora?

-No estoy enganchado a ninguna serie, estoy repasando cine antiguo, material también para clase. Pero más bien releyendo. Series ahora mismo no, no tengo la cabeza para series. Es como si eres torero y al llegar a casa te pones corridas de toros, ja, ja, ja.

­-Tú que eres profesor, ¿qué echas en falta de la docencia en España?

-La docencia misma. El audiovisual, que es lo que más consumen nuestros jóvenes, está dejado de la mano de dios. Y por otro lado tampoco sabemos ni quién es Berlanga, ni quién es Buñuel... O sea, ese tradicional estar de espaldas a la cultura que han tenido nuestros gobernantes desde siempre. En Francia llevan ya muchas décadas con el audiovisual en la escuela, con lo cual los chavales saben leer textos complejos, pueden ver una peli de Bernard... en fin. Y tienen un público mucho más respetuoso para con su patrimonio, eso es educación. Pero, si no les dan ni filosofía, qué coño les van a dar...

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