Daniel Bernabé, escritor: «Hay que ser muy materialistas para entender cómo salir de esta crisis»

En su último libro hace un análisis, accesible a cualquier lector, donde dice que la pandemia solo ha acelerado el fin de una era

El escritor Daniel Bernabé
El escritor Daniel Bernabé

Daniel Bernabé (Madrid, 1980) acaba de publicar Ya estábamos al final de algo, un manual «pesimista pero esperanzado» en el que expone que nada de lo que está pasando debería sorprendernos. El libro, que es muy pedagógico y sencillo de comprender, pretende adelantar una serie de líneas del futuro inmediato, de cómo vamos a poder salir de esta situación.

­—Es una radiografía de la crisis actual. ¿Qué ves en esa imagen?

—Lo que veo es que, sin duda, la pandemia nos ha dado la vuelta a nuestra vida, pero también veo que se está utilizando como coartada para evitar tener que hablar de los problemas que antes del 2020 tenía esta sociedad. Una serie de problemas que han agravado esta crisis y le están dando un carácter muy particular.

­—Dices que nada de lo que está pasando debería sorprendernos, que es «inesperado pero esperable».

—Solamente en este siglo la OMS había declarado cinco alertas de carácter internacional. En el 2009 la gripe A mató a 300.000 personas en el mundo. Es muy necesario saber qué se hizo en la última pandemia para entender qué ha pasado en esta. En ese momento, los Gobiernos actuaron con previsión, y fueron duramente criticados por haber pecado de alarmistas, por gastar más de lo debido, cuando estábamos entrando en la gran recesión. Eso tuvo un factor fundamental en esta, en la que a pesar de tener señales más que evidentes de que era un problema preocupante, muchos Gobiernos actuaron de forma lenta porque no querían ser señalados como los primeros que daban la voz de alarma. Y cuando lo quisimos ver, ya era tarde. A lo largo de la historia, las pandemias han tenido una influencia enorme en el desarrollo humano y en la sociedad. Y esta igual, porque va a servir como acelerante de las crisis en las que estábamos inmersos.

­—¿Estábamos al final de algo por todas esas crisis que ya estaban en marcha?

—Es indudable que teníamos una crisis económica irresuelta, una crisis especulativa, financiera, que empezó en el 2008 y que aunque en grandes cifras nos habían ido diciendo que se había resuelto, lo que había hecho era postergarse. Los problemas que nos llevaron a esa crisis están presentes todavía, solo que se manifiestan de otras formas. Una crisis ecológica que sigue presente, y puede, además, tener que ver con la extensión y la aparición de cada vez más enfermedades víricas. Una crisis cultural, identitaria, en la que se ha impuesto un modelo de comportamiento cada vez más competitivo desde lo individual, de forma que nos es difícil avanzar como sociedad. Y la más importante, una crisis de la democracia liberal, en la que se cuestiona la propia idea de democracia, porque el sistema político se ve cada vez más maniatado por la economía.

—Si no hubiera llegado la pandemia, ¿cuál de estas crisis hubiera sido clave?

—La última. El sistema político que se había levantado después de la II Guerra Mundial se empezó a desmontar con la restauración liberal de los 80. El problema de este desmontaje es que se ha ido dejando a la economía fuera del control democrático. Ahora mismo las grandes decisiones de los Gobiernos para mejorar la vida de las personas, no pueden llevarlas a cabo, porque no tienen capacidad para ello.

—¿Qué tendría que pasar ahora para cambiar aquello que no estaba funcionando?

—Habría que reivindicar que la economía no puede estar basada solamente en la especulación, tiene que dejar riqueza en el sitio donde se produce; hay que recuperar una visión de clase, no puede ser que la gran mayoría social trabajadora de este país permanezca ausente de las grandes decisiones que se toman y sea la que menos derechos tiene, y por último, hay que recuperar un Estado fuerte, unos servicios públicos fuertes, que sirvan para corregir las desigualdades que el sistema económico provoca. Esto, que comento en el libro, ya está sucediendo, solo hay que ver el ultimo plan de estímulos que ha presentado Joe Biden. Mientras en EE.UU. están apostando por estímulos directos a la economía y al trabajo, en Europa, parecía que íbamos a ir por esa línea, pero estamos viendo que cada vez se ponen más problemas a los fondos de recuperación. Hay que ser muy materialistas para entender cómo podemos salir de esta crisis y evitar la siguiente.

—¿Cuál será el impacto personal que nos deje todo lo que estamos viviendo?

—Yo estoy machacado, si hablas con la gente todo el mundo te dice lo mismo: que estamos muy cansados. Fundamentalmente por una sensación de incertidumbre elevada a la máxima potencia. La primera la vital, no saber si vamos a perder a seres queridos. Además, la situación económica, que la pandemia ha agravado, provoca que todo se haya quedado en standby. Es muy difícil ahora que alguien te diga que va a abrir un negocio, iniciar una familia o comprar una casa. Ahora, también digo de todo se puede aprender, y si estamos atentos, la vida enseña. Y nos está enseñando que sin comunidad, sin sociedad, esto hubiera sido la ley del más fuerte, un auténtico horror.

—Dices que si el rescate de la banca se hubiera hecho de otra manera, hubiera alterado las consecuencias de esta pandemia.

—Los recortes que se hacen en la anterior década nos dicen que se hacen porque el país tiene que bajar su deuda pública porque así bajará la prima de riesgo. Nos hacen unos recortes gravosos y fuertes en servicios públicos por unos intereses políticos, que son dejar a los países de la periferia europea más débiles y más expuestos a los intereses del centro. No podemos vivir sin amenazas, o con amenaza cero, pero sí podemos tener un nivel de prioridades razonables en cuanto a dónde gastarnos el dinero. Al final, nos hemos dado cuenta de que nos lo hemos gastado en cuestiones que solo han afectado a una minoría de la población, a la más rica, y sin embargo, aquellos servicios que necesitamos para que podamos funcionar los hemos dejado de lado. Imagínate que alguien hubiera propuesto en enero del 2020, que sabíamos que había una enfermedad en China que estaba matando gente y era contagiosa, comprar grandes cantidades de material sanitario, contratar más médicos... Se les hubiera acusado de alarmistas, de despilfarradores, pero en la primera semana de marzo, cuando ya lo teníamos encima, el Ayuntamiento de Madrid estaba hablando de construir una noria gigante para fomentar el turismo. Al final entre gastar el dinero y prestar atención a cosas que realmente lo tienen y a cosas absurdas, elegimos las absurdas, y no porque nos hayamos vuelto tontos, sino porque el sistema económico influye enormemente al político, que solo piensa en el beneficio directo, y no tiene en cuenta que ese beneficio se hunda por continencias que existen como una pandemia, pero podía haber habido un desastre natural. No se trata de vivir en una sociedad de riesgo cero, porque es imposible, pero sí estar preparado ante posibles eventualidades , y la única forma es teniendo un Estado fuerte como, por cierto, ha demostrado China. Nos puede parecer mejor o peor país, con un sistema económico más o menos aceptable, pero sus servicios públicos fuertes han conseguido manejar mejor la pandemia que los países occidentales.

—Señalas que después de la crisis del 2008 recuperamos los indicadores de antes, pero no el modo de vida. Esta vez no será diferente.

—Vengo a decir que los grandes indicadores de la anterior recesión pudieron mejorarse, pero es que ha habido barrios de clase trabajadora de todo el país que no han salido de la crisis en estos diez años. Gente que se ha quedado descolgada y justo cuando se estaba enganchando ha llegado esta otra crisis. El salir mejor o peor no es una cuestión matemática, sino que dependerá de todos nosotros. Si tenemos una actitud de espectadores antes lo que está ocurriendo, bien no vamos a salir, simple y llanamente porque se volverán o imponer los intereses de los grandes propietarios. Pero si la gente pasa de ser un mero espectador a un actor político, que reclame sus derechos, que opte por opciones que protejan los servicios públicos, creo que al menos tendríamos la oportunidad de revertir bastantes de los errores que cometimos en la anterior década.

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